El valor del diseño público: la laguna Viña del Río y el reto de planificar con criterio

La discusión en torno al proyecto de intervención en la laguna Viña del Río no es un simple desacuerdo técnico. Es una alerta pública sobre cómo se concibe y ejecuta el desarrollo urbano en Huánuco. El Colegio de Arquitectos del Perú – Regional Huánuco ha advertido que el plan en marcha ignora las observaciones y propuestas que el gremio profesional presentó hace más de un mes. No se trata de caprichos gremiales, sino de un reclamo legítimo por el respeto al conocimiento técnico y a la planificación responsable.


La preocupación del Colegio no se limita a la estética del proyecto. Según explicó su decano, Walter Vladimir Bruno Saavedra, el diseño actual no aborda de manera adecuada los impactos ambientales, el uso del espacio público ni la sostenibilidad del ecosistema que rodea la laguna. En otras palabras, el riesgo no es solo construir mal, sino dañar de forma irreversible un entorno natural que constituye uno de los pulmones urbanos de la ciudad.


La propuesta del Colegio —reducir estructuras innecesarias y priorizar la infraestructura verde— debería ser escuchada con atención. Destinar el 80% de la intervención a áreas naturales, vegetación nativa y tratamiento paisajístico no es una concesión romántica al medio ambiente; es una estrategia sensata y de largo plazo. En cambio, insistir en levantar almacenes, oficinas o coberturas arquitectónicas sin un plan de mantenimiento solo perpetuará la lógica de la “obra rápida y visible”, esa que llena titulares pero vacía los espacios de vida ciudadana.


La impermeabilización de la laguna es otro punto crítico. Convertir un ecosistema vivo en un estanque artificial, como advirtió el Colegio, sería un error con consecuencias ecológicas graves. Un sistema de filtración externa, conforme a la Ley General del Ambiente, no solo preservaría la calidad del agua, sino también la salud del entorno. Huánuco necesita obras que convivan con la naturaleza, no que la sometan.
El Colegio de Arquitectos ha anunciado que, de persistir la indiferencia institucional, podría convocar a la sociedad civil y recurrir a vías legales. No sería la primera vez que la defensa del espacio público nace desde la ciudadanía y no desde el poder. Lo que está en juego no es un expediente técnico, sino el modelo de ciudad que Huánuco elige construir: uno que respeta la naturaleza y la participación, o uno que persiste en la improvisación y el cemento sin sentido.


Viña del Río podría convertirse en un emblema de sostenibilidad y convivencia si se escucha a quienes saben planificar. Pero si prevalece la lógica del apuro, el resultado será otro monumento al descuido. Las ciudades no se construyen solo con presupuesto: se construyen con visión, ética y respeto por el entorno.