Los consumidores tenemos poder. Un poder difuso que ejercemos cada vez que tomamos una decisión de compra. Un poder atomizado, ciertamente, pero poder. La emergencia de las redes sociales ha demostrado que ese poder puede materializarse de forma súbita en forma de boicoteo o de descrédito de un determinado producto. Pero es el mundo real el que nos pone de cara a ejercer ese poder. Debido a que somos un país centralista, nuestros departamentos sufren permanentemente la carencia de algún bien o servicio. Un ejemplo de esto es la Carretera Central, hoy interrumpida por un evento natural, la demanda por utilizar esta vía y la dificultad de hacerlo fue tomada por las empresas proveedoras como una oportunidad de lucro. Inmediatamente aumentaron los precios de sus productos, llámese pasajes aéreos, panllevar, las frutas que vienen de la costa, pollo, limones, etc.
Si bien es cierto que estamos en sistema de libre mercado regido por la oferta y la demanda; también es cierto que existen normas de protección al consumidor con la finalidad de evitar abusos de las grandes empresas. Teniendo esto en cuenta, muchas veces nosotros los compradores nos olvidamos que quien tiene el verdadero poder en el mercado somos nosotros.
Ya se ha demostrado a través de las redes sociales cómo se puede organizar campañas a favor y en contra de las cadenas de supermercados, como se ha visto en los últimos días, en los que algunas cadenas de supermercados triplicaron el precio del agua, en vez de venderla en forma racionada para que todos puedan acceder al necesario líquido.
Con las desgracias que está soportando el país, en la zona centro desde Chaclacayo hasta Matucana, el tránsito se ha visto afectado y como consecuencia el viaje demora más o está restringido o para llegar a la capital hay que ir por otra vía más larga, lo que encarece algunos productos. Ante esto en nuestra región debemos buscar alternativas para nuestro consumo, por lo menos hasta que pase este mal momento, ya que sabemos que las desgracias no duran para siempre. Ante la falta de un ente que eduque a la población para que tenga un consumo inteligente, somos los medios de comunicación los que debemos llenar este vacío. Ante la falta de pollo elijamos menestras, más tubérculos y productos de la zona, Huánuco se ha convertido en una ciudad cevichera, pero no hay que exagerar y consumir un cebiche cuando los limones se han subido hasta las nubes y cuestan un ojo. Igualmente, el pollo que es el alimento básico en nuestras mesas, pero ahora escasea y si lo encontramos de suerte en algún puesto, nos cuesta demasiado.
Hay muchas alternativas para el consumo de alimentos, y las amas de casa siempre sabias, sabrán encontrar la adecuada en cada caso. De esta manera enseñaríamos a los vendedores a no abusar y asumir las consecuencias; es decir, ¿qué harían los que venden productos perecibles como pollo, huevos, pescado o frutas? Si nos les compramos de seguro su producto se le malograría en dos días y tendrían que rematarlos antes de perder todo, y así con otros productos. Debemos aprender a adaptarnos a las circunstancias y a sobrevivir con lo que Dios nos da en nuestra propia zona, de esa manera tendríamos la libertad de elegir. Por nuestra parte estaremos atentos en defensa del consumidor.



