A las 12:02 p.m. del jueves, hora del este, se presenció una erupción solar de clase X, la más potente en el ciclo solar de 11 años, y la más intensa desde septiembre de 2017. Estas llamaradas solares, originadas en las manchas solares, son ráfagas de radiación intensa. Este fenómeno causó un apagón de radio de onda corta en América Central y del Sur, descrito por la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica como uno de los eventos de radio solar más grandes jamás registrados.
Este evento fue seguido por una llamarada de clase M el viernes, indicando una actividad solar elevada. Las partículas de alta energía emitidas por la llamarada del jueves llegaron a la Tierra en apenas ocho minutos, viajando a la velocidad de la luz. El Servicio Meteorológico Nacional de EE. UU. informó sobre interferencias y degradación en la calidad de la señal de comunicaciones.
Los ojos del mundo científico ahora se dirigen al espacio, anticipando el impacto de la “eyección de masa coronal” asociada a la llamarada, que podría golpear la Tierra el sábado y el domingo. Esta materia solar tarda un par de días en alcanzar nuestro planeta, pero al llegar, puede causar tormentas geomagnéticas y dar lugar a la espectacular aurora boreal.
La predicción de la aurora es compleja y depende de la observación de posibles eyecciones de masa coronal desde satélites especializados. Tras su detección, los científicos solo cuentan con una hora de aviso antes de que la CME alcance la Tierra.




