El encuentro en Montjuïc dejó claro que la Champions League no perdona errores ni falta de contundencia. El Paris Saint-Germain, con una estrategia sólida y un despliegue físico notable, superó al FC Barcelona, dejando en evidencia la necesidad de un ajuste táctico por parte del equipo blaugrana. La superioridad del conjunto parisino se manifestó en el campo, silenciando las aspiraciones de un Barça que se vio superado en intensidad y precisión.
Según el reportaje de El País, el PSG acreditó en Montjuïc su condición de campeón de Europa ante uno de los aspirantes más cualificados como el Barça.
El partido se definió no solo por la calidad individual de los jugadores, sino también por la ejecución del plan de juego. El PSG, incluso con ausencias importantes como las de Dembélé, Doué y Kvaratskhelia, demostró ser un equipo reconocible, con una idea clara y una capacidad de adaptación notable. La defensa del Barça, con la inclusión de jugadores como Eric y Cubarsí, buscaba contrarrestar la velocidad de la delantera francesa, pero la presión constante y la “superioridad en el centro del campo”, liderada por Vitinha, terminaron por desequilibrar el encuentro. Es importante recordar que el PSG llegó al partido con la moral alta tras su reciente victoria en la Ligue 1, manteniendo una racha positiva que influyó en su desempeño. Además, el historial reciente entre ambos equipos en competiciones europeas añadió un componente de revancha al encuentro. El cambio táctico del Barça, dejando fuera a Araujo, evidenció la búsqueda de una mayor fluidez en la salida del balón, aunque no fue suficiente para contener el empuje del PSG.
Lamine Yamal, sin embargo, fue una de las notas positivas para el Barcelona. Su desparpajo y habilidad crearon peligro constante en la banda derecha, generando ocasiones claras de gol. La conexión con Ferran Torres, autor del gol blaugrana, fue una de las pocas armas ofensivas del equipo local. No obstante, la solidez defensiva del PSG, con un Zabarnyi atento y un Nuno Mendes recuperado físicamente, logró frenar las acometidas del joven extremo. “La presión alta del PSG”, especialmente en la segunda mitad, ahogó la creatividad del Barcelona, impidiendo que jugadores clave como Pedri y De Jong pudieran imponer su ritmo. La fatiga acumulada y la falta de alternativas en el banquillo terminaron por pasar factura al equipo de Flick. El gol de Gonçalo Ramos, asistido por Achraf Hakimi, sentenció el encuentro y dejó al Barcelona sin opciones de remontada.
El resultado final reflejó la superioridad del PSG en el cómputo global del partido. La intensidad, la precisión en los pases y la solidez defensiva fueron las claves del éxito del equipo francés. Para el Barcelona, la derrota supone un duro golpe y obliga a una reflexión profunda sobre el futuro en la competición. La “necesidad de reforzar el centro del campo” y encontrar soluciones tácticas para contrarrestar la presión rival son aspectos fundamentales para el futuro. El equipo debe aprender de esta derrota y reemprender la senda del éxito en la Champions League.




