Entre huanuqueños debemos darnos la mano

Hay frases que parecen simples, pero contienen una fuerza que trasciende lo cotidiano. Una de ellas salió de la voz serena y honesta de don Félix Aponte, fundador de los reconocidos Panetones Félix, un emprendedor huanuqueño que levantó su empresa desde cero, con trabajo, fe y perseverancia. Durante una conversación reciente, pronunció una idea que debería ser lema y compromiso colectivo: “Entre huanuqueños debemos darnos la mano.”


Esa frase, tan breve como poderosa, no es solo un llamado a la solidaridad. Es una invitación a recordar lo que verdaderamente nos une como pueblo: el respeto mutuo, la gratitud y el valor de ayudarnos unos a otros sin esperar retribuciones materiales. En un tiempo en que la desconfianza parece instalarse en nuestras calles y la indiferencia amenaza con volverse costumbre, esas palabras nos recuerdan que la riqueza de una región está en su gente, no en sus monumentos ni en sus presupuestos.


En nuestra labor como medio de comunicación, el Diario Ahora mantiene un contacto constante con ciudadanos que buscan apoyo, orientación o simplemente un espacio para ser escuchados. Muchos lo hacen con nobleza y reconocimiento, pero también hay quienes olvidan que la colaboración —sea periodística, comunitaria o humana— se sostiene en el principio del agradecimiento.


No hablamos de dinero. Hablamos del gesto simple, de la palabra sincera que devuelve confianza y refuerza lazos. La gratitud es, en esencia, una forma de justicia emocional. Cuando se extingue, la convivencia se enfría, la ayuda se percibe como carga y la cooperación pierde sentido. Nuestra sociedad no necesita más reclamos ni discursos, sino más reconocimiento, más empatía y más comprensión entre quienes convivimos bajo un mismo cielo y compartimos los mismos desafíos.


Ningún logro personal es una isla en medio del océano. Toda historia de esfuerzo está sostenida, de una u otra forma, por una red de manos amigas, oportunidades compartidas y confianza mutua. El éxito de uno también lleva el eco del consejo oportuno, del cliente fiel, del compañero que creyó, del vecino que recomendó, del amigo que alentó. En esa trama invisible de apoyos, gestos y afectos se teje la verdadera riqueza de una comunidad.


Reconocer la influencia del otro no resta mérito: lo engrandece. Nos recuerda que toda victoria individual tiene raíces colectivas, y que solo devolviendo a los demás parte de lo recibido, ese éxito adquiere sentido. Así como la historia de don Félix está marcada por su esfuerzo, también lo está por la solidaridad que encontró en el camino. Esa conciencia de reciprocidad es la que fortalece a los pueblos y da sentido al progreso.


“Entre huanuqueños debemos darnos la mano” no es solo una frase, es una actitud. Es tender un puente entre el emprendedor y el consumidor, entre el funcionario y el ciudadano, entre el maestro y su alumno, entre el periodista y su lector. Es comprender que nadie prospera en soledad, y que toda contribución —por pequeña que parezca— tiene un impacto cuando se hace con respeto y buena fe.