El reto de convertir las promesas en gestión

La conferencia del gobernador Antonio Pulgar Lucas ofreció un balance administrativo que, más que disipar dudas, evidenció la distancia entre el discurso político y la realidad que viven los ciudadanos. En un contexto de obras paralizadas y cuestionamientos por baja ejecución presupuestal, Huánuco no necesita más cifras en el aire: necesita resultados tangibles y una gestión que recupere la confianza pública.
Pulgar insistió en que los retrasos obedecen a “procesos administrativos y judiciales complejos”, atribuyendo las limitaciones a herencias de gestiones pasadas. Sin embargo, tras casi tres años de mandato, ya no basta culpar al pasado. La lentitud en proyectos emblemáticos como el Malecón Alomía Robles o el anillo vial refleja más que obstáculos burocráticos: muestra una estructura estatal que aún no logra reactivarse ni articular respuestas efectivas frente a la demanda ciudadana.
Durante la conferencia, el gobernador presentó una lista de obras en ejecución, asegurando que la inversión regional alcanza un 97%. No obstante, la falta de documentación que respalde estas cifras debilita la credibilidad del mensaje. La transparencia no se construye con declaraciones, sino con datos verificables, informes públicos y fiscalización ciudadana.
El debate no debe centrarse en la cantidad de obras anunciadas, sino en la calidad, pertinencia y sostenibilidad de las mismas. La población tiene derecho a saber cuánto cuesta cada proyecto, qué plazos se manejan y cómo se distribuye el presupuesto. Es hora de superar la cultura de la opacidad que ha caracterizado históricamente la gestión regional.
Los indicadores del Instituto Nacional de Competitividad Regional (INCORE) y de la Asociación de Exportadores (ADEX) colocan a Huánuco entre las regiones con menor dinamismo económico. Este rezago no puede maquillarse con promesas de crecimiento ni comparaciones optimistas. Mientras no existan políticas claras de inversión en infraestructura, educación y salud, la brecha con otras regiones solo se ampliará.
Pulgar tiene razón en algo: “ordenar la casa” es necesario. Pero ordenar no significa detener. Significa planificar con visión técnica, fortalecer equipos profesionales y garantizar continuidad en los proyectos más allá de los ciclos políticos. La región no puede seguir repitiendo el patrón de obras iniciadas y nunca concluidas.
Los ciudadanos no esperan discursos de autoelogio ni excusas institucionales, sino un liderazgo que escuche, rinda cuentas y ejecute con eficacia. Huánuco necesita autoridades que asuman los problemas estructurales sin maquillarlos, que reconozcan los errores y que coloquen la transparencia como eje de gobierno. Porque el desarrollo no se mide por conferencias, sino por obras que transformen vidas.