ENTREVISTA EN DIEZ ENTREGAS: JORGE BREN

Por: John Cuellar

Sé que hubo, a lo largo de la historia, algunos casos aislados de personas que, por decirlo así, tuvieron la brillante idea de entrevistarse o de dialogar a manera de soliloquio. ¿Las razones? Por egocentrismo, por publicidad, por autobombo, por imitación, por dilucidación filosófica, por dinero… Un ejemplo que podría dar luces sobre este asunto es el libro Charlas con mi hemisferio derecho de Hernan Casciari. Libro que no recomiendo a las mentes cerradas, puristas y santoinquisitoriales, pues abunda en palabrotas malsonantes.
Pero dejemos de lado esto y vayamos a la entrevista, que al puro estilo de los antecesores lo realizará el presente articulista a su álter ego, el escribidor Jorge Breen. Esto será cada sábado, hasta llegar a las diez entrevistas. Luego seguiremos con algunas personalidades del medio, claro, si Dios lo permite y si los invitados acceden a que se les despoje un poco de su vida y de su tiempo.
John Cuéllar. ¿Por qué decidió aceptar esta entrevista ahora y no antes?
Jorge Breen. Creo que por publicidad. Hace mucho que no publico nada serio y siento que estoy cayendo en un olvido sin fondo. Además, me he alejado tanto de los amigos escritores que ya no recuerdo un café honesto con alguno de ellos.
John Cuéllar. ¿Y por qué no publica algo “serio”?
Jorge Breen. (Sonríe) ¿Quieres que sea honesto contigo?
John Cuéllar. Creo que esa es, o al menos debería ser, la naturaleza de una entrevista.
Jorge Breen. No publico porque no tengo la suficiente voluntad y la economía necesaria. No porque esté a la espera de algún patrocinador o un mecenas. No, nunca espero eso. Siempre he publicado con el dinero de mi bolsillo. Pues, a fin de cuentas soy un simple escribidor, no una afamada luminaria.
John Cuéllar. Usted dice que se alejó de sus amigos escritores…
Jorge Breen. Me alejé: primero por urgencia, luego por necesidad y último por comodidad. Urgencia, pues la bebida me enfrascaba en un círculo enfermizo de la trasnochada, las discusiones y las trasbocadas. Necesidad, porque tenía sed de estar solo, de enfrascarme en mi mundo, de pincelar versos y creaturas que alguna vez publicaría. Comodidad, pues ya tenía familia y si la ponemos en una balanza, al lado opuesto de los amigos, es indudable su primacía.
John Cuéllar. Está diciendo que los amigos no son tan importantes como la familia…
Jorge Breen. La amistad es relativa, a veces voluble, otras desatinada, y en algunos casos convenida o hipócrita. Salvo honrosas excepciones.
John Cuéllar. ¿No cree que evita decir que no tiene amigos?
Jorge Breen. Los tengo, pero en su mayoría con esas características, que a veces también se aplican a mí.
John Cuéllar. ¿Podría citarnos alguna anécdota como para entender su postura sobre los amigos?
Jorge Breen. Tenía tantas, que las olvidé… Pero hay unas poquísimas que no puedo relegar aunque quisiera. Como la vez que recurrí a una persona que dijo ser mi amiga, y él –que entonces ocupaba un lugar privilegiado– me dio la espalda. No le pedí un favor ilegal, inmoral, sucio… Solo insistí en que cumpla sus buenos oficios para solucionarme el problema, cosa que lamentablemente me negó con una actitud majadera.
John Cuéllar. Imagino que aún se encuentran y se saludan…
Jorge Breen. Raras ocasiones, cuando menos lo espero. Él me saluda con hipocresía y yo le sigo la corriente.
John Cuéllar. Pero, no solo se ha alejado de los amigos, sino también de los eventos culturales.
Jorge Breen. Ahí influyó mucho el hecho que los escritores no recibían el apoyo del entonces Instituto Nacional de Cultura. Apenas se garantizaba el local y el equipo de sonido. El resto iba por cuenta del mismo escritor, si decidía hacerlo medianamente bien: champán o vino, gaseosa, bocadito, presentador y hasta la misma invitación. Pues esta no era como la de ahora, era un simple cartón impreso que al parecer nunca llegaba a su destino, quizá porque era impreso a última hora o porque se contaba con un mal emisario. Digo esto último porque el jueves, después de tanta espera, recibí una invitación para la presentación de la revista Wayraviento (Vientoviento), al cual lamentablemente no fui.
John Cuéllar. Hablando de revistas, usted codirigía una publicación literaria con Gregorio Páucar y Héctor Alcedo…
Jorge Breen. Sí, Parnaso.
John Cuéllar. Y, ¿qué pasó?, ¿por qué su fugaz existencia?
Jorge Breen. (Sonríe) Es muy probable que hoy estaríamos hablando del año 14 de la revista. Pero no es así. ¿Las causas?, solo Gregorio y Héctor lo sabíamos hasta ahora. En realidad quien dio el tiro de gracia fue un escritor que contradictoriamente cree y defiende lo nuestro, lo ancestral. Él, cuando salió el número cuatro de la revista, hizo una nota innoble donde insinuaba –pese a habérsele mostrado los recibos de los envíos por Serpost– que muy probable los autores de las colaboraciones extranjeras ni siquiera conocían la revista. Eso me fulminó. Más aún porque la revista había nacido para rescatar a ese tipo de escritor que ya estaba en declive (como el amigo este, que por cierto se jactaba de tener en su casa todos los ejemplares de sus libros publicados), promocionar a otros vigentes (como Andrés Cloud, Mario Malpartida y Samuel Cardich) y encaminar a otros que recién empezábamos (John Cuéllar, Gregorio Páucar, Ronnie Grados, Juan Carlos Inocente…). Entonces, dolido por el mal comentario abandoné el grupo y prometí nunca más embarcarme en un proyecto semejante. Y como yo corregía y definía el contenido de la revista, esta dejó de circular.
John Cuéllar. Dice que prometió nunca participar en un proyecto de trabajo grupal. Pero sus textos aparecen en LIBRESCRITURA.
Jorge Breen. Solo colaboro cuando mis buenos amigos deciden darme un espacio, una oportunidad. No tengo voto en dicho proyecto, no manejo el timón. Además no me necesita, pues está en excelentes manos.
John Cuéllar. ¿También colabora los sábados, con el diario Ahora?
Jorge Breen. Sí. La verdad es que el diario me abrió las puertas generosamente, gracias a la intervención de un gran amigo como es el maestro Andrés Cloud. Colaboro y leo el diario, casi todos los días. En realidad leo el diario Ahora y Perú21. De los dos, uno dejo de leerlo el día en que aparece un articulista cuyo discurso considero insustancial, incoherente, carente, seudofilosófico, repetitivo, monótono, involutivo… En síntesis: asfixiante.
John Cuéllar. ¿Podría decirnos de quién se trata o a qué diario se refiere?
Jorge Breen. (Sonríe) No tiene caso ahondar. Es solo un parecer personal.
John Cuéllar. Bueno, antes de despedirnos hasta la otra entrevista, ¿podría enviar un mensaje a todas las madres por su día?
Jorge Breen. Con las disculpas del caso, el mensaje sería a los hijos, uno especial que viene circulando por las redes y cuya autoría se atribuye al comediante Melcochita: “Seguro que el domingo vas a poner Feliz día mamá, en Facebook… Si tu mamá ni tiene Facebook… Anda, abrázala, imbécil”.
[Continuará]