EL PUEBLO CLAMA JUSTICIA Y TRANQUILIDAD

LA VOZ DE LA MUJER

Por: Denesy Palacios Jiménez

25.3.25

El Perú se desangra, los pocos que acceden al trabajo digno se ven amenazados y tienen que pagar para poder sobrevivir, es decir, hemos llegado a límites increíbles de sobrevivencia, y esto parece importar tan poco al Congreso de la República y al Poder Ejecutivo, los primeros en tratar de ganar cada vez más hipotecando nuestros recursos naturales. Ahora hasta las reservas naturales y el patrimonio cultural lo quieren ofertar a las empresas extranjeras, caso Paracas, para ellos gozar de las jugosas coimas. El pueblo, sumido en la miseria y en la inseguridad más grande, no encuentra respuestas al clamor de atención; el juego político se ha convertido en el juego por el control del poder para poder enriquecerse más. Pues hasta ahora no vemos ninguna norma contra el enriquecimiento ilícito de quienes han ostentado cargos públicos como congresistas, autoridades, ministros o los hijos de los gobernantes; solo a los últimos presidentes los tienen sindicados, pero sobre ello hay muchos más, que son los desesperados por no dejar el poder, el control y el gobierno para seguir haciendo de las suyas. La situación se vuelve insostenible; nos vemos con cambios de ministros que, cada vez, lejos de tener un CV meritorio, tienen denuncias por actos de corrupción en épocas de pandemia, es decir, un perfil de delincuentes. Por supuesto que, lejos de atender las demandas de la población peruana, lo único que vemos es el fortalecimiento de la corrupción y las organizaciones criminales que, cada vez con mayor fuerza, cobran víctimas en la población sana y trabajadora.

¿Lamentablemente estos hechos de sicariato, extorsión, los vemos extenderse en forma vertiginosa por todas las regiones y todavía sale una señora llamada Patricia Suárez a pedir diálogo antes que marchas, para que ellos aboguen ante la Policía y los pueda atender cuanto antes? ¿Qué piensa esta señora, que tenemos que ir de rodillas a decirles que cumplan con su función? Que las víctimas suman ya miles, y que si el pueblo no se organiza para exigirles que cumplan con su función, lo único que hacen es acaparar el presupuesto nacional como si fueran trabajadores públicos de carrera, puesto que como congresistas no deberían tener sueldos eternos, ni viáticos, ni gastos de representación, porque usufructúan el presupuesto que es para el desarrollo del país y combatir la pobreza, la miseria y la inseguridad.

El martes 25 de marzo, por fin, la Presidenta de la República anuncia que adelantará las elecciones para abril del 2026. ¿Qué significa esto cuando tenemos más de 40 grupos políticos —porque no podemos llamarles partidos políticos— pululando por alcanzar algún escaño para luego negociar el voto? ¿Ese es el tipo de democracia que salvaguarda al pueblo? Por supuesto que no.

Si las atenciones fueran para salvaguardar a la población y nos brindaran seguridad, trabajo, estabilidad política, no sería necesario que se organizaran marchas por la paz, fomentadas mayormente por pequeños comerciantes, nuestros artistas y cantantes, y hasta nuestros emolienteros que se ven envueltos en estas amenazas que no hay cuándo parar. Bueno, tenemos ministros que más parecen escuderos de la época medieval. Lo que tenemos que entender los peruanos y peruanas: no repetir el mismo plato, no apoyar a los que se enriquecen con el dinero del pueblo peruano, no apoyar a los grupúsculos porque su objetivo es negociar. Tenemos que apostar por cambios sustanciales si queremos la paz, porque el terrorismo de derecha que vivimos, producto del terrorismo de izquierda insana, se unen y nos hunden en este caos.

También sepamos distinguir la paja del trigo. ¿Qué ha pasado en estos últimos 40 años? Lo único que crece es la corrupción, el enriquecimiento ilícito, universidades públicas nuevas sin presupuesto que se apuntalan como centros proselitistas porque se convierten en agencias de empleo. Bien, la justicia y la tranquilidad vendrán cuando los peruanos, hombres y mujeres, nos unamos para defender nuestra patria, nuestro legado y nuestros recursos, tanto humanos como naturales y culturales. No más de lo mismo, por favor.