EL POPOL VUH

Por Dustin Rubina Montoya

La primera vez que oí la palabra Popol Vuh fue luego de que me viera en una de las cabinas de video de mi papá la película “Aguirre, la cólera de Dios” del director Werner Herzog. Yo era bastante chico y la verdad es que me aburrió bastante la película, que ahora se ha vuelto una de mis favoritas. Eso sí, lo que jamás me aburrió fue aquella primera toma en donde se ve a los conquistadores españoles y a los esclavos indígenas bajar por una montaña mientras la niebla se iba disipando y nos íbamos acercando a ellos, acompañado de una música que solo puedo definir como perfecta.

Ese sonido angelical era nada más y nada menos que obra del grupo alemán Popol Vuh, fundado en el año 1970 y que hubo de colaborar en más películas de Werner Herzog, en donde personalmente les recomiendo su trabajo en la banda sonora de la película Fitzcarraldo, otra obra maestra de la música. Ya para ese entonces me parecía curioso el nombre, así que decidí averiguar de dónde venía. Grande fue mi sorpresa al saber que no era un nombre original, sino el de un libro.

Y es que Popol Vuh es algo así como una biblia maya, específicamente del pueblo maya quiché (k’iche’) de Guatemala. Al parecer, su significado traducido al español sería algo así como libro de consejo o comunidad. Una serie de mitos que explican, como suelen hacer los textos religiosos orientales, la historia del mundo, la humanidad, los animales y todo lo que habita en el universo. Eso incluye, claro está, la historia de los dioses y los héroes primigenios.

Quien escribe es un apasionado de las lecturas religiosas. Es más, mi ingreso a la lectura se dio gracias a que descubrí un pequeño libro amarillo llamado “Mi libro de historias bíblicas”, en donde, se podría decir, todo empezó. De ahí es donde posteriormente le agarré el gusto al género cuentístico y pasé a otras lecturas como los mitos y leyendas peruanos, sobre todo a los escritos por el autor César Toro Montalvo, divididos en costa, sierra y selva. Fue en ese camino donde descubrí aquellos mitos de la creación del incanato, como fue la leyenda de Manco Capac y Mama Ocllo, así como la de los Hermanos Ayar.

Fue por eso que mi lectura del Popol Vuh fue en muchos sentidos algo estimulante, ya que, a diferencia, por ejemplo, de la historia de Adán y Eva, creados perfectos por Dios y luego caídos en pecado por la tentación de Satanás, los mitos de esta biblia maya nos enseñan que hasta los dioses tenían problemas para concebir sus propias creaciones, en donde destacan los dos dioses primigenios, Tepeu y Gucumat. Ellos, luego de crear la tierra y los animales, empiezan a maquinar la creación de una especie capaz de brindarles adoración.

Primero fracasan con la creación de los llamados hombres de barro que se deshacían con la lluvia, para luego pasar a los dioses de madera, capaces de tener descendencia, pero incapaces de sentir con el corazón. Hecho que termina por determinar a los dioses primigenios en proceder a su destrucción. No es sino hasta que usando el alimento sagrado de los mayas, el maíz, que finalmente logran empezar a dar forma a lo que se conoce como la raza humana.

De ahí se van explorando otras historias sumamente atrapantes y entretenidas, como son las aventuras de los hermanos Hunahpú e Ixbalanqué, cuyo padre es asesinado por los señores de Xibalbá, superando grandes pruebas, derrotándolos y finalmente convirtiéndose en la luna y el sol. Varias de estas leyendas son de alguna forma un testimonio histórico del pueblo quiche, en donde su linaje y orígenes son tratados de forma bastante didáctica en el libro.

Generalmente, en los colegios y universidades, por lo menos en mis tiempos, suelen recomendarnos los famosos clásicos de la literatura, pero que, desde mi humilde opinión, vienen siempre o de la tradición europea o norteamericana o, peor aún, libros publicados por los mismos profesores (que normalmente nadie lee y muchos menos compra la gente por gusto) y que obligan a sus alumnos a leerlos, siendo estos muchas veces incluidos en los mismos planes lectores. Esto de por sí ya es problemático, ya que considero yo que libros como el Popol Vuh o leyendas del mismo Perú serían fundamentales para iniciarse en la lectura.

Las historias originarias, así como los mitos y leyendas de América Latina, no tienen nada que envidiarles a las historias y relatos medievales y orientales. Pese a que muchos hispanistas insistan en que fue España la que trajo la cultura a nuestro continente (cosa con la que puedo estar parcialmente de acuerdo), no es que no haya habido ningún tipo de cultura o intento de concepción del mundo como tal. Basta con conocer nuestra rica historia para saber y ser conscientes de que este siempre fue un continente de contrastes y de diferentes historias. En ese sentido debemos sentirnos orgullosos de nuestras raíces, sean estas incas o mayas.

Yo personalmente los invito a recorrer este fantástico mundo de los mitos y leyendas americanos. Y digo americanos porque desde hace algún tiempo ciertos actores políticos del norte capitalista entienden América como si se tratara solo de los Estados Unidos. Y pues no, América es más que un solo país. Ya sea en el norte, centro o sur, debemos hacer el esfuerzo por conocer sus tradiciones y costumbres. Como diría el Mahatma Gandhi, histórico líder de la resistencia pacífica de la India, uno no ama lo que no conoce. Solo conociendo algo realmente eres capaz de amarlo y, pues, estamos en ese camino.