Escrito por: Ronald Mondragón Linares
En el contexto de la actual campaña para las elecciones presidenciales, el rol político de las empresas encuestadoras se puede apreciar con bastante nitidez. Su función principal, es la de moldear la fisonomía de la opinión pública, con el fin de garantizar el recambio de gobierno sin grandes sobresaltos, y el más conveniente a las exigencias del modelo económico imperante, lo cual implica además, la búsqueda de nuevas figuras políticas, asociadas al statu quo y el trabajo coordinado con los medios y, más atrás, las poderosas fuerzas empresariales del país, como la CONFIEP o el Grupo de El Comercio.
En los tiempos de la dictadura de Fujimori, los procesos electorales constituían, para las encuestadoras, un cómodo y vulgar negocio. En los periodos de elecciones en democracia formal, ellas otean en el horizonte de las organizaciones político-partidarias las figuras más acomodaticias al sostenimiento del sistema, vale decir, a los intereses de las corporaciones y grupos de poder que manejan económicamente el país.
Desgastado el fujimorismo, buscaron desde temprano levantar la figura de George Forsyth. Al comienzo, la estrategia parecía funcionar; pero, conforme la campaña adquiría cuerpo y se necesitaba más peso político y de propuestas, esta alternativa fue diluyéndose de manera paulatina y sostenida. La presencia de Lescano en el escenario, entonces empezó a marcar la pauta y se hizo apremiante la necesidad de levantar una figura con un rostro nuevo. Emergió en ese momento una especie de caballo de Troya desbocado, pero por lo mismo efectista: Rafael López Aliaga, algo así como el bufón de la ultraderecha peruana que no tiene empacho de decir las cosas tal como las siente. Ahora este personaje, ha sido posicionado por las encuestadoras como competidor de Lescano y, naturalmente, por encima de la candidata de la izquierda, Verónika Mendoza.
No es que la candidatura del excongresista Yohny Lescano sea una piedra en el zapato para la continuidad del régimen neoliberal, ni menos aún sea un gran peligro. Pero siempre es bueno llevar más armas para la lid electoral o cartas escondidas bajo la manga, más aún, teniendo al frente un electorado como el peruano, impredecible y siempre más atento a la farándula y al rumor viscoso que a la propuesta política.
Las empresas encuestadoras monitorean el pulso, la presión y la fiebre interior de las masas electorales. Este informe pasa al directorio de quienes dirigen realmente los destinos del Perú y se toman las medidas apropiadas y pertinentes. Así, se detectó que en época de plena pandemia y crisis asociada el centrismo no solo no es atractivo, sino que puede llegar a ser detestado por esas masas. Julio Guzmán ya perdió el interés de la jerarquía de los medios y las fuerzas económicas, y empieza a respirar, en la impotencia, el aire de una derrota contundente. Keiko Fujimori puede ayudar aún en la derrota, maquinando con sus votos, a través de su bancada, en el próximo Congreso. Lo mismo sucede con De Soto: de lo que se trata, al fin de cuentas, es de invisibilizar lo más que se pueda la candidatura más importante de la izquierda.
Así las cosas, el CELAG (Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica) – no afín a los intereses del orden establecido peruano-acaba de presentar una encuesta de opinión a nivel nacional relacionada a los comicios de abril. En ella, sólo tres candidaturas se disputan efectivamente el pase al balotaje de la segunda vuelta: Yohny Lescano(15,6 %), George Forsyth(13,1%) y Verónika Mendoza(11,2%), siendo los únicos candidatos que superan el 10% de las preferencias.
Hemos dicho que las encuestadoras nacionales trabajan en pared con los medios de comunicación. Hasta ahora, la estrategia respecto a las candidaturas anti-sistema ha sido la de invisibilizar, opacar, confinarlas en el montón, lo más que se pueda. Pero si las adhesiones a Verónika Mendoza comenzaran peligrosamente a crecer, la siguiente táctica sería la demolición y la condena sin ambages. Por supuesto, en todo lo que va de la campaña electoral, temas capitales para nuestro país como la necesidad de una nueva Reforma Agraria, el aumento de impuestos a las multinacionales o el rompimiento de los monopolios en la fabricación y comercio de las medicinas, no se dice una sola palabra.
Por todo lo anterior, no es de extrañar que, de acuerdo a un estudio realizado por la Pontificia Universidad Católica del Perú(PUCP), quien encabeza el mayor número de apariciones en los medios, entre los candidatos a la Presidencia, ya sea en entrevistas personales, virtuales, telefónicas o del recorrido de campaña, es Rafael López Aliaga con 27 apariciones, en tanto que Verónika Mendoza solo llega a 7. En la entrevista que le hizo Nicolás Lúcar, en Exitosa, las preguntas que le hizo, solo giraron en torno al grandilocuente e inflamado tema de las agendas de Nadine.
Luego de la publicación de las encuestas por el CELAG, hay que dar por descontada la respuesta funcional de una u otra encuestadora preocupada por no haber acabado aún con la candidata izquierdista, quien sin lugar a dudas, dará pelea hasta el final.




