EMPRENDAMOS UNA ECONOMÍA DEMOCRÁTICA PARA LOS JÓVENES

EMPRENDAMOS UNA ECONOMÍA DEMOCRÁTICA PARA LOS JÓVENES

Por el Dr. Fredi Sotomayor Herrera

Una gran mayoría de nuestra   población   la constituyen   los jóvenes en edad de producir bienes   y servicios. Sin embargo, no están   preparados   para ello ni técnica   ni anímicamente.  La pobreza   tiene, como aliados, los bajos   niveles   educativos y la falta de oportunidades de trabajo, y esto debe cambiar. En estas condiciones, los jóvenes poco sabrán y   podrán   hacer por el progreso de su pueblo y emigrarán   hacia   ámbitos   inhóspitos   que los van a agredir y muchas a doblegar.

El propósito de una visión a futuro es que:

·   Llegue el momento en el cual el hogar, las instituciones educativas, el pueblo   orienten   a los jóvenes al trabajo y tecnologías apropiadas, con contenidos y métodos funcionales para el desarrollo.

·   Los jóvenes relacionen los conocimientos adquiridos con el mejoramiento y democratización   de la economía de sus pueblos, mediante   su amor al trabajo, iniciativa, disciplina, perseverancia, solidaridad, equidad, deseo de superación y espíritu   de prevención.

·   La educación que se les brinda  a nuestros jóvenes, debe ser una educación basada en la   crítica constructiva y en la reflexión analística profunda, para que puedan discernir acertadamente. 

Gran parte de nuestra   población   estará formada por jóvenes entre 16 y 25 años. A los mayores de 25 años les ha tocado vivir una época de muchos cambios, pero no de claras orientaciones para ser aprovechadas a su favor.   Las nuevas generaciones de jóvenes deben tener la oportunidad, hasta ahora negada, de saber qué hacer en su propio beneficio y en beneficio   de su país, cuando se incorporen a la economía de sociedad. Deben ser capaces de transformarse   en activos protagonistas de su propio   desarrollo y el de sus   comunidades.  Con ello se habrá cambiado el destino del pueblo y también del país.

La familia, las instituciones educativas, el pueblo que invierta en educación, salud y oportunidades de trabajo para los jóvenes, estará invirtiendo en el capital   humano   y   social que, en una sola generación, puede   cambiar el   rumbo   de   la historia del pueblo. Los jóvenes, al adquirir la aptitud, la tecnología y el arraigo al lugar donde han nacido y una misión en él, habrán vencido el inmovilismo y la tendencia a la emigración, como actuales   características   del comportamiento juvenil. Ya no es hora de mirar al joven como un problema o como un simple beneficiario del esfuerzo del Estado, sino como lo que es: el futuro.

Aunque tengamos que cambiar en 180° nuestra actual forma de educar a los jóvenes, es indispensable prepararlos   para   el   trabajo   que aún   no se ha hecho en las regiones y darles esa tarea para que se dignifiquen al ser útiles y necesarios.

Está plenamente demostrada la relación directa entre pobreza y bajos niveles educativos, y entre deficiencias y limitaciones en el trabajo y deficiente nutrición en la infancia; por eso, si queremos que nuestro pueblo salga de la pobreza, debemos ayudar a nuestros jóvenes a convertirse en protagonistas de su educación, y la de sus hermanos menores, dándoles participación en actividades formativas que se desarrollan en el hogar, la escuela y la comunidad.

Debemos preparar a los jóvenes para cumplir las tareas apropiadas a sus capacidades en la búsqueda y obtención de los medios económicos. Saber mejorar los actuales bienes y servicios y, a la vez, ser responsables de su propia formación tecnológica durante toda la vida. Si no hay jóvenes capacitados para sacar provecho de las riquezas potenciales del pueblo, poco se podrá hacer por su progreso, pues los flujos migratorios presionarán la tendencia a mayor pobreza, ya que, mientras los elementos jóvenes y más progresistas salen del pueblo, llegarán a él desplazados y marginados de otras zonas sin mayor capacidad ni vocación para sustituir a los que se fueron.

Debemos general empleo para fortalecer la democracia económica, un proyecto de democracia económica, en un país, para el joven debe proporcionarle espacios para el uso de sus habilidades y capacidades y dar cabida a sus aspiraciones de trabajo, pero previamente la educación básica regular y las universidades debe tratar de mejorar sus conocimientos y técnicas en base a las posibilidades reales de trabajo en la localidad.