Elecciones 2021: gobernadores y alcaldes que postulen deberán renunciar hasta el 12 de octubre

ELECCIONES A LA VISTA

Escrito por: Arlindo Luciano Guillermo

El 28 de julio de 2021 se instalará una nueva administración política en el Perú para los próximos 5 años. Los peruanos vamos a elegir autoridades libremente, una vez más, como decenas de veces. Mientras haya democracia habrá elecciones. El ciudadano emitirá un voto consciente, informado o por una dádiva entregada furtivamente, pues esa “vieja costumbre de la política clientelista” está sancionada por la ley; mientras que otros esperan ser elegidos como “auténticos representantes del pueblo”. Desde el protectorado de José de San Martín hasta Martín Vizcarra hemos transitado entre la dictadura, primavera democracia, alternancia de poder, autoritarismo y regímenes intolerantes. Sumando Leguía, Odría, Velasco, Morales Bermúdez y Alberto Fujimori, el Perú estuvo bajo la dictadura y el autoritarismo 29 años. Sin interrupciones, desde Toledo hasta Martín Vizcarra, la democracia está vigente sin amenazas ni aventurerismos golpistas; en total son 19 años. Desde que se recuperó la democracia, en 1980, excepto Fernando Belaunde y Valentín Paniagua, expresidentes de la república están presos, con arresto domiciliario, sentados en el banquillo de los acusados o investigados por el Ministerio Público por presunta corrupción. Así la figura presidencial es frágil, vulnerable; el congreso, una institución con altísima desaprobación popular.   

En ese contexto, el domingo 11 de abril (con o sin Covid-19) los peruanos emitiremos un voto patriótico para elegir (siempre se tiene el buen deseo de optar por los mejores ciudadanos) un presidente (varón o mujer), dos vicepresidentes y 130 congresistas. En realidad, es una fiesta democrática las elecciones. Representa una visible muestra de civilización, contienda política, debate de ideas y propuestas y que, finalmente, sea el más idóneo el ungido por el voto popular. El pueblo elige; lo que el pueblo decide se respeta democráticamente. Si el pueblo se equivoca, paciencia; el pueblo eligió y no hay marcha atrás.

En estas elecciones no habrá mítines, concentraciones masivas de militantes, simpatizantes y amigos solidarios con el candidato. Serán elecciones atípicas en medio de la pandemia. El electorado (sufrido y cada vez más incrédulo) tendrá que elegir porque así es la democracia: acertar y equivocarse. Un error político cuesta 5 años en el poder. Finalmente, el lunes 12 de abril, la vida transcurrirá con normalidad. Les daremos el beneficio de la duda, una tregua de 100 días y el derecho de equivocarse haciendo. En la política –escenario donde todo es posible– también se aprende echando a perder. Las redes sociales, las paredes heroicas y los muros militantes se van a convertir en el más efectivo medio de propaganda política, exposición de propuestas, exhibición del candidato trajinado, experimentado, en proceso o neófitos jóvenes como una mercancía vistosa en un escaparate del centro comercial y también (como para no olvidar la costumbre maquiavélica) la guerra sucia, artera y pusilánime, la demagogia y la promesa de que el Perú y las 24 regiones cambiarán notablemente en 5 años de gobierno.   

¿A quiénes elegiremos? A ciudadanos con DNI, que cumplen requisitos de ley y con interés por intervenir en la política (tal como todos la conocemos) y así accionar el instinto de la vocación de servicio, que esperamos así sea.  Una cosa es el discurso de campaña y otra, muy distinta, la actuación en el poder. En la campaña se pintan pajaritos en la cabeza del electorado, en la práctica se borra con el codo lo que se escribió con la mano. Los candidatos no son santos, beatos, frailes, sino ciudadanos de carne y hueso, con aspiraciones legítimas en la política y la gestión pública, creen que están hechos para representar a un pueblo cada vez más escéptico, nihilista, con desconfianza, pero también con una luz al final del túnel, una esperanza en el desánimo, una oportunidad en la adversidad. Los candidatos no son San Francisco de Asís, madre Teresa de Calcuta, Buda, Gandhi o Martín Luther Kong; estos fueron ciudadanos de altísima factura moral y de servicio a la humanidad que se ganaron un pedestal en la historia con la acción concreta y no con discursos elocuentes, falsa modestia ni disfrazar de lobo feroz y famélico. Así que los candidatos no son éticamente pulquérrimos, exonerados de errores y deslices en la vida. Cuídate de las aguas mansas que de la corriente me cuido yo. Si lo dice el refrán es porque procede coherente de la experiencia comprobada. 

En los Estados Unidos, solo dos candidatos disputaron una temporada en la Casa Blanca; en el Perú 24 partidos políticos habilitados participarán en las elecciones del 11 de abril de 2021. Vaya democracia la nuestra. Si solo 10 partidos presentaran listas para el congreso, los electores tendríamos que elegir a 130 de 1300 candidatos. A menos de 6 meses de las elecciones, ya sabemos la dimensión política de este evento democrático: un presidente jaqueado constantemente con la amenaza de la vacancia, investigado por el Ministerio Público por supuestos casos de corrupción y coimas de empresas constructoras cuando presidente de la región Moquegua. El congreso populista y hecho a la medida de la crisis institucional y el deterioro de la confianza en la política no inspiran interés ni involucramiento para pensar, evaluar y emitir un voto responsable, informado, que garantice la elección de los mejores ciudadanos para los primeros 5 años del bicentenario de la Independencia, en cuya proclamación está el concepto de “libre por la voluntad de los pueblos”. Juventud sin experiencia, soberbia y parricida, puede ser peor que adulto con experiencia, mañoso, ladino y con hábitos chuecos. Estamos con tiempo suficiente para observar el entorno, escuchar las propuestas, leer las actitudes, contrastar la acción y el discurso y decidir por el que mejor calza con el destino del país y las expectativas de los ciudadanos.