Por: Denesy Palacios Jimenez
El sistema educativo peruano aún arrastra el modelo colonial, no nos olvidemos que los patrones que se impusieron aún persisten, por eso no es casual estos movimientos que se resisten al cambio y prefieren perpetuar el statu quo, donde prima la desigualdad y el sometimiento, y como consecuencia la violencia en todas sus formas, y la exclusión social. Para entender las nuevas formas y estilos de vida de la población, es necesario considerar el enfoque de género, que surge en el debate teórico feminista para tratar la subordinación de la mujer; género es una característica social y cultural que se atribuye a hombres y mujeres a partir de las diferencias biológicas.
Estas construcciones culturales se expresan a través de roles, así vemos, la mujer es madre, ama de casa y el varón es proveedor y jefe de hogar, lo femenino es reproducción y lo masculino producción, era lo tradicional. En el caso de la mujer se considera fundamental su vinculación a la producción, pero con tal de que no abandone sus milenarias responsabilidades en el hogar, en otras palabras, sin tocar sus raíces de subordinación. Todo lo femenino es desvalorizado, los patrones de masculinidad y femineidad son el resultado de un complejo sistema de construcción socio-cultural en el que se privilegia la diferencia. Los tiempos han cambiado y surgen nuevas formas y estilos. Hasta no hace mucho el espacio público era solo para el varón y el privado o doméstico para la mujer. Por otra parte, machismo, es la actitud prepotente de los hombres respecto a las mujeres. Es la ideología y comportamiento de los individuos que ejercen superioridad del sexo masculino sobre el femenino. Se debe tomar en cuenta el Género como una variable que interviene en todo ámbito del ser humano y por ende no se puede estudiar o considerar a la mujer en forma separada sin tomar en cuenta al varón; estas nuevas formas y estilos de vida deben transformar los patrones desiguales que se dan entre los géneros en la apuesta por el desarrollo, en la que hombres y mujeres se vean menos confrontados, más libres, y con mayor valoración así mismos.
Debemos afrontar las desigualdades, el problema no es la diferencia, sino la desigualdad ente varones y mujeres, por lo tanto es una tarea de todos. Actualmente tenemos un estilo de vida que es generador de violencia, eso lo apreciamos comúnmente en el análisis de las formaciones sociales actuales, lo cual se hace a través de las dos esferas dicotomizadas: hogar y trabajo.
Apostamos por la equidad de género y revalorización de la mujer, y consideramos que debemos desterrar la desigualdad en el acceso a la participación de recursos económicos, productivos, en la definición de las políticas públicas; desterrar la desigualdad en el acceso a la educación, salud y servicios conexos, y otros tipos de desigualdades, por ejemplo la participación de la mujer en la historia, contribuirá a aclararnos por qué precisamos trabajar con equidad, considerando que la institución familiar sigue siendo una entidad viva y fundamental para la reproducción biológica y social, y el análisis debe partir no sólo de sus funciones, estructura, sino también de su dinámica interna y externa, de los afectos y desafectos que se generan en ella y por ella. Estos análisis han olvidado que para reproducir la sociedad es necesario que los hombres y mujeres se reproduzcan a sí mismos como seres individuales, y es la esfera de la familia donde se reproducen a sí mismos. Esta reproducción del hombre y la mujer, se liga a la reproducción de la sociedad, y es el quehacer de todos los días donde surgen relaciones, hoy vemos a la mujer incorporada en el plano productivo y al de gestión comunal, y la familia es el instrumento fundamental para hacer real la socialización de niños y niñas, comúnmente lo que apreciamos es represión y violencia en todas sus formas, de la misma manera, como la violencia también responde en otros ámbitos por el mantenimiento de determinados intereses, ideologías y poderes.
Lo masculino y lo femenino ¿Cómo se construye? Por medio de símbolos, que nos diferencia según color, forma y ubicación, según las opciones. Instituciones, donde el hogar juega un papel muy importante para marcar las identidades y diferencias; luego tenemos la escuela, donde las currículos también son diferenciados, y los tratos por consiguiente, pasamos a los colegios y esta diferencia que marca desigualdad se profundiza; y finalmente nos encontramos con la universidad, donde tenemos carreras femeninas y carreras masculinas, determinadas por sus currículos y su prácticas profesionales, felizmente esto se va acortando cada vez más. Otra institución que corrobora mucho en marcar estas identidades diferenciadas y que marcan una desigualdad es la iglesia.
En salud, por ejemplo, las políticas de planificación familiar, solo se orientan hacia la mujer, caso la política fujimorista, implementó la esterilización forzada a través de la ligadura de trompas. A las mujeres se les condicionaba a cambio de asistencialismo o entrega de comida para sus hijos, o se requería del permiso del esposo antes que el de ella misma, otro problema grande es la muerte materna.
Para poder desarrollarnos como país nación, necesitamos sacudirnos de muchas taras heredadas de la colonia, y el enfoque de género, el ambiental y el intercultural deben ser ejes transversales en las currículos de estudio de los diversos niveles educativos, solo así desterraríamos la conciencia tan individualista para tener una conciencia social y planetaria, que nos conduzca al desarrollo, no les parece?
Gracias y buenos días
(*) Profesora Principal Fac. CC.SS UNHEVAL. [email protected]



