Escrito por: Jorge Farid Gabino González
Escritor, articulista, profesor de Lengua y Literatura
Ahora que demostrada está la veracidad de los audios presentados por Fernando Olivera, escuchas en las que se pueden apreciar con toda claridad las coordinaciones realizadas por el tristemente célebre ex-asesor presidencial Vladimiro Montesinos a efectos de sobornar a los miembros del Jurado Nacional de Elecciones para favorecer a Keiko Fujimori, quien, como ya se sabe, fue derrotada por Pedro Castillo el pasado 6 de junio, aún cuando un amplio sector de la población se siga resistiendo a aceptarlo, ¿Habrá alguien con dos dedos de frente que todavía no esté convencido de que el tan mentado fraude de que se ha venido hablando desde que el fujimorismo tomó conciencia de que había perdido en las urnas, se habría estado dando, sí, pero no ya de parte de Perú Libre sino de Fuerza Popular?
Y es que, si existe algo respecto de lo que ya no cabe ni la más mínima duda, es del hecho de que las sucias manos del otrora hombre fuerte de la dictadura fujimorista han estado metidas en el proceso electoral, y solo las investigaciones habrán de determinar, si acaso, desde cuándo y en qué medida. Porque lo revelado por las conversaciones sostenidas entre Vladimiro Montesinos y el militar en retiro Pedro Rejas, están lejos de ser solo una bravuconada idiota de quien no tiene nada mejor que hacer, una mera y ridícula muestra de alarde de poder de quien se sabe disminuido en sus fuerzas, como algunos políticos y medios de prensa han estado esforzándose en hacernos creer, para restarle importancia al asunto. Todo lo contrario. Pues lo que son, más bien, es la prueba real y patente de que Montesinos ha continuado participando activamente en la política del país como si no hubiese estado jamás tras las rejas.
Claro que tampoco es para que nos sorprendamos demasiado, para que hagamos drama, para que nos rasguemos las vestiduras. Que en el Perú, para nadie es un secreto, que el estar recluido en un establecimiento penitenciario no ha sido jamás impedimento ninguno para que se continúe llevando, casi, casi, la misma vida que se llevaba en la calle. Para muestra, tenemos los innumerables casos de delincuentes comunes que, aún estando tras las rejas, han continuado realizando sus fechorías prácticamente como si estuviesen libres; y esto, claro está, con la complicidad, ya sea por acción u omisión, de los llamados a velar porque este tipo de cosas no ocurran: el propio personal del INPE.
Por lo que enterarnos de las “gestiones” de Montesinos para torcer la voluntad popular expresada en las urnas, en virtud de las decisiones que podría tomar el Jurado Nacional de Elecciones respecto de la aceptación de los recursos presentados por la Fuerza Popular para anular alrededor de 200 mil votos, no debería extrañarnos en absoluto, máxime si tenemos en consideración que el ex-asesor presidencial podrá estar derrotado, pero no acabado. Ya que el poder casi ilimitado, que otrora lo acompañó durante la década del noventa, no sólo no ha desaparecido por completo, sino que además se constituye en la llave inmejorable para abrir las puertas que proponga. Pues si hay alguien que conoce mejor que nadie el grado de corrupción existente en las instituciones del Estado, y, en consecuencia, cómo esto puede jugar a favor de sus intereses, es él.
De modo que en lugar de andar perdiendo el tiempo en discutir si el contenido de las conversaciones de Montesinos ha sido manipulado para afectar a la señora Keiko Fujimori, como insisten en afirmar los defensores de Fuerza Popular, lo que las autoridades, y con ellas los organismos internacionales que siguen de cerca el desenlace que habrá de tener el proceso electoral en nuestro país, deberían hacer es determinar el grado de “participación” que tuvo aquel no solo en el balotaje, sino también en la primera vuelta electoral. Y es que es un hecho, que en estas elecciones presidenciales hemos tenido la mano negra del montesinismo. De qué manera y en qué medida es algo que todavía estamos lejos de poder siquiera vislumbrar.
Así las cosas, ¿tendremos los peruanos que seguir tolerando el asqueroso silencio con el que un amplio sector de la prensa busca minimizar las dimensiones del escándalo que significa la presencia de Montesinos en el proceso electoral? ¿Estaremos, acaso, asistiendo al retorno triunfal del ex-asesor presidencial? ¿Será este un presagio de los tiempos nefastos que se nos avecinan? En cualquier caso, y habiendo pasado ya más de dos semanas desde los comicios presidenciales del 6 junio, el que los miembros del Jurado Nacional de Elecciones (JNE) se hayan visto envueltos en la posible comisión de actos ilícitos no le hace ningún favor a un proceso electoral que ya de por sí se ha visto envuelto en una estela de sospechas y suspicacias que lo único que están logrando es afectar sensiblemente a nuestra débil democracia. Y ni que se diga del desprestigio y falta de legitimidad que a la corta o a la larga acabarán arrojando sobre quien sea elegido finalmente como el próximo presidente del Perú. En buen cristiano, ni más ni menos que el pretexto perfecto para la consumación del tan temido golpe de Estado.




