En medio de renovadas manifestaciones de apoyo a Palestina, Almeida asume un rol protagónico.

El mundo del ciclismo se vio sacudido una vez más, no solo por el impresionante desempeño de los atletas, sino también por las manifestaciones que tomaron protagonismo en la decimotercera etapa de la Vuelta Ciclista a España 2025. La jornada, que culminó con la victoria del portugués Joao Almeida en el temible Angliru, estuvo marcada por la persistente presencia de protestas en favor de Palestina, generando interrupciones y tensión a lo largo del recorrido. Este escenario añade una capa de complejidad a una competición ya de por sí exigente, donde cada pedalada cuenta y la estrategia se convierte en un factor determinante.

Según el reportaje de El País, la etapa 13 de la Vuelta Ciclista a España 2025, disputada entre Cabezón de la Sal y L’Angliru, culminó con la victoria de Joao Almeida (UAE Team Emirates-XRG); sin embargo, la jornada estuvo significativamente afectada por protestas en apoyo a Palestina que llegaron a interrumpir el desarrollo normal de la carrera. Un dato contextual relevante es que esta Vuelta a España, en su edición de 2025, ha coincidido con un momento de alta tensión geopolítica internacional, lo que ha exacerbado las protestas.

Las manifestaciones no son un fenómeno nuevo en esta edición de la Vuelta. Desde la contrarreloj por equipos, cuando manifestantes detuvieron el paso del equipo Israel-Premier Tech, hasta episodios en Bilbao que obligaron a adelantar la meta, la ronda ha sido escenario de expresiones de descontento. En la etapa que unió Cabezón de la Sal con el Angliru, la policía se vio incapaz de contener a los manifestantes, quienes llegaron a detener momentáneamente a los corredores fugados. La situación generó un ambiente de tensión constante, con el propietario del Israel-Premier Tech, Sylvan Adams, denunciando lo que considera una recepción hostil y recordando la conexión histórica entre ETA y la OLP. Este contexto político y social es crucial para entender la magnitud de los desafíos que enfrenta la organización de la Vuelta.

Más allá de las protestas, la etapa dejó momentos de gran ciclismo. La victoria de Almeida en el Angliru, una montaña mítica con rampas de hasta el 24%, fue un hito en su carrera. Sin embargo, la sombra de Vingegaard, quien se mantuvo cerca del portugués durante toda la ascensión, sugiere que la lucha por el liderato aún no está decidida. El ritmo frenético impuesto por los fugados en la primera hora de la etapa, con velocidades superiores a los 51 km/h, demostró la ambición de los corredores por buscar la victoria. No obstante, la interrupción causada por los manifestantes frustró las aspiraciones de aquellos que intentaban escaparse del pelotón. Otro dato interesante es que las condiciones climáticas en el Angliru suelen ser impredecibles, lo que añade un elemento de dificultad a la ya exigente ascensión.

El desenlace de la etapa estuvo marcado por la estrategia y la fuerza física. El ataque de Vine dinamitó el pelotón, seleccionando a los corredores más fuertes. La posterior imposición de ritmo por parte de Almeida dejó atrás a rivales como Hindley y Kuss, consolidando su duelo con Vingegaard. Aunque el danés se mantuvo cerca, no logró atacar al portugués, quien finalmente se alzó con la victoria en la cima del Angliru. La imagen de Almeida escalando la montaña entre un pasillo humano, con el público alentando a los corredores, contrastó con la tensión generada por las protestas, evidenciando la dualidad que marcó esta etapa. La altimetría del Angliru, con sus rampas extremas y su historia ligada a grandes ciclistas, lo convierte en un escenario ideal para definir la general de la Vuelta. La victoria de Almeida en este contexto adverso resalta aún más su valía como ciclista.