Lic. Miguel A. Castillo Rodríguez*
Gestor público especializado en gobiernos locales
Un político bastante conocido, durante una conferencia mencionó esta frase: “el Perú siempre va a la zaga”. El tema que se trataba en la conferencia era sobre la Revolución Francesa y consecuencias, como la independencia de América. Al mencionar esta frase lo hizo en alusión a la independencia del Perú, pues fue prácticamente el último país en proclamar su independencia del imperio español.
Entonces, ir a la zaga en pocas palabras significa ir detrás o ir con retraso respecto al resto. Si contextualizamos esta frase en un proceso histórico reciente como el ascenso al poder de gobiernos de izquierda desde inicios de este siglo en gran parte de América, en el Perú aún no se ha terminado este proceso.
CONTEXTO REGIONAL
Recientemente, en las elecciones presidenciales de Bolivia, fue elegido un candidato del partido Demócrata, que mantenía un discurso de centro, pero que en los últimos días ha girado significativamente hacia la derecha, terminando con 19 años de gobierno del partido Movimiento al Socialismo (MAS), que tuvo como representante a Evo Morales (2006 – 2019) y actualmente a Luis Arce, habiendo dejado casi en ruinas la economía de Bolivia. En Argentina eligieron a Milei; no hace falta explicar su orientación política, actualmente está tratando de rescatar la economía de su país, que hasta hace poco tenía una inflación del 200%, y Ecuador con Noboa, que es de centro–derecha.
Brasil tiene a Lula, pero esta versión es Lula 2.0; si bien emplea los programas sociales como la base de su discurso socialista, en lo político y económico su orientación ha sido de centro y formando alianzas con sectores de derecha. Nuestro mejor vecino, Chile, eligió a Boric; si bien es de izquierda, hay un abismo de diferencia con sus pares Maduro y Arce. Este busca introducir reformas sociales, no sobrepasa la responsabilidad fiscal y no obstruye la economía de mercado. Chile lidera el índice de competitividad en la región. Colombia, con su presidente Petro, digamos que actualmente lidera el discurso socialista en la región; quiere ser el nuevo Che. Sin embargo, el desempeño económico de su gobierno no es el mejor, corriendo el riesgo de pertenecer a la OCDE. Por último, Venezuela: no hace falta dar mayor explicación sobre Maduro, sus “exitosas” políticas económicas han provocado que 8 millones de venezolanos emigren de su país. Perú es el segundo receptor de migrantes venezolanos.
Después de 20 años de “marea roja”, como algunos han denominado este periodo, los gobiernos en Sudamérica están cambiando progresivamente dejando atrás los gobiernos izquierda–socialistas, claro, con excepciones; pero es indudable que su paso en algunos países ha traído más pobreza, migración, inflación y una fuerte polarización no solo en la sociedad, también en la política.
UNA HISTORIA INCONCLUSA
Al igual que nuestros vecinos, la ola de gobiernos socialistas llegó al Perú. Ollanta Humala fue el primer presidente con orientación de izquierda que ganó la presidencia, pero durante su gobierno cambió su postura radical a moderada. El segundo presidente abiertamente de izquierda fue Pedro Castillo, que llegó al poder mediante el partido político Perú Libre, liderado por Vladimir Cerrón, político marxista-leninista, quienes incluso se declararon como el primer gobierno socialista cuando asumieron el poder. Pero Castillo, durante el segundo año de gobierno, tras intentar dar un golpe de Estado, fue vacado, arrestado y recluido. No acabó su mandato.
Entonces, el Perú hasta la fecha no ha tenido propiamente un gobierno de izquierda o socialista. Si bien esta se ha incorporado en la política peruana, ocupando grandes sectores como el legislativo, ejecutivo, gobiernos regionales y locales, no han logrado ejecutar plenamente su ideario como el cambio de constitución, cambio de la política económica y el control del BCR, entre las más significativas.
Castillo debió ser el quiebre de este proceso, pero el pésimo gobierno que realizó en el primer año de gestión indicaba que el primer gobierno socialista terminaría como sus vecinos: mal, sumándose el Perú al grupo de países devastados como Bolivia, Argentina y Venezuela.
EN LA CUERDA FLOJA
El Perú está en modo equilibrista. En lo político, estamos en constante crisis institucional, con amenazas de destitución, bajo índice de aprobación, protestas y conflictos entre poderes del Estado. En lo económico, estamos expuestos a riesgos como inflación, recesión, aumento de desempleo, fuga de capitales, informalidad y las nuevas formas de emprendimiento: “el sicariato y la extorsión”.
No se observa un panorama favorable para el Perú. Los partidos de “derecha”, atomizados en múltiples grupos, no han logrado consolidar un discurso que haga frente a la izquierda. Del otro lado, la izquierda, siempre fragmentada, al parecer está articulando un frente común, aprendieron de sus errores, pero sus viejos ideales no han cambiado, incluso siguen admirando a Chávez y Evo.
¿HABRÁ FINAL FELIZ?
Qué será del Perú. Mientras nuestros vecinos van moldeando su política local, nosotros seguimos en la contienda; con el inicio de las elecciones presidenciales aún no aparece el candidato carismático, firme y de mano dura que le gusta tanto a nuestro electorado. Lo que generará que el poder se reparta, como ahora, en pequeños grupos, sin posibilidad de mejora, pues cada uno vela por sus intereses y no por los del país.




