EL ÚLTIMO PETIRROJO

Por Arlindo Luciano Guillermo

Samuel Cárdich ha escrito libros para niños y adolescentes; mantiene cautivo a una comunidad de lectores que está a la expectativa de un nuevo libro: ¿poesía, cuento o novela? ¿Después de tal libro, qué publicará? Se sabe que él nunca deja de escribir; es un “obrero de la escritura”, un talentoso “fabricante de ficciones”, un paciente “orfebre de versos”. Es muy generoso, estimado por amigos y lectores. Tres historias de amor es un best seller regional, tiene varias ediciones agotadas, al igual que Pecos Bill y otros recuerdos de Mario Malpartida que es, prácticamente, imposible encontrarlo en librerías. Dejé la primera edición, firmada por el propio Mario, en el Bajaj. ¿Quién lo habrá encontrado? Ojalá que sea otro lector.

El último petirrojo tiene dos ediciones. La primera es de 2008, editada por el Grupo Editorial Norma, con ilustraciones en carboncillo de Carmen García Veliz, con un tiraje de 1,500 ejemplares. Yo lo conservo felizmente. Está dedicado a “A Nausicaa, ausente”. ¿Quién es la dama? Nausicaa, hija del rey Alcínoo, es un personaje muy singular en la Odisea de Homero: encuentra casualmente a Odiseo, luego que este naufragara por la ira de Poseidón, en una playa, exánime, lo lleva al palacio de su padre donde cuenta sus peripecias. La segunda edición (Editorial Ambar, 2024), con un tiraje de 1000 ejemplares, lo compré en la feria de libros en Amarilis. La dedicatoria dice: “A la memoria de Pedro Valdizán, personaje de la realidad y de la ficción”. Encontramos a Pedro Valdizán en el cuento “Dúnker, el labrador de los caninos de oro”. Pedro Burro Valdizán es un personaje de la novela Ay, Carmela de Andrés Cloud. Es la pareja de Carmela Sayago. ¿Por qué este cambio de referencia en la dedicatoria? Solo Samuel Cárdich lo sabe y debe tener sus razones. Las ilustraciones corresponden al gran dibujante Constantino Páucar Vega. A diferencia de la carátula de la primera edición (el reflejo del petirrojo en un espejo elíptico, con marco en alto relieve), de la segunda es elocuente y en movimiento: ante el retrato del petirrojo, con los ojos cerrados, un mechón en la cabeza, camisa blanca con cuello y la “mano derecha” dentro del segundo botón, seis pájaros diferentes conversan y parece que comentan animados sobre el petirrojo que los observa con desdén. Entre una y otra edición, el orden de los cuentos ha variado.    

En el libro, dos personajes animales (un petirrojo y un perro labrador) representan la pluralidad, la convivencia democrática y la tolerancia y la amistad incondicional, la poderosa resiliencia, el “golpe de suerte” que extingue la pobreza y el derecho a una compañía idónea. En El último petirrojo aparece una tierna mascota, Puchi, a quien el poeta Samuel Cárdich le dedica un poema, en La memoria del dolor. “Una pequinesa realmente bella, diminuta / de nariz y casi de juguete, que andaba / por la casa despertando ternura / y una sonrisa indulgente para exculparla / por su genio peculiar tan inestable”. Andrés Cloud y Adalberto Varallanos crearon dos célebres perros: Pibe y Terrible. “Juan Carpintero” es la historia de Juan Carpintero, modesto carpintero, padre de un par de gemelos con una esposa hacendosa, cuyo abnegado oficio le permite atender las necesidades de su familia, fabrica un juego de muebles de fina caoba, que, por el tamaño, mal calculado, no puede ingresar a su pequeña casa. Finalmente, se convierte en un emprendedor de muebles; así, pasa de carpintero a ebanista; desde entonces ya no cuestiona refranes populares de cuya moraleja a veces es víctima. Revela el tránsito del simple oficio de carpintero a ebanista. “El trotamundos del norte” es una exaltación de la libertad y el viaje para conocer ciudades y pueblos. El personaje anónimo, hijo de comerciantes ambulantes, se convierte en un músico ambulante que, con flauta, pandereta, asiento portátil, viaja infatigablemente, hasta que llega a un país donde le dicen que no es bienvenido y lo expulsan; vive solo, en espera de una compañera, que nunca llagará. Aquí se plantea el vigente y urticante problema de la migración, fronteras alambradas, represión policial y la xenofobia. Este cuento tiene un detalle que se explica en el último párrafo. El escritor-narrador sostiene una conversación amena de cinco horas, en el avión, con el trotamundos, quien le cuenta que “pensaba seguir viajando y viviendo de la música que ejecutaba, y que entre sus proyectos estaba encontrar a una compañera de ruta, que tuviera los ojos negros y el cabello castaño, como la chica que un día vio en Sierra Llorona, e ir con ella por los caminos desconocidos que tiene el mundo, pero esta vez como trotamundos del sur”. “Sir Charles” es un ejemplo de enajenación cultural. Recuerda “Alienación, cuento de Ribeyro, cuyo personaje afrodescendiente, Roberto o Bob, quiere ser un “gringo americano”, aprende inglés, va a la guerra de Corea para obtener la ciudadanía, pero muere. Sir Charles transita por tres etapas: bonanza y exhibición de boato y despilfarro, decadencia, demencia y soledad y conversión en un hazmerreír, el blanco de burlas, que, por lástima y diversión, se le concede participar en actos públicos y en el desfile de Carnavales. Sir Charles, en su desordenado pensamiento, sigue siendo un aristócrata, exhibe insignias y blasones de hojalata. “Dúnker, el labrador de los caninos de oro” es un cuento de historias paralelas. La vida de Pedro Valdizán, buscador de oro, y de Dúnker avanzan juntas; hay un cambio radical en la situación económica que les permite bienestar y holgura. Pedro Valdizán cambia de oficio: de buscador de oro a taxidermista de mariposas; Dúnker de pedir pan en la puerta de la bodega tiene amo y come como “perro rico”, exhibe sus caninos de oro sonriendo a cuanto transeúnte pasa por la puerta de su casa.

Lenguaje accesible, simbología pertinente, lección y el “cebo de la intriga” para atrapar y cautivar al lector son las exigencias de la literatura infantil. Me siento orgulloso, como un pavo real, de ser amigo coloquial y lector obsesivo de Samuel Cárdich. Sé que tiene, por versión suya, libros inéditos o en pleno trabajo de elaboración y corrección. Le prendo velas a los santos de mi devoción (siete en total) para pedirles que le den salud, más creatividad literaria, que pronto esos títulos sean publicados. El último petirrojo es un libro que concentra en sus personajes, relatos y acciones, gran ternura, humor inteligente, ironía hilarante, grandes lecciones de vida. Nunca me siento exhausto ni pienso abandonar un libro de Cárdich -si es poesía mejor- cuando he empezado a leerlo. He releído Hora de silencio (primera edición), De claro a oscuro (“El hijo”, “La madre”), Blanco de hospital (“Los amigos y las rosas”). El último petirrojo está escrito para la sensibilidad, empatía y deseo de ver la felicidad y la desventura al mismo tiempo mientras haya vida; siempre se impondrá, dialécticamente, el destino de vivir felices y con la conciencia en paz sobre la Tierra. El último petirrojo es un libro encantador que ablanda el corazón del más indiferente lector.