Pedro Castillo retomará actividades políticas tras ser diagnosticado con infección en la garganta

El presidente de los pobres

Escrito por: Jorge Farid Gabino González

Escritor, articulista, profesor de Lengua y Literatura

 El encuentro, que mal haríamos en llamar debate, ocurrido el pasado 1 de mayo entre Keiko Fujimori y Pedro Castillo, “flamantes” candidatos a la presidencia de la República por culpa de nadie más que de nosotros mismos, no ha hecho otra cosa que acrecentar muchos de los temores que ya teníamos respecto del autodenominado “candidato de los pobres”. Personaje sui géneris de nuestra impredecible política peruana que, si se mantiene la tendencia en lo que toca a las preferencias electorales durante las próximas semanas, dejará de ser el llamado “candidato de los pobres”, para pasar a convertirse, y con justa razón, en el “presidente de los pobres”; que es ni más ni menos en lo que nos convertiremos todos, absolutamente todos, si la irresponsabilidad, si la insensatez, si la falta de criterio, acaban por hacernos llevar a la presidencia a un individuo cuyas trasnochadas posturas económicas, sumadas a su inocultable cortedad, dejarán al país muchísimo peor de lo que ya se encuentra, lo que no es poco decir.          

Pues bien, lo cierto es que, como veníamos sosteniendo, hemos corroborado una vez más el sobrecogedor grado de ignorancia del señor Castillo en cuestiones de capital importancia para la conducción de los destinos de un país, como lo son, naturalmente, las concernientes al manejo de la economía. Lo que hasta cierto punto podría ser en alguna medida comprensible (un político no tiene por qué saberlo todo), siempre y cuando, claro está, tuviésemos la certeza de que detrás de él se encuentran técnicos cuya trayectoria y solvencia profesionales se constituyan en una suerte de garantía de que se tratarán con responsabilidad las finanzas del país. Pero no. No es el caso. Porque salta a la vista que la constante negativa del candidato Castillo en mostrar a los técnicos que lo deberán acompañar en un eventual gobierno suyo solo puede ser indicativa de que o no los tiene, o son estos, si cabe, tan impresentables como él mismo.

Porque ¿de qué otra manera podríamos calificar, que no fuese de ignorancia supina, al hecho de que el candidato en cuestión haya vuelto a decir, muy suelto de huesos, que de llegar al poder se prohibirá la importación de productos que se elaboren en el Perú, dizque para favorecer a los productores nacionales, si sabido es que con ello solo se lograría el efecto contrario, esto es, que en lugar de hacerle un favor a los productores locales, solo se contribuirá a la escasez de productos y a la reducción de su calidad, al alza de los precios, a la creación de monopolios?

Y es que ¿de qué otro modo podríamos tildar, que no fuese de flagrante incompetencia, al hecho de que se ignore que, con la puesta en práctica de la mencionada prohibición, se terminará desconociendo los compromisos internacionales suscritos por el país en el marco de los tratados de libre comercio, con las nefastas consecuencias que de ello se derivarían para el Perú?

¿Será que nadie le ha dicho al señor Pedro Castillo que al prohibir un gran número de las importaciones que actualmente realiza el Perú, corremos el enorme riesgo de que esos mismos países a los que dejaríamos de comprarles sus productos perderían asimismo todo “interés” en que exportemos hacia sus territorios?

¿O es que el insensato en cuestión es tan ingenuo como para creer que todos esos países hacia los que el Perú exporta hoy sus productos, seguirán acogiendo con los brazos abiertos, a sabiendas de que nosotros estaríamos decididos a dejar de hacer lo mismo respecto de los que ellos producen?

Queda claro, que para hablar solo de esta propuesta, lo ofrecido por el candidato de Perú Libre no pasa de ser puro y deleznable populismo. Ese populismo que lamentablemente gusta tanto a la población, que, lejos de haber aprendido que por ese camino sólo puede esperarnos la ruina, insiste en creer en la viabilidad de lo que en el fondo no pasa de ser pura nadería.

¿Habremos olvidado ya, por ejemplo, lo sucedido durante el primer gobierno de García, en que la irresponsabilidad en el manejo de los dineros públicos por parte del desaparecido expresidente acabó por llevarnos a la peor de las crisis económicas que vivió el país en el siglo XX? ¿Estará el Perú en condiciones de soportar los experimentos económicos a los que lo quieren someter esta tira de desubicados?

¿Terminará siendo nuestra repulsa al fujimorismo tan pero tan fuerte, que nos haga cometer el despropósito de llevar al poder a alguien que solo puede ser garantía de tiempos peores? ¿Habrá llegado, por fin, el momento de la señora Fujimori?

Pues no. Esta vez tampoco ganará Keiko Fujimori, que ya debería pensar seriamente en dedicarse a otra cosa. Y es que todo apunta a que a quien tendremos como presidente del Bicentenario será a nadie más y a nadie menos que al impresentable del señor Pedro Castillo. Quien a partir del próximo 28 de julio dejará de ser “el candidato de los pobres”, para convertirse, como corresponde, en “el presidente de los pobres”.