Escribe: Ronald Mondragón Linares
- Tendencia a la sobriedad: La sobriedad es un rasgo esencial en la narrativa de la novela “No se suicidan los muertos” como característica general referida al conjunto de la obra (disposición del autor en el manejo del lenguaje, la presentación, el volumen y la extensión de los hechos e incluso en el punto de vista crítico o reflexivo del narrador omnisciente) y también como característica particular (tono, forma). En ambos casos, tanto a nivel general como específico, la sobriedad se impone en el discurso narrativo de Pavletich, atributo entendido como manejo en el equilibrio estético de fondo y forma, que se aleja de los extremos y busca la elegancia y la moderación en el cómo decir y expresar los contenidos.
- e. Carácter de causalidad: Como en toda obra de trasfondo histórico-social, la causalidad es un atributo inmanente, porque todos los hechos que se presentan tienen una causa directa e indisoluble a ellos, solo dicha causa y de ningún modo otra que los explique. En el marco general, la opresión que sufren los campesinos y los indios en la hacienda “El triunfo” se debe a una sola causa: la implantación de un brutal sistema de explotación y servidumbre impuesto por el hacendado Aníbal Morand. Y el destino que sufren los personajes, como Apolinario Torrejón, el capataz “Casha” y el propio Durand, tienen sus propias causas específicas.
- Finalidad u objetivo práctico: En este tipo de obra-realista y más aún indigenista-, la finalidad del autor es transparente: denunciar ante la sociedad una forma de explotación social y de trabajo no solo arcaica-una forma de esclavismo en la segunda mitad del siglo XX-, sino genocida y atentatoria contra los principios más elementales de derechos humanos. Esta finalidad implica que el autor va más allá de la simple denuncia y orienta su creación hacia un compromiso político, que busca cambios estructurales en una sociedad como la peruana y también se dirige, al mismo tiempo, a una labor sistemática de concientización, vale decir, de internalizar en la conciencia ciudadana y de la opinión pública determinados principios que buscan, en última instancia, la instauración de un nuevo tipo de sociedad o, al menos, de cambios sociales fundamentales.
Establecida la caracterización general e identificadas las características realistas en la obra, presentaremos a continuación los resultados concernientes al nivel de influencia del realismo decimonónico en el estilo, en las técnicas y en la temática de la novela.
Con relación al estilo empleado en la novela “No se suicidan los muertos”, no se advierte en él una influencia determinante ni significativa en cuanto a la construcción oracional y de enunciados o cláusulas oracionales. La escritura de Pavletich, en este sentido, se orienta al estilo periódico, es decir, a un estilo marcado por el uso de oraciones compuestas enlazadas por distintos tipos de conectores, de considerable extensión. Sin embargo, este uso gramatical del lenguaje no se inscribe en una historia densa y vasta como en las novelas del siglo XIX, sino que se articula a una sobriedad y sencillez del estilo en relación a la utilización de recursos retóricos y figuras literarias, así como a la gravedad y formalidad clásicas del estilo empleado por el autor según el tono del discurso. (4). De esta manera, podemos afirmar que la línea general del estilo de la novela está marcada por una elegante sobriedad, enemiga de los excesos, y que no se pierde, aun en los momentos y en las situaciones de descarnado realismo y pavorosa intensidad dramática.
En cuanto a las técnicas que emplea Esteban Pavletich en la novela, se emplean aquellas directamente asociadas a los hallazgos de la narrativa contemporánea, más que las técnicas y las estrategias narrativas del realismo típico del siglo XIX. En efecto, nuestro autor hace uso de las siguientes técnicas, que se relacionan al punto de vista del narrador y al empleo del tiempo:
- Uso alternado del narrador omnisciente y del narrador protagonista: El narrador omnisciente es el narrador por antonomasia del siglo XIX. Este es el narrador de la primera parte de la novela, en la cual hace una retrospectiva de la vida familiar y política del protagonista, Aníbal Morand, a través de algunas estampas familiares y descripción de rasgos personales esenciales. Tal presentación del personaje, mediante el narrador en 3° persona, es utilizada por el autor para acercarnos al tenebroso lugar-la hacienda “El triunfo”- que contiene el meollo temático de la obra. En la segunda parte, se abandona al narrador omnisciente y se da paso al narrador protagonista o de perspectiva absoluta. Como tal, inicia la narración en primera persona el personaje Apolinario Torrejón, con el conocimiento total de los hechos que le brinda el ser partícipe y protagonista de ellos. Esta narración, se nos advierte, está transcrita de un manuscrito hallado accidentalmente. (5). Terminada esta transcripción, vuelve el narrador omnisciente para contarnos el final de la historia y el destino de los otros personajes.
b. Superposición de planos narrativos y rompimiento cronológico: Ambas estrategias narrativas sólo pueden entenderse con total claridad si las enfocamos en su íntima conexión, pues entre ellas hay una relación de interdependencia. Entre la primera y la segunda parte de la obra se superponen distintos planos, porque pertenecen a situaciones temporales y espaciales distintas. En relación a los hechos narrados, se puede decir que el único punto de conexión entre la primera y la segunda parte es la referencia a la propiedad y al control de la hacienda, ejercidos como sabemos por el hacendado y político Aníbal Morand. Esta superposición de planos narrativos disímiles (una visión anecdotaria, personal y familiar de un protagonista y el registro diario de los padecimientos que narra otro protagonista) se da precisamente por una razón temporal: en la primera parte, el narrador omnisciente nos ofrece un recuerdo o una remembranza reflexiva de un personaje; mientras que en la segunda parte el narrador vive y cuenta terribles hechos que suceden en el presente. Un plano corresponde al pasado y tiene un serio tono de reflexión; el otro, corresponde al presente y presenta un tono patético y marcado por el sufrimiento.




