Epílogo a una década (2010 – 2019)

Por Andrei Domínguez

Hemos iniciado el año 2020 y, como todo inicio, es el final del año 2019 y, principalmente, de la década 10 de este siglo. Ha culminado también el periodo presupuestal 2019 en el sector público y con ello se puede observar los primeros resultados en materia de avance en el gasto de las instituciones públicas regionales y locales.

¿Qué es el avance presupuestal? Cada año el Gobierno central, con aprobación del Congreso asigna el presupuesto a cada una de las regiones y municipalidades, presupuesto que las entidades públicas van gastando progresivamente en diversos bienes y servicios requeridos por la población como salud, educación, infraestructura, entre otros. El nivel de gasto al final del periodo respecto al presupuesto institucional modificado (PIM) constituye el nivel de avance, siendo 100 % la cifra más alta posible.

Durante esta década, y bajo el liderazgo del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF) se fue afianzando un método de evaluación de la eficiencia pública que mide el éxito o fracaso de una gestión por el nivel de avance presupuestal, siendo valores superiores al 95 %, señal de “éxito” en la gestión.

¿Cómo le fue a nuestra región en esta década? Pues en materia presupuestal y nivel de avance en el gasto, bastante bien. A inicios de la década (2010) el presupuesto del Gobierno Regional Huánuco (Gorehco) era de aproximadamente S/ 605 millones, en 2019 ascendió a más de S/ 1406 millones, lo que implica un incremento de más de 130 %[1], siendo parte de este aumento la progresiva transferencia de facultades en el proceso de descentralización.

En materia de ejecución presupuestal, las cifras han sido variables, en la presente década se ha tenido un avance de ejecución presupuestal de 89.2 %, con valor pico de 96.4 % (2014) y valor mínimo de 75.9 % (2010), siendo el año 2019 el tercer mejor valor de nivel de ejecución presupuestal de la década (94.1 %), detrás del valor del 95 % del año 2016.

Sin embargo, queda una duda. ¿Cuánto hemos efectivamente avanzado en materia de desarrollo y calidad de vida en esta década?

Para dar respuesta a esta pregunta nos apoyamos en el Índice de Competitividad Regional (Incore) elaborado anualmente por el Instituto Peruano de Economía (IPE), a partir de la información actualizada a septiembre de 2019 y recabada en su base de datos [2]. El Incore es un indicador construido sobre la ponderación de seis pilares evaluados: calidad institucional, infraestructura, entorno económico, salud, educación y condiciones laborales. Entre los elementos más resaltantes señalamos los siguientes:

El Incore de la región ha pasado de 2.85 (2010) a 3.09 (2019), siendo el mejor desempeño obtenido el año 2015 (3.67), valor que ha ido en progresivo deterioro en los últimos años.

En cuanto al análisis comparativo entre regiones, hemos preservado la posición 23 de 25 regiones, apenas por encima de regiones como Cajamarca y Huancavelica y, eventualmente, y rotando posiciones, con regiones como Amazonas, Loreto y Puno, siendo el mejor resultado el puesto 17 obtenido en 2014.

En Educación, se pasó del puesto 25 (2010) al puesto 24 (2019), indicador que contempla variables como el analfabetismo, matrícula escolar, calidad educativa y acceso a internet en las escuelas.

Respecto al entorno económico, que contempla variables como el PBI regional, gasto por hogar, el presupuesto público per cápita y el acceso al crédito, se preservó el puesto 24 durante estos 10 años, con una ligera mejora los años 2014 y 2016.

En materia de infraestructura, se pasó del puesto 19 al puesto 23. Ello no implica un deterioro en la calidad de la infraestructura, sino que otras regiones avanzaron en forma más eficiente en esta materia.

Las condiciones laborales parecen no haber tenido mejoras sustanciales por gestiones locales, sino que se preserva la posición 23 durante la década. Este indicador contempla elementos como la tasa de ocupación, el nivel de educación de la población económicamente activa y el nivel de participación femenina en el mercado laboral.

Es en materia de salud, o sanidad pública, donde se ha observado mejoras importantes, habiéndose pasado del puesto 19 al puesto 14 en aspectos como mortandad infantil, esperanza de vida, desnutrición crónica, entre otros. Esta mejor posición no debe entenderse como una mejora sustantiva en la atención ambulatoria brindada sino en un incremento de la cobertura producto de la expansión de la infraestructura hospitalaria regional.

Por último, en materia de calidad institucional, se observa un gradual deterioro del indicador que a lo largo de la década pasó del puesto 7 al puesto 16 en aspectos vinculados a lucha contra la corrupción, conflictividad social, criminalidad, seguridad y eficiencia judicial.

Por tanto, la respuesta a esta pregunta sería: muy poco. El proceso de incremento sustancial del presupuesto regional, que supera el 130 % de incremento en la década, y las mejoras en nivel de ejecución presupuestal han sido insuficientes para mejorar el nivel de competitividad regional y los indicadores sociales detrás de este valor. Lo más preocupante es la tendencia al deterioro de este indicador, de 3.67 (2015) a 3.09 (septiembre del 2019).