LA VOZ DE LA MUJER
Denesy Palacios Jiménez
1.06.24
Gabriel Choque Miranda, en el artículo Situación actual del Perú en materia política, nos indica que la situación surge en marzo del 2018 al 2020, el entonces presidente de Perú, Pedro Pablo Kuczynski (PPK), renunció a su cargo. La clase política gobernante y los grupos de poder económico pensaron que colocando como sucesor a quien era vicepresidente Martin Vizcarra sorteaban la crisis y aseguraban la continuidad del régimen neoliberal. Pero los hechos han demostrado lo contrario, ya que el impacto de la pandemia, las fuerzas de mafias dentro del congreso, la mediocridad del presidente y su entorno abrieron una nueva temporada de crisis política., pese a que nuestro país no fue uno de los más afectados con la Pandemia del COVID 19, a nivel de LA.
Esta crisis llegó a un punto de inflexión en el año 2019 cuando el presidente Martin Vizcarra disolvió el congreso en setiembre, contando con el apoyo mayoritario de la población, hecho que al parecer no le perdona la mayoría del Congreso que son la continuación de aquel Congreso disuelto. Choque nos manifiesta que, a pesar de la gravedad del hecho, la constitucionalidad no se rompió puesto que el país y el gobierno exhibieron continuidad institucional, celebrándose elecciones para reemplazar a los congresistas depuestos. En este nuevo parlamento predominan pequeñas bancadas tales como PODEMOS Perú, Alianza Para el Progreso (APP), Acción Popular, Unión por el Perú (UPP). Quedando demostrado que este congreso es la continuidad del congreso disuelto del 2019, con los mismos intereses subalternos y delictivos que no dudan en ocupar la representación.
Luego de la vacancia de Vizcarra el entonces presidente del Congreso Manuel Merino asumió la presidencia el 10 de noviembre en medio de protestas multitudinarias y señalamientos de uso excesivo de la fuerza por la policía en respuesta a estas manifestaciones (Amnistía Internacional, 2020). Así mismo, Perú atravesó una de las crisis más agudas de su historia reciente ya que se presenciaron cacerolazos, marchas, protestas, muertes e incertidumbre, además de una cascada de denuncias en las redes sociales que se resolvió con la elección de un nuevo presidente.
Prosigue Choque Miranda y dice que Francisco Sagasti asumió la presidencia teniendo retos de índole institucional y sistémico. Por un lado, la salida institucional a la crisis política relacionada al progresivo desprestigio de la clase política peruana, debido a las crecientes revelaciones de corrupción que redujeron un potencial conflicto social con la disolución del congreso. Por otro lado, la debilidad y flexibilidad del sistema peruano permitió la aparición de un político independiente, con un liderazgo institucionalista en lugar de uno autoritario para ocupar el liderazgo del gobierno.
A diferencia a lo que ocurrió con Manuel Merino, los países vecinos tales como Uruguay, Ecuador, Colombia, Chile y varios organismos internacionales como la Unión Europea (UE), la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Organización de Naciones Unidas (ONU) se pronunciaron rápidamente para reconocerlo como nuevo mandatario y le ofrecieron todo su apoyo para lograr una “sociedad libre, inclusiva y democrática” (El Comercio, 2020).
Sagasti debe promover el objetivo nacional 3 del Plan del Bicentenario que implica lograr que el estado se oriente al servicio de los ciudadanos y promoción del desarrollo, y que el ejercicio de la función pública sea eficiente, democrático, transparente, descentralizado y participativo, en el marco de una ciudadanía ejercida a plenitud por las personas. Es decir, el Bicentenario nos encuentra en esta situación, donde las regiones imponen al candidato Pedro Castillo, quien salió elegido presidente; y bueno conocemos el desenlace de este gobierno, no lo dejaron gobernar ni le permitieron salir al extranjero como lo hacen los congresistas con cualquier pretexto.
Hoy vemos que el conservadurismo se apoya cada vez más en esa izquierda ortodoxa y dañina (destructora), y para nada se tocan los problemas del Perú, sino que hay un contubernio para que prime la impunidad tanto de la presidenta como de un buen número de congresistas que se encuentran con denuncias de toda índole, bueno y para ello habían tomado el Ministerio Público con magistrados a la medida, que les permita seguir operando, y por otro lado, no quieren que las regiones sean las que decidan democráticamente y se les está diciendo basta; sin embargo hay un gran sector de la población que clama ser escuchado.
Los peruanos no solo quieren moderación sino también el cambio; cosa que los medios no lo propalan. Hildebrandt en sus trece alega que tenemos un parlamentarismo lumpen, frente a un parlamentarismo insurgente. La derecha peruana siempre apostó por el hombre fuerte y ahora postula a un parlamentarismo fuerte. El congreso gobierna frente a una presidenta que no gobierna, frente al fracaso de Keyko.
Es la cuarta intentona de la Sra. K y todo se perfila hacia esto. Hoy día se ve que el Congreso aspira a la permanencia y para eso están tejiendo las dos cámaras y por otra parte la reelección de este parlamento. Hay un sector conservador plutocrático que no cree en el cambio; surge la idea del acuerdo nacional para surtir cambios tenemos a una población desempleada, una pobreza creciente de un 30%, la pobreza extrema en un 6% una desnutrición crónica con anemia infantil de 0 a 36 meses de un 43%, Pese a ser el país de la mejor gastronomía del mundo.
Finalmente diremos que estamos frente a una explosión que va tomando cuerpo en todo el territorio nacional, como lo asevera Juan de la Puente.




