EN EL MARCO DE LA DEMOCRACIA

Escrito por: Arlindo Luciano Guillermo 

En una sociedad democrática, como la nuestra, hay respetos mutuos, tolerancia a prueba de fuego, libertad de opinión, valoración por la decisión del pueblo y la autonomía de las instituciones. Ejercer el derecho al voto electoral es solo la punta del iceberg de la democracia; en dictaduras civiles o militares, las elecciones están cubiertas por mantos de fraude, engaño y manipulación. Así que en democracia se respetan los derechos ciudadanos e impera el Estado de derecho; es decir, la ley, la razón, la libertad son los pilares de la democracia.

La tolerancia es uno de los componentes fundamentales de la democracia, sin ella los pueblos actuarían como neandertales furiosos, impulsados por el instinto de sobrevivencia para apropiarse de una caverna y abrigarse.  La intolerancia es la antítesis de la democracia. Los gobiernos dictatoriales, totalitarios, tiranos, por origen y defecto, son intolerantes, reprimen la libertad de expresión, defienden el poder con fines de atornillamiento, secuestran a la prensa. Ningún país en la Tierra ha logrado bienestar social ni desarrollo económico sostenible ni ejemplar con un gobierno totalitario. Hoy no existen la URSS ni la RPCh tal como la dejó Lenin y Mao respectivamente. El desafío del ciudadano y de los líderes políticos es vivir en convivencia democrática, respetando la ideología y actitud de los demás, tolerando las diferencias y matices de pensamiento. La negación de la tolerancia es el fanatismo enceguecido, el dogmatismo irreflexivo, la incapacidad de ver de otro modo las ideas del prójimo. La intolerancia es causa de violencia brutal, genocidios nacionalistas y guerras fratricidas. La intolerancia en política, donde la efervescencia ideológica y el descontrol emocional están en ebullición, es fatal. A veces nuestra carísima y tantas veces permisiva democracia se parece a las comunidades tribales, autárquicas y nómadas donde se impone el más fuerte y quién más grita como un chimpancé colgado del árbol. En democracia hay partidos políticos, no barras bravas ni hordas callejeras.

No ha prosperado la petición de acceder a los padrones electorales para conocer quién votó por tal o cual candidato en la segunda vuelta y así verificar nombres y apellidos, firma y huella dactilar. Si el voto es secreto, por qué se tiene que revelar la preferencia. En ese registro está la fotografía y la dirección domiciliaria. ¿Esto no pone en riesgo la integridad y seguridad de los ciudadanos? Precisamente, cuando los derechos de los demás no importan, aparece infame el despropósito y el interés político antes que el respeto al ciudadano y a la Constitución. Los derechos en democracia se respetan. El voto del ciudadano, que asistió cumpliendo un deber cívico el 6 de junio, se respeta. Como nada es perfecto, las elecciones pueden tener “naturales irregularidades” que no llegan a la categoría delictuosa de fraude. Sin pruebas fehacientes no hay fraude, solo indicios y presunciones.

En democracia, el racismo, la discriminación, el insulto denigrante, la misoginia, la agresión y la exclusión social son riesgosas prácticas. Si bien la Constitución y las leyes prohíben las “taras culturales” antes dichas, las redes sociales se han convertido en el escenario de iracundas pullas y agravios que desbordan los límites del respeto y la tolerancia donde se echa lodo con restos fecales y se da rienda a instintos tribales y cavernícolas. ¿Dónde está la gestión de la inteligencia emocional, la sensatez, la convivencia democrática, el debate argumental de propuestas y aportes? Discusión sin respeto ni control emocional es la antesala de una guerra verbal que termina en nada útil. Al tacho el pensamiento crítico, las bienaventuranzas de Cristo, las habilidades blandas y el rollo de la educación por competencias. Aflora así el jabalí endemoniado, con los colmillos afilados como sables, dispuesto a destruir al contrincante. ¿Nos hace mejor o peor, nos convierte en enemigos acérrimos, irreconciliables, ser partidarios de Fuerza Popular o Perú Libre? En democracia elegimos los colores y líderes que queremos y asumimos las consecuencias de dicha decisión. Las elecciones se ganan con votos, en la mesa de sufragio; un partido de fútbol, con goles, en la cancha. El respeto de la autonomía de las instituciones es directamente proporcional a la observación de los derechos de los ciudadanos. Las reglas democráticas están claras, no se pueden desconocer al antojo del usuario ni patear el tablero como un niño berrinchudo. “Mano, Pedro Castillo es un cholo. Sin educación y va a cagar al país, sus votantes son alpacas que ni saben por qué votan. Ni leer deben saber (…) Cuando no tenga ni un sol para hacer todo lo que prometió, voy a ser bastante feliz viendo a sus votantes siendo más pobres que antes. Ojalá algunos mueran de hambre. Lamentablemente, los ignorantes así aprenden, a la mala”. (La República. 18-06-2021) Eso apareció después del 6 de junio; ahí la ley tendrá que hacer lo que le corresponde.

En estos momentos, de suspicacia y exigencias, esclarecimientos legales y pataletas electorales, el Perú necesita urgente dar un giro sustancial hacia la reconciliación real que hermane pueblos, una territorios y necesidades apremiantes, que asegure la institucionalidad, el combate sin tregua contra el Covid-19, reactivación económica y empleo.  No es tan difícil pensar en el Perú, pero es complicado que los líderes políticos, que quieren ser presidente de la república, pospongan y cedan sus intereses personales y proyectos políticos en favor de la gobernabilidad. La democracia se fortalece con la diversidad, la pluralidad, la libertad, la apertura de mercados, las inversiones privadas, con reglas claras, la presencia del Estado en la ciudad, en las zonas rurales y en los enclaves de la frontera. Dinamitar, poner un coche bomba, enlodar, descreditar a la democracia y una de sus manifestaciones más elevadas de participación cívica (las elecciones) es dispararse a los pies innecesariamente. Los problemas de la democracia se resuelven en democracia, en el marco constitucional y en pleno Estado de derecho. Cualquier otro movimiento social y político es offside