El Sistema de Salud Mental de Veteranos en Crisis por Influencia de Trump y DOGE

La reciente reestructuración en el Departamento de Asuntos de Veteranos (VA) ha generado controversia, particularmente en el área de salud mental, poniendo en riesgo la **atención** que reciben miles de veteranos. A finales de febrero, coincidiendo con los esfuerzos de la administración Trump por remodelar la administración federal, una psiquiatra dedicada al cuidado de veteranos fue reubicada a un nuevo puesto de trabajo que generó su incredulidad.

Según la investigación publicada por The New York Times, esta profesional, como muchos otros, se vio obligada, bajo una nueva política de retorno a la oficina, a realizar psicoterapia virtual con sus pacientes desde uno de los trece cubículos de un espacio abierto, similar a un centro de llamadas.

La implementación de esta directriz ha suscitado serias preocupaciones sobre la confidencialidad y la calidad de la atención. El VA, que históricamente ha sido pionero en la telesalud, invirtiendo en esta modalidad desde hace dos décadas para llegar a veteranos en zonas remotas, ahora parece contradecir su propio legado. Esta medida impacta especialmente a pacientes con trastornos como esquizofrenia y bipolaridad, para quienes la confianza en el terapeuta es crucial. La exposición potencial a escuchas indeseadas o la aparición de otros miembros del personal en la pantalla durante las sesiones plantea una grave amenaza a esta confianza.

Ante la pregunta de cómo garantizar la privacidad de los pacientes, la respuesta de la supervisión fue la sugerencia de adquirir pantallas de privacidad y un generador de ruido blanco. Esta solución improvisada no aborda la raíz del problema, que es la inherentemente pública naturaleza del entorno de trabajo asignado. La frustración entre los profesionales es palpable, evidenciada por la disposición de muchos a renunciar antes que comprometer la ética profesional y el bienestar de sus pacientes. Este cambio de política se produce tras informes que señalan un aumento en las tasas de suicidio entre veteranos en los últimos años, lo que subraya la importancia crítica de mantener servicios de salud mental accesibles y de alta calidad.

Además de las preocupaciones éticas, la nueva política también ha generado interrogantes sobre su impacto en la eficiencia y la moral del personal. Muchos profesionales de la salud mental fueron contratados específicamente para puestos remotos, con la promesa de flexibilidad y autonomía. Forzar a estos empleados a trabajar en un entorno de oficina podría resultar en una disminución de la productividad y un aumento de la rotación de personal. Un estudio reciente del Congressional Budget Office (CBO) encontró que la expansión de los servicios de telesalud en el VA resultó en una mejoría en el acceso a la atención y una reducción en los costos a largo plazo.

La iniciativa, impulsada por el Departamento de Eficiencia Gubernamental dirigido por Elon Musk, ha sido recibida con escepticismo por parte de sindicatos y organizaciones de defensa de los veteranos. La percepción generalizada es que esta medida prioriza la eficiencia burocrática sobre el bienestar de los veteranos y la calidad de la atención médica. La situación ha escalado hasta el punto de que varios miembros del Congreso han solicitado una investigación exhaustiva sobre los cambios implementados en el VA y su impacto en la salud mental de los veteranos. El futuro de la atención de salud mental para veteranos en Estados Unidos pende de un hilo, mientras la administración Trump continúa implementando cambios radicales en el sistema.