ENMARCAR EL PAISAJE: HEYDI MORI ALVARADO

Por Israel Tolentino

Es el cuerpo a cuerpo con la ciudad. No es posible conocer el espacio si no lo atravesamos con nuestro cuerpo, no es posible empezar a transformarlo in situ si no es partiendo nuevamente del cuerpo, de las relaciones que crea su presencia, de los objetos que puede utilizar y construir (Francesco Careri).

Huánuco es una ciudad de cerca de 500 años, con vestigios desaparecidos, y los pocos que se hallan no parecen tener esa edad, esa antigüedad, los cuerpos se han extraviado en ese interín. Lima, la siempre vieja y horrible, también va por medio millar de años, donde, salvo el centro urbano y algún punto de la periferia, todo es “nuevo”. Cabría preguntarse ¿dónde quedan tantos años de vida? ¿Cuándo se afanaron en destruir la ciudad que les cobija?

La artista y su papá.

Heydi Mori Alvarado (Huánuco, 1985) se acerca con una respuesta: como el paisaje, básicamente mi proyecto es experimentar sobre materiales las experiencias que voy recogiendo en mis derivas cotidianas en la ciudad de Lima, a partir de ellos empiezo a construir toda una ficción de cómo serían una especie de representaciones cartográficas. Presenta Paisajes ficticios, una realidad desentrañada en esos recorridos por la ciudad, va en la sala de la Alianza francesa (Lima). Ella y Rodrigo Jaúregui se han encargado de la curaduría.

La artista enmarca el deterioro físico de la ciudad y junto a ella su memoria, Los procesos de deterioro físico conllevan a la pérdida de la memoria, lo que contiene el cerebro se debe a la evidencia física y eso es una primera e importante instancia en el proceso de permanencia. Si la evidencia desaparece, probablemente, lo hará en el interior de la cabeza. Es de estos componentes donde su obra aflora; une la forma de recuperar la memoria poniendo en evidencia las costras que forman y dejan a su paso la vida en las paredes, se vierten reflejos de la urbe como un palimpsesto; lo que se manifiesta en grande se contienen en pequeño y viceversa. Cuando se anda por alguna calle, expuesta como todos, al paso inexorable del día y la noche, las huellas de la humedad o las calcinaciones del sol o la brisa marina, se dibujan arquetipos que ya enmarcados, se emparentan con la cartografía, se vuelven signos ortográficos.

Paisajes Ficticios. Heydi Mori. Intervención.

Todos vemos y observamos esas declinaciones y pasamos entre ellas con la misma naturalidad e indiferencia, como cuando aparece un grafiti en el paso, verlas con un marco hacen que el viajante se detenga y gaste dos segundos frente a ella. Una conquista en esta sociedad apurada.

Enmarcar el paisaje aflorado en la pared, con ese gesto/acción/intervención, ponen ante los ojos del transeúnte la capacidad que tienen las manchas de hablarles y recordarles desde su forma, tono, interior y ubicación, su ciudad, su andar. Con el gesto del enmarcado, evidencian sustratos de una ciudad abigarrada de gente, de historias, humedad, estratos sociales, riqueza en imágenes. El territorio dibujado por sí mismo en la pared, un lenguaje de señales que dice algo. Iconografía a veces monótona, repetitiva y seria; otras veces, heterogénea, única y alegre.

El dúo de artista que recuerdan este meditar la ciudad son Christo Javacheff (1935-2020) y Jeanne Claude (1935-2009), quienes, en su parafernalia, dice el texto de Rodrigo Carreño:  Entre la escultura y la arquitectura, buscaba transformar la vida cotidiana en una obra de arte para que el espectador fuera capaz de repensar los objetos mediante una mirada nueva. En el empaquetado de monumentos de las ciudades y naturaleza, reivindicaban la presencia de los mismos. 

Paisajes ficticios. Sala de la Alianza Francesa (Lima).

Heydi Mori, ha logrado encontrar un método de trabajo válido para cualquier latitud, dándole sobre todo una impronta nueva a la mirada diaria, a ese andar, como escribe Careri: Su campo de acción común es el acto de la transformación simbólica del territorio. Por tanto, el hecho de andar se sitúa en una esfera en la que todavía es, a un mismo tiempo, escultura, arquitectura y paisaje, entre la necesidad primitiva del arte y la escultura inorgánica. Puede atisbar y sentir, con sus pasos sobre la cuadra, la poesía detenida en ella.

Pocos son los casos de artistas que han logrado tener una relación íntima con su entorno inmediato, con las veredas, con la lluvia indecisa, sobre todo, encontrar en la deriva de sus pasos la invisible presencia de una humanidad en insuperable decadencia. 

Amarilis, noviembre 2022.