Escritor, poeta y cronista huanuqueño. En toda su trayectoria han sido los libros su mayor pasión. Arguedas, Rulfo, García Márquez, Saramago, Vargas Llosa (a quien lee con deleite), Walt Whitman, Cesare Pavese, César Vallejo y Samuel Cárdich.
Hemos visitado a unos de los buenos poetas, y en este hermoso templo al que tanto rinde pleitesía, aquí donde celosamente guarda una buena y variada la colección de obras literarias. Aquí empezamos esta agradable entrevista.
¿Cuándo empieza esta travesía?
Es en mi juventud que incursionó en la Literatura y aquí me tienen, con siete libros a cuestas, dedicándome a la docencia universitaria y haciendo también empresa a nivel gastronómico.
Hablemos de ciudad desnuda
Ya tiene dos tomos, mi proyecto es que llegue a los cinco. Se caracteriza por tocar temas estrictamente huanuqueños. Ese va ser el libro que voy a dejar a esta ciudad cuando me llegue la hora nona, pero al margen de eso mi trabajo más intenso es la poesía.
Se dice que: “Si Esteban Pavletich le hace una Autopsia a Huánuco, usted la desnuda”.
Sí, esa es la intención, es un libro crítico, confrontacional, que dice las cosas desnudamente, sobre todo tratando de curarnos de ese cáncer que nos corroe desde hace mucho tiempo y que perjudica el desarrollo de nuestra región, se llama corrupción. Si nosotros no hacemos algo por combatir la corrupción realmente como sociedad no tenemos futuro.
¿Qué es lo bueno de ser escritor?
Ser escritor es como ser docente, ingeniero, o carpintero. Por lo demás, como decía García Márquez, “escribo para que mis amigos me quieran más”. Escribimos, no buscando un reconocimiento, si no sabiendo que los lectores muchos o pocos nos leen.
¿Qué hacemos con los jóvenes que publican un libro y se creen los escritores del siglo?
Es bueno que los jóvenes escriban. Pero deben de leer mucho, no se puede ser un buen escritor, poeta o narrador, si no se lee. Y que no se desesperen por publicar, que dejen que su texto fermente como el buen vino. Cuando uno es joven a veces siente que le abruma el ego, quiere publicar para que le digan ahí está el escritor o el poeta y quieren vender, creen que vendiendo se van a convertir en un escritor exitoso. Cuando hay que ponerle primero, calidad y esfuerzo; la simple inspiración es una cosa etérea, inasible. Un trabajo puede salir rápido. Pero no es publicable, se corrige tanto que la materia prima termina modificándose.
Si sucediera esto en tiempos de Vallejo, ¿quizás no sería lo que es ahora?
Claro, si él publicaba cada poema que escribía hubiera tenido más libros. Pero su mejor tiempo lo ha pasado corrigiéndolos, buscando la perfección que es larga, la Literatura es un arte, por lo tanto, tiene que acercarse a la perfección que es difícil.
La docencia ha sido para él una de las cosas más gratas que le ha pasado, pero lo que más le agrada es encontrar a sus exalumnos ejerciendo la docencia. Eso lo conmueve y le da la satisfacción de haber cumplido y estar cumpliendo bien su tarea.
En la universidad no se lee, ni siquiera diarios.
Yo soy un crítico tremendo de ello. No concibo la docencia, menos la docencia universitaria en alguien que no lee un periódico al día, para mí es clamoroso, conozco colegas que no leen y si alguna vez leen son diarios chicha. Tengo vergüenza ajena y simplemente callo.
El poeta presentó su más reciente libro en julio pasado en la Feria Internacional del Libro. “Entre el mar y la montaña”, una obra que ha sido bien acogida por sus lectores.
Para culminar nos comenta que aún tiene muchas cosas pendientes por hacer
“Creo que los seres humanos siempre debemos trazarnos metas y objetivos, mientras tengamos algo que hacer, nunca seremos viejos esa es la mejor forma de mantenerse vigente, vital y joven”, dice.
Y entonces debíamos de hacer una última pregunta: ¿Cómo puede el poeta, con tan pocas palabras remecer lo más recóndito del alma?




