“A Mariella por ofrecerme siempre su encanto en el día a día en el entendimiento y amor del ogro que soy, a la gente de Umbral, a las almas del Purgatorio y a San Miguel Arcángel…” (M. Cordero).
Por Israel Tolentino
Porque soy como el río Chili, si bajo o subo depende desde el lado del puente de donde me miran; las piedras y el agua silban la melodía que impregnaron mis labios de niño luego de mojar mis pies y sobarlas entre las algas. Con el traje verde iluminado, con el extractor de ideas en la cabeza, cruzo nuevamente entre tus piedras como un desquiciado, resbalando unas veces y sentándome sin querer otras.

Porque el Arte, con la magia de sus cuatro letras se ha apoderado de mi completamente, como el amor de Mariella, y vivo para ese desbordarse, para que cada vez que vuelva a transitar por un puente, sobre la espuma de tu voz sepa yo y el que anda, que el ARTE nace y es como el mar, recorre el Chili hasta la punta de su naciente. Sus corrientes tocan a ese cacharro de la infancia como un camuflaje. El mar no es el morir, todo lo contrario, su agua en forma de nube riega la cebolla en mi mano, riega “CANTOS CONTAMINADOS (Alejandrinos en el río Chili)”. Olvidaba que la vida empezó en mar.
Miguelón, Miguelón, si cada cabeza peruana entendiera tu relación con el Arte, seguramente las hojas como piedras, atracarían en las orillas del río Chili formando un terraplén de donde, con el cuerpo sin ropas, aventarse a la primera corriente y ser espuma entre las piedras.
La obra de Miguelón (en esta construcción fonética, el nombre abarca mejor la dimensión corpórea de Miguel Cordero), tiene presente lo colectivo, el tú a tú, no construye en un taller donde hay un jefe, la obra son todos, cumple una función: sirve para vivir. Muertos los seres que se dan vida, se entierran juntas, hasta el fin de los tiempos. Difícil imaginar el mundo precolombino plagado de obras hechas para atiborrar museos.
Solamente en esta geografía latinoamericana, desde México hasta el estrecho de Magallanes y tal vez las crestas de la Antártida, se puede cruzar uno con los habitantes que aparecen en las enciclopedias de los amanuenses o esas colosales construcciones que algunos idiotas, locales y foráneos, les achacan a los extraterrestres bajados en ovnis (curiosos seres interplanetarios que, con alta tecnología, vienen a construir en piedra y medir con sus manos).
Miguelón responde preguntas oportunas, aunque en el arte las preguntas siempre son todo lo contrario. Quitarle esa “seriedad al protocolo” poniendo en juego la vida. A la pregunta de Alfredo Quenta: ¿Halla alguna relación de su arte con la sociedad? ¿Cuál? “No hago otra cosa que tener una existencia errática, fallo tras fallo, en una perpetua persecución, por algo que me supera, esa sistematización en la derrota es la perla de la ostra o el estofado del correcaminos (…) el fracaso es la naturaleza propia de la actividad artística”.

Pachachaki es un reto de altura, donde los más de 100 kg. De carnes aderezadas de Cordero llevan al extremo los latidos de su rojo corazón. Como cuando de un sopetón termina en las aguas bajo cero del Titicaca y sobrevive a tal proeza. Dejar la vida en cada impronta, diciendo al espectador: hacer Arte es mucho más que todas aquellas ideas y prácticas reduccionistas donde se afianzan una en desmedro de otra, contra el consumo que busca fetichizar toda práctica. La emboscada de Pachachaki, un gusano amarillo tejido de runas cantando y bailando. Proeza que aflora desde la inocencia del niño Miguelón, un hatun guagua pisando el cielo.
Un año de emociones y entre ellas Eielson en el corazón y el hueso. Amarillo, amarillo, amarillo, … (recita Rodrigo), como el tañido de una dorada María Angola. Un video de Miguelón, con una máscara endeble y precaria como la política del país de cada día; Eielson vuelve con su máscara azul iluminada de astros infinitos, como en las fotografías del James Webb, recordando lo que es

Ser artista: es acariciar mujer e hijos /Como si fueran telas y pinceles / Es acariciar telas y pinceles /Como si fueran armas de combate /Es acariciar armas de combate /Como si fueran tubos de colores / Es acariciar tubos de colores /Como si fueran pájaros vivos … (Pozuzo, diciembre 28 del 2023).




