La influencia de Elon Musk en la política estadounidense, especialmente durante el último año, ha estado acompañada de un comportamiento cada vez más errático y preocupante. Según fuentes cercanas, este período coincidió con un consumo de drogas mucho más intenso de lo que se conocía públicamente. Este supuesto consumo se suma a la controversia ya existente en torno a su figura, marcada por declaraciones grandilocuentes y una gestión empresarial a menudo calificada de agresiva.
Según la investigación publicada por The New York Times, el comportamiento de Musk, de 53 años, fue más allá del uso ocasional de sustancias.
El reportaje detalla que Musk consumía ketamina en cantidades significativas, hasta el punto de afectar su vejiga, un efecto secundario conocido del uso crónico de esta anestésico. Además, se menciona el consumo de Éxtasis y hongos psicodélicos en eventos privados. Una fotografía de un pastillero diario, al parecer propiedad de Musk, mostraba alrededor de 20 pastillas, algunas con las marcas del estimulante Adderall. Este consumo de drogas, según las fuentes, generó preocupación entre sus allegados, especialmente a medida que se involucraba más activamente en la política.
La investigación plantea interrogantes sobre si Musk consumía drogas durante su participación en la administración pública, cuando supuestamente tuvo influencia en la reducción de la burocracia federal. Su comportamiento errático, que incluyó insultos a miembros del gabinete, gestos similares a saludos nazis y respuestas confusas en entrevistas, añade combustible a estas dudas. Es importante recordar que la ketamina, si bien puede ser prescrita para tratar la depresión, tiene riesgos asociados, incluyendo la disociación de la realidad y la adicción.
Simultáneamente, la vida familiar de Musk ha experimentado turbulencias, con relaciones sentimentales superpuestas y batallas legales relacionadas con sus hijos. Claire Boucher, conocida como Grimes, ha expresado su preocupación por la exposición pública de su hijo X, alegando que viola un acuerdo de custodia que buscaba mantener a los niños fuera del ojo público. Otra mujer, Ashley St. Clair, reveló haber tenido un hijo con Musk y rechazó un acuerdo para mantener su paternidad en secreto, lo que derivó en una batalla legal.
SpaceX, la empresa aeroespacial de Musk, es un importante contratista gubernamental y debe mantener una fuerza laboral libre de drogas, realizando pruebas aleatorias a sus empleados. Sin embargo, se alega que Musk recibía avisos anticipados de estas pruebas, lo que plantea interrogantes sobre el cumplimiento de las normas internas. Las investigaciones sobre las empresas de Musk también incluyen incidentes relacionados con los automóviles de conducción autónoma de Tesla y acusaciones de racismo en sus fábricas.
Algunos amigos de Musk han expresado públicamente su decepción y preocupación por su comportamiento. Sam Harris, un intelectual público, acusó a Musk de usar su plataforma en redes sociales para difamar a personas y promover mentiras. Philip Low, un neurocientífico, criticó a Musk por un gesto similar a un saludo fascista en un evento público. Estas críticas reflejan una creciente preocupación por la conducta pública y privada de una figura que, hasta hace poco, era admirada por su innovación y visión empresarial.




