En el vasto lienzo de la historia peruana, existen relatos que trascienden la mera narración de eventos pasados, resonando profundamente en la construcción de nuestra identidad nacional. Tal es el caso de la historia de Telésforo Quirita, un anciano arequipeño cuya existencia, según afirmaba, se remontaba a 1840, convirtiéndolo en un presunto sobreviviente de la Guerra del Pacífico y testigo de la gesta heroica del Morro de Arica. Este 7 de junio de 2025 se conmemorarán 145 años de aquel enfrentamiento crucial, y la figura de Quirita emerge como un vínculo tangible con ese episodio emblemático. El contexto histórico de la Guerra del Pacífico, un conflicto que marcó profundamente la sociedad peruana, resalta la importancia de preservar y recordar testimonios como el de Quirita. La defensa del Morro de Arica, liderada por el coronel Bolognesi, simboliza el sacrificio y la resistencia ante la adversidad, valores que siguen resonando en el imaginario colectivo nacional. Arequipa, la ciudad natal de Quirita, jugó un papel importante durante la guerra, proveyendo recursos humanos y materiales para la defensa del país.
Según la investigación publicada por El Comercio, el hallazgo de Quirita se produjo en mayo de 1959, cuando el diario Decano se hizo eco de una noticia publicada previamente por periódicos locales arequipeños: “Anciano de 119 años busca afanosamente a su único hijo”. Lo que inicialmente parecía una historia más sobre el abandono en la vejez, pronto se reveló como un testimonio invaluable de un pasado bélico que marcó el destino de la nación.
Este anciano, de andar lento y mirada añeja, afirmaba haber sido partícipe de la Guerra del Pacífico (1879-1883) y, aún más significativo, haber conocido personalmente al coronel Francisco Bolognesi, el héroe que pronunció la célebre frase: “Tengo deberes sagrados que cumplir y los cumpliré hasta quemar el último cartucho”. Quirita aseguraba haber escuchado esas palabras directamente, siendo uno de los primeros en conocer la respuesta de Bolognesi al ultimátum chileno, transmitido por el mayor Juan De la Cruz Salvo.
En aquellos días de mayo de 1959, el país se encontraba inmerso en la Colecta Nacional Pro Marina, una iniciativa impulsada por El Comercio y otras instituciones patrióticas con el objetivo de fortalecer la defensa marítima del Perú. La campaña buscaba recaudar fondos para adquirir unidades navales y equipamiento, reconociendo la importancia estratégica del mar como frontera. La participación ciudadana fue masiva, con escolares, comerciantes y familias enteras volcándose a las calles para recolectar donaciones. Fue en este contexto que un corresponsal del diario El Comercio en Arequipa se encontró con Telésforo Quirita, un anciano de aspecto frágil, pero con una memoria prodigiosa.
Quirita residía en una humilde casona del distrito de Miraflores, en Arequipa. Allí, en un cuarto impregnado de un aroma a cera y devoción, rodeado de imágenes religiosas heredadas de su madre, compartió su historia con el periodista de El Comercio. A pesar de su voz tenue y cansada, su mente permanecía lúcida, recordando con claridad los eventos de su juventud. “Yo vi a Bolognesi”, afirmaba con convicción. “Tenía una mirada firme, era de las personas que no bajaban la cabeza”. Según su relato, Quirita tenía 39 años cuando marchó con su batallón hacia el sur, enfrentando las dificultades del terreno y la desolación de la guerra.
El exsoldado recordaba a sus capitanes Montoya y Galdós, así como a sus compañeros caídos en Arica. Si bien no podía precisar la fecha exacta de la batalla, evocaba con nitidez los sonidos, los gritos, el olor a pólvora y el estallido final. La batalla de Arica, librada el 7 de junio de 1880, se convirtió en un símbolo de resistencia y sacrificio frente al avance chileno. En ella perdieron la vida oficiales como Francisco Bolognesi, José Joaquín Inclán, Ramón Zavala, Benigno Cornejo, Juan Guillermo Moore, Alfonso Ugarte y el joven cabo Alfredo Maldonado, de tan solo 16 años, junto con cientos de soldados peruanos.
“Solo quienes hemos visto desangrar a la patria conocemos el hondo significado que tiene esta iniciativa”, expresó Quirita en referencia a la Colecta Pro Marina. A pesar de contar con apenas cinco soles en el bolsillo, los donó sin dudar. El periodista, conmovido por su gesto, intentó devolverle el dinero, consciente de que representaba su sustento para varios días. Sin embargo, Quirita se ofendió y preguntó indignado: “¿O es que mi dinero no vale?”. Con manos temblorosas, pero con una profunda satisfacción en su rostro, el anciano entregó su contribución al país que había defendido en su juventud.
La historia de Telésforo Quirita también revelaba una faceta humana y conmovedora. Había tenido un único hijo, llamado Víctor, quien se alistó en la Marina siendo adolescente, inspirado por el mismo amor patrio que había motivado a su padre. Sin embargo, Quirita no había vuelto a saber de él desde entonces. “Lo he esperado todos los días”, confesaba, mirando por la ventana de su humilde hogar: “Miro la calle y creo verlo, pero siempre es otro”. El anciano vivía al cuidado de una “sobrina”, aunque se negaba a ser una carga para ella, saliendo a las calles de Arequipa con la misma determinación con la que había combatido en el sur. Nunca pidió nada para sí mismo, solo anhelaba tener noticias de su hijo perdido.
Con el paso del tiempo, la vida de Telésforo Quirita se fue apagando. El Comercio no logró encontrar a Víctor, ni en ese momento ni posteriormente. Quirita falleció poco después en Arequipa, manteniendo viva en su memoria el recuerdo de Bolognesi, la guerra, la bandera y ese hijo ausente. Su historia, rescatada del olvido, nos invita a reflexionar sobre el valor de la memoria histórica y el legado de aquellos que defendieron nuestra patria. Telésforo Quirita se fue en soledad, pero su testimonio perdura al conmemorarse el 145 aniversario de la batalla de Arica, donde este soldado raso dejó una parte importante de su vida.




