EL REINO DE LA NOCHE, en la poesía de Ronald Mondragón

Escrito por: Samuel Cárdich Ampudia

Cuervos en la noche, de Ronald Mondragón Linares, es un libro de poesía que enfoca la nocturnidad, el Reino de la Noche, ese espacio sombrío donde se  mueven los malos presagios y el misterio, el lugar donde se produce el crimen y se refugia el mal, que parece esperar como un animal agazapado el momento crítico de un descuido para saltar sobre su víctima. La noche es el ambiente que propicia situaciones complejas y diversas que van desde la evocación a la mujer amada hasta el erotismo, entendido como goce, desde el silencio de las horas taciturnas hasta el silencio total de la muerte, asunto que se repite con alusión directa o indirecta en las páginas del libro.

Si bien por el título, los cuervos deberían ser los seres protagónicos del poemario, es la noche, con sus asechanzas y sus personajes siniestros, la que se erige en tema principal y se extiende a lo largo del discurso poético. Los cuervos, en cambio, son los propiciadores de la noche, aves que van en “busca de lo oscuro”, (poema 1, verso 15), pájaros que “detienen  el silencio” (3-11)

En el libro, la noche es tangible y está corporizada, tiene boca y dientes, espía la acción de los hombres con fines protervos, buscando su desgracia.  “La noche es una ruina antigua y desgastada que anida cuervos”, dice el autor, y luego explica su predilección por ella, debido a su tendencia a ser “un solitario filósofo de las extensiones negras”. Sin embargo, la noche es, curiosamente y al mismo tiempo, inasible e indefinible, tanto que el poeta ensaya varios epítetos para fijar su naturaleza: “tañido de indecisas campanas”, la califica, “avance de torpe reptil”, para finalmente desistir, dejando abierta y en suspenso la posibilidad de descifrarla.

A lo largo del libro y tal como el mismo autor lo confiesa, se descubre una atmósfera que viene de Edgar Allan Poe, el poeta y narrador de amores desdichados, gran bebedor, que solía extraviarse asimismo por los paraísos artificiales de los alucinógenos. Pese a ello, la relación del libro de Mondragón con la temática que abordó el autor norteamericano, es solo casual y funciona más como una adhesión al simbolismo de la noche y a la representación del cuervo como ave siniestra, mensajera de la fatalidad, que Poe privilegia en algunos de sus poemas y cuentos.

En su estructura externa, Cuervos en la noche, está dividido en tres secciones: Naturaleza de la noche, Lid de cuervos e Infierno o condenación. Sin embargo, pese a las divisiones que incluye, el libro es unitario de principio a fin, en cuanto se refiere al estilo y a la temática que aborda.

Quizás la característica más destacable del libro sea la brevedad de los poemas, en cuanto al número de sus versos y, también, al tamaño de ellos, pues, por lo general, se trata de versos cortos que expresan de modo sucinto imágenes e ideas. Habiendo abordado un tema que se presta, por lo general, a un amplio desarrollo, Mondragón ha optado por escribir una poesía comprimida y sumamente lírica. Desde nuestro punto de vista, la última sección del poemario es la que con más notoriedad tiene estas características, y se destaca de las otras dos, por su penetración en la nocturnidad que conllevan ciertas circunstancias existenciales que se ven, de pronto, transfiguradas por un hecho de apariencia intrascendente, pero que oculta una naturaleza siniestra, tal como lo grafica el propio poeta cuando hace referencia al tañido de una campana que conmueve el crepúsculo con su sonido aparentemente inocente, pero que puede incluir, además, una amenaza velada o el anuncio de una muerte.

Al final del libro, es cuando recién el Cuervo, como personaje aludido simbólicamente, devela su verdadera índole: en realidad, no es un ave siniestra en sí misma, sino una alegoría de la perturbación del espíritu humano, aquejado por la noche que lo empuja al mal y termina paralizando su acción con sentimientos de culpa y caídas en la angustia, haciéndole aspirar el descanso y la calma, a fin de llegar a escuchar en la noche el tranquilizante y reparador “estoico silencio de los árboles” (poema 39, verso11). El poeta al no hallar el oasis que lo salve del caos, despotrica contra la poesía que le ha servido de vehículo para expresar su estupor y su queja, pero se corrige de inmediato y la exalta y termina, otra vez, en la confesión existencial que afecta su espíritu: la poesía es salvación y perdición, al mismo tiempo; es paz y conflicto; primavera olorosa y hediento vapor de alcantarillas.

En su conjunto, Cuervos en la noche, es un buen libro de poesía. Escrito de manera sintética y modelado con paciencia de orfebre, expresa los desgarramientos del espíritu, y por su calidad se incluye dentro de los mejores libros de poesía que se han publicado en nuestra región en las últimas décadas.