ENTREVISTA EN DIEZ ENTREGAS

Por: John Cuéllar

Siguiendo el curso de la entrevista, hoy hablaremos del inicio literario de Jorge Breen y de si realmente tuvo inclinación por la literatura y, por ende, vocación para escribir, como suele suceder.
Entonces, a seguir el itinerario.

John Cuéllar. ¿Cómo así que se decidió por escribir?
Jorge Breen. ¿Sabes?, siempre me gustaron las historias, como a todo el mundo. La diferencia fue que yo tuve como cuentacuentos a mi hermano Manuel. Un mitómano que nos relataba sus historias extraordinarias y fantásticas, en primera persona y con ambientes reales. Lo narraba con de tal manera que terminábamos creyéndole absolutamente todo. Mi madre también era una colección andante de historias míticas, sobre todo andinas y referidas a aparecidos, ánimas, resucitados, superhumanos y la famosísima achkay.
John Cuéllar. ¿Quiere decir que desde pequeño ya tenía direccionado su camino hacia la literatura?
Jorge Breen. Honestamente, no. Creo que lo más preocupante en ese entonces era el liberarme de la autoridad paterna: de los gritos y amenazas, de los castigos, de los exabruptos repentinos…
John Cuéllar. Pero, ¿cuándo sintió el llamado de la literatura?
Jorge Breen. La cosa se dio no sé si por el destino o por mera casualidad. Recuerdo que al terminar la secundaria, como todo muchacho, no sabía qué hacer con mi vida. Me acuerdo bien, que mi padre me dio un billete de cien soles, diciéndome: “Ya te hice estudiar, ahora ve lo que haces con tu vida”. Cogí el dinero y le comuniqué mi deseo de comprar un pantalón vaquero y un polo. Mi padre, no aguantó el futuro del billete y me llevó a recorrer algunos lugares, para ver si me animaba por una carrera corta o larga. Al final opté por la universidad, y para ello tenía que estudiar en el centro preuniversitario de la Unheval, pues los cinco años de secundaria no me servían para nada.
John Cuéllar. Ahí optó por la carrera de lengua y literatura…
Jorge Breen. No. Me inscribí en la carrera de historia y geografía e ingresé. Ni por acá me cruzó la idea de elegir lengua y literatura.
John Cuéllar. ¿Y cómo así que termina estudiando la carrera en la cual se desempeña?
Jorge Breen. Eso se dio a mediados de 1996. Conocí al catedrático Teófilo Fernández Santa Cruz, con quien, en el futuro, entablaría una gran amistad. Él nos enseñaba español de un modo distinto a las aburridas, infructuosas e inservibles clases del colegio. Para entonces, mis notas en matemática y español eran superiores a las de los demás cursos, incluido geografía. Por ahí, un catedrático sugirió que debía pasarme a la especialidad de matemática y física, pero lo que me dijo el entonces catedrático Humberto Montenegro Muguerza, terminó determinando mi futuro: “El lenguaje es, en principio, la madre de todas las ciencias. Ninguna ciencia pudo haberse gestado si no hubiese existido previamente el lenguaje”.
John Cuéllar. Y decide cambiarse de especialidad…
Jorge Breen. Sí. En 1997 paso a pertenecer a la especialidad de lengua y literatura. Sin embargo, todavía no tenía ese gusto por las obras literarias. Quizá porque los dos primeros años se llevaban más cursos generales (“de relleno”) que de especialidad.
John Cuéllar. Y en el tercer año…
Jorge Breen. Hablemos del segundo año. Si mal no recuerdo, ahí conocí por primera vez a Mario Malpartida Besada. Pues llegó a dirigir el curso de literatura. Mario era un maestro, así como Teófilo. Te hacía vivir la literatura, te seducía con ese vasto conocimiento. Cada clase era una historia distinta. Mario era un abanico de narraciones más que un tedioso biobibliógrafo. Y poco a poco empezó a generar en mí cierta curiosidad.
John Cuéllar. Y en el tercer año, imagino que estaba como pez en el agua.
Jorge Breen. No tanto, salvo algunas situaciones. Conocí al poeta Andrés Jara Maylle, quien nos ofreció su poemario publicado pocos años atrás. De Andrés Jara me fascinaban sus lecturas poéticas. Pues, sabía qué autores y qué poemas leernos, seguramente con el fin de despertar en nosotros el amor a la literatura. Pero más primó mi apego hacia la lingüística y la gramática, quizá porque fueron los profesores del departamento de lingüística quienes me recibieron con mucha calidez y sinceridad, además de facilitarme libros interesantes y actualizados.
John Cuéllar. ¿Cuándo siente que su camino es la poesía y la ficción?
Jorge Breen. Fue en 1998 o 1999, que el profesor Juan Giles Robles, luego de dirigir algunos temas de retórica y figuras literarias, nos dio el trabajo de componer un poema. Como había leído y escuchado algunos poemas sueltos, se me ocurrió coger unos versos de la poetisa universal Amarilis y transformarlo en un poema diferente. Algo que gustó mucho, aunque nunca supe si el maestro se había percatado de eso. Desde ahí se me dio por leer más y más poemas en la biblioteca. Y ello conllevó que me gustase escribir más y más versos.
John Cuéllar. ¿Y la narrativa?
Jorge Breen. El 2000 llevamos el curso de semántica y comunicación, y coincidentemente, el catedrático Juan Giles Robles nos dio algunas pautas sobre la narrativa: estructura, tiempo, narrador, diálogo, etc. Luego nos tomó prácticas grupales de creación de relatos. Y como para cerrar con broche de oro, nos dejó un trabajo de creación de cuentos. Para entonces ya estaba en el mundo imaginario, leyendo a Allan Poe, Kafka, Borges, Julio Cortázar, Gabriel García Márquez, Juan Rulfo… Ese solo trabajo me impulsó a poner en práctica mi capacidad creativa. Recuerdo que alguien me pidió que le componga un cuento a una compañera suya que no era fluida con las historias, yo accedí. Y créeme que demoré ocho días en armar la historia encargada. Y una noche antes de la fecha en que se vencía la entrega de las narraciones, caí en cuenta que aún no tenía nada para mí y muy probablemente obtendría un cero en el curso. Así que me encerré en mi cuarto, apagué las luces y con mi pequeña lámpara empecé a imaginar e imaginar, mientras iba ensamblando mi cuento, el cual terminé en la madrugada. Al final, y para sorpresa mía, obtuve un puntaje mucho mayor que la otra persona para quien había escrito una narración.
John Cuéllar. Y ahí confirmó su camino literario…
Jorge Breen. Sí, porque el 2000 ocupo el segundo puesto en los juegos florales valdizanos, en poesía. Y el 2001 me hago acreedor del Premio de cuento “Ciudad de Huánuco”, de la hoy Editorial Amarilis Indiana.
John Cuéllar. De todo lo dicho, entiendo que más fue su automotivación que el contagio docente el que lo llevó a la literatura.
Jorge Breen. En cierta medida sí. Quizá porque los alumnos no estábamos obligados a leer más de un libro por curso. E inclusive algunas tareas tradicionales, eran buen motivo para bajar de internet algunos trabajos y exponerlos “magistralmente”.
[Continuará]