En la vasta crónica del Perú, las narrativas más impactantes son aquellas que, más allá de relatar eventos pasados, resuenan con nuestra identidad nacional. En un país marcado por conflictos y heroísmo, la Guerra del Pacífico emerge como un período definitorio, un crisol donde se forjaron mitos y se consagraron figuras como Francisco Bolognesi. La memoria colectiva se nutre de testimonios que enlazan el presente con aquel pasado convulso, ofreciendo perspectivas únicas sobre el sacrificio y el patriotismo. En este contexto, la historia de Telésforo Quirita, un anciano arequipeño, adquiere una relevancia particular, no solo por su longevidad sino por su presunta participación en la defensa del Morro de Arica.
Según la investigación publicada por El Comercio, en mayo de 1959, este diario encontró a Quirita en Arequipa, un hombre que decía haber nacido alrededor de 1840 y que afirmaba ser un sobreviviente de la Guerra del Pacífico, además de testigo directo de la gesta de Bolognesi. A casi un siglo y medio de la batalla, su figura representa un vínculo tangible con ese momento crucial de la historia peruana, un relato que se suma a los esfuerzos de historiadores y cronistas por comprender la magnitud de aquel conflicto.
La historia de Quirita trascendió la mera anécdota cuando los periódicos locales dieron a conocer su búsqueda de un hijo perdido. Su testimonio reveló que, siendo un joven soldado, presenció la histórica respuesta de Bolognesi al emisario chileno, Juan De la Cruz Salvo, un momento que se grabó en su memoria como un símbolo de la determinación peruana. Recordemos que la Colecta Nacional Pro Marina, un esfuerzo por fortalecer la defensa marítima del país, movilizó a la población en ese mismo periodo, lo que subraya el fervor patriótico latente en la sociedad peruana de la época. Esta colecta se daba en un contexto de tensiones geopolíticas y la necesidad percibida de modernizar la flota nacional.
Quirita vivía modestamente en Miraflores, Arequipa, rodeado de imágenes religiosas que evocaban sus raíces y creencias. Su testimonio, recogido por el corresponsal de El Comercio, reveló una memoria sorprendentemente lúcida, capaz de evocar detalles de la batalla y el liderazgo de Bolognesi. Describió al coronel como un hombre de mirada firme, un líder que inspiraba confianza y respeto, una imagen que coincide con la percepción idealizada que se tiene de este héroe nacional. A pesar de su avanzada edad, Quirita se mantuvo comprometido con el bienestar del país.
El anciano recordaba a sus compañeros caídos en Arica, los capitanes Montoya y Galdós, y el horror de la batalla, las voces, los gritos, el olor a pólvora, elementos que conformaban un recuerdo imborrable. Este evento bélico, ocurrido el 7 de junio de 1880, representó un punto de inflexión en la Guerra del Pacífico, un sacrificio que marcó profundamente la identidad nacional. La defensa del Morro de Arica se convirtió en un símbolo de resistencia frente a la adversidad, un episodio que sigue siendo conmemorado con fervor patriótico.
Conmovido por la Colecta Pro Marina, Quirita donó sus escasos ahorros, mostrando su compromiso con la defensa del país. Su gesto, rechazando la devolución del dinero ofrecida por el periodista, reflejaba un sentido del deber arraigado y un profundo amor por la patria. Más allá de su participación en la guerra, la historia de Quirita revela una faceta humana particularmente conmovedora: la búsqueda de su hijo Víctor, quien se había enrolado en la Marina siendo joven y de quien no había tenido noticias desde entonces.
Este anhelo constante, la esperanza de reencontrarse con su hijo, marcó sus últimos años. A pesar de vivir bajo el cuidado de una familiar, Quirita se negaba a ser una carga y se aventuraba por las calles de Arequipa, siempre con la esperanza de encontrar a Víctor. Su muerte, en soledad, selló una vida marcada por el sacrificio, la memoria de la guerra y la búsqueda de un hijo perdido. La historia de Telésforo Quirita, aunque envuelta en cierta incertidumbre sobre la veracidad de su edad y su participación en la batalla, nos recuerda la importancia de preservar la memoria histórica y honrar a aquellos que dieron todo por el Perú.




