ENTRE EL DERROCHE Y LA VIOLENCIA

ENTRE EL DERROCHE Y LA VIOLENCIA
LA VOZ DE LA MUJER

Denesy Palacios Jiménez

Es increíble ver la pusilanimidad de nuestros congresistas y políticos para encarar el problema de crisis social, económica, política y judicial que vivimos en suelo peruano. Digo esto, no solo por la indiferencia para tratar el problema de protestas y demandas de parte de un gran sector de la población, sino que ellos, pese a que la protesta no significa ningún delito y está contemplado en la Constitución, están muy preocupados en mantener el Statu Quo a través de la mano dura para sofocar todo tipo de movilización y protesta. Para ellos, es importante mantener el orden de derecho, y esto significa poco si ello significa derramamiento de sangre o victimizar a quienes osan levantarse. ¿Dónde estamos? ¿Por qué permitimos todo este tipo de atropellos a nuestros hermanos, que lejos de imponer el orden, abren más heridas de las que ya tenemos?

Es escalofriante escuchar de boca de ellos mismos que están de viaje, muy preocupados por gastar los 48 viajes que se les permite con todo pago extra que esto genera, es decir, para cumplir con su función, se les debe pagar además de su sueldo, y es por eso que con todo desparpajo escuchamos que eso está considerado. Claro, si ellos mismos se dan esas normas de privilegio, así como los jugosos aguinaldos, escolaridades exorbitantes, gastos de representación y todo esto debemos asumirlo los peruanos, hombres y mujeres que trabajamos con ahínco y nos ponemos la camiseta del Perú, porque para nosotros no hay esas gollerías, sino la coerción. Para eso se han creado tantas instituciones como Indecopi, Contraloría, SUNAT, Defensoría del Pueblo, Defensoría del Consumidor, etc., que poco o nada hacen para frenar este derroche.

Luego algunos medios nos informan de cómo una ONG vendía los alimentos distribuidos gratuitamente por INDECI a las organizaciones sociales de Base, como el caso de la Olla Común, sabiendo que son de distribución gratuita. Mientras nuestros parlamentarios tienen para derrochar el dinero del Estado, un gran sector de la población que no tiene trabajo no tiene ni siquiera para comer, y gracias al apoyo de estas mujeres agrupadas en la OSB pueden proporcionar una ración de alimento a este sector necesitado de todo, al igual que los comedores populares, desayunos escolares, etc. Es decir, son estas mujeres de los sectores populares las que sirven de soporte para que sus hermanos y hermanas, muchas de ellas madres solteras, tengan algo que llevarse a la boca y llenar su estómago o paliar la situación. Por eso, no es casual que haya índices tan altos de desnutrición, tanto materna como infantil, así como de un gran sector de la población.

No me explico cómo puede haber tanta indiferencia cuando sabemos que hay una austeridad tan grande producto de la pos pandemia, la desocupación, la inestabilidad política, la inmigración descontrolada por nuestra frontera norte, que trae consigo una inseguridad civil y hambruna increíble. Lejos de ocuparse para solucionar los problemas que genera tantas protestas por los conflictos sociales que se viven, nuestros congresistas siguen derrochando el presupuesto en dizque viajes oficialistas que no solucionan nada de la crisis que vivimos, solo sirven para paseos familiares de nuestros parlamentarios, darse la buena vida a vista y paciencia de todos.

Por otro lado, ¿Cómo es posible que permitamos el derroche en la compra de alimentos porque ellos deben comer comida de primera pagada por el pueblo? Es decir, ¿hasta cuándo permitiremos tantas gollerías y todo el carnaval que se vive en la clase política, con diferentes máscaras, propios de un consumismo impuesto que para ellos es justificable? Es por eso que el pueblo protesta, porque el presupuesto nacional se gasta en ellos sin ningún control, y el gran patriarca bueno para nada, el congresista favorito de la mayoría parlamentaria, sale a decir malcriadamente que ellos no van a comer alfalfa, por eso deben comer muy buena comida que, por supuesto, no sale de sus bolsillos.

Nuestras universidades se han convertido en el rebaño ilustrado, sin capacidad de organización ni respuesta, salvo las honrosas excepciones que hemos visto con el pronunciamiento de algunos rectores como el rector de la UNI. El tiempo transcurre y el Congreso no se siente aludido porque no se va, prefiere quedarse disfrutando de los bufés y tanta gollería, pagados, por supuesto, aparte de su sueldo. Esa situación se vuelve incontrolable, nos distraen con sesiones sin trascendencia, no saben a quién culpar de las movilizaciones, protestas, asesinatos y vandalismo, pues todos tienen la culpa menos ellos. Porque dicen defender la democracia y la institucionalidad pero son sordos a los llamados del pueblo, que en ningún momento dijo que se quedaran. Sin embargo, dicen representar al pueblo, es lo más ridículo que podemos escuchar. ¿Hasta cuándo toleraremos tantos atropellos?