Cuando leo a César Hildebrandt, Daniel Espinoza, Pedro Casusol, Leila Guerreiro, o Alberto Guevara, no extraño a Mario Vargas Llosa. Antes que novelista y ensayista literario, Mario Vargas Llosa fue periodista. A los 16 años, empezó en La Crónica. Cuenta Juan Gargurevich, en Mario Vargas Llosa reportero a los 15 años, “que la primera comisión del novato reportero fue cubrir la llegada del nuevo embajador de Brasil a Lima, en el aeropuerto”. Mario tomó apuntes a detalle. La nota periodística apareció en la edición matutina de La Crónica el 13 de enero de 1952. Ahí nació el periodista Mario Vargas Llosa. Recordemos que, en Conversación en La Catedral, Santiago Zavala es un periodista de La Crónica. En Pantaleón y las visitadoras, el Sinchi (Germán Láudano Rosales) es un periodista radial, chantajista, venal y adulador. En La guerra del fin del mundo, el periodista miope completa los reportes de la guerra en Canudos con la ficción; con los anteojos rotos, no ve la realidad objetivamente. En La tía Julia y el escribidor, Varguitas es un periodista de Radio Panamericana, donde también trabaja el “genio de radionovelas” Pedro Camacho. Mario Vargas Llosa dirigió el programa televisivo la Torre de Babel en Pantel.
Acabo de leer El reverso de la utopía. América Latina y Oriente. Obra periodística III (Alfaguara, 2025. 428 págs.); incluye 109 textos periodísticos: reportajes, crónicas, columnas, ensayos políticos. Es el Vargas Llosa involucrado en la realidad histórica, en convulsión social y conflicto entre civilización y barbarie, democracia y autoritarismo, fundamentalismo religioso e ideológico y cultura de la libertad y pluralidad; Mario jamás fue indiferente a las circunstancias, siempre supo verlas con ojos de intelectual crítico y propositivo. “El nuevo enemigo” es una invectiva contra el populismo. Dice: “El comunismo ya no es el enemigo principal de la democracia liberal -de la libertad-, sino el populismo. Aquel dejó de serlo cuando desapareció la URSS, por su incapacidad de resolver los problemas económicos y sociales más elementales, y cuando (por los mismos motivos) China Popular se transformó en un régimen capitalista autoritario. Los países comunistas que sobreviven -Cuba, Corea del Norte, Venezuela- se hallan en estado calamitoso que difícilmente podrían ser un modelo…”. En una carta del 20 de mayo de 1971, firmada por escritores e intelectuales, le dicen a Fidel Castro: “Creemos un deber comunicarle nuestra vergüenza y nuestra cólera. El lastimoso texto de la confesión que ha firmado Heberto Padilla solo puede haberse obtenido mediante métodos que son la negación de la legalidad y la justicia revolucionarias”. Este caso alejó para siempre a Vargas Llosa de la Revolución cubana; se convirtió en un feroz detractor. Escribe en el prólogo Carlos Granés, el compilador: “… los demonios incubados en el reverso de la utopía -el fanatismo, el nacionalismo, el odio sectario, el populismo- andan sueltos, y ahora acechan a la humanidad entera”.
En sus trabajos periodísticos -crónicas, columnas, reportajes, ensayos-, Vargas Llosa identifica un problema social, cultural o político, lo analiza minuciosamente como un experto sociólogo, aplica la lógica de casos y los explica con argumentos que proceden de su vasta formación intelectual y reflexión que concluye en la solución y propuesta. La escritura periodística de Mario luce de intelectualidad, razones académicas, vasta cultura, experticia narrativa, observación puntillista de la realidad, afanosa investigación en libros y en el lugar de los hechos y una lucidez para advertir el porvenir de los acontecimientos. Mario es un brillante y agudo periodista, cuya influencia en las decisiones políticas y culturales es innegable. ¿Cuáles han sido las repercusiones de los reportajes de Diario de Irak? Primero se opuso a la invasión de los Estados Unidos y Gran Bretaña, luego apoyó el derrocamiento de Sadam Husein y la democratización del pueblo iraquí. Mario está lejos del fanatismo obtuso, muy cerca del liberalismo democrático, alternancia de poder y respeto de la decisión popular; es alérgico a los regímenes totalitarios y autoritarios. Si no fuera novelista, Vargas Llosa hubiera sido un extraordinario periodista, valiente reportero, cronista perspicaz, un columnista de gran injerencia pública. Ejerció el periodismo con libertad, tiempo y ritmo. Para Mario, el periodismo es el escenario del debate, la disensión, la opinión, el argumento y la posición política. Vargas Llosa no perdió tiempo en banalidades. La literatura es ficción; el periodismo, razón y juicio crítico. Para Gabo, el periodismo era un género literario.
El legado del premio Nobel no solo son las novelas, sino también su escritura periodística en Caretas, Expreso, La República, El Comercio y El País. Los textos periodísticos de Vargas Llosa tienen un patrón: actualidad de interés público, defensa de una postura, argumentación académica, crítica frontal, empleo de fuentes escritas, orales y presencia in situ, exhibición de cultura amplia, ideología liberal y lecturas plurales, que sirven como insumo imprescindible en la exposición de razones y uso de lenguaje fluido, sólido y categórico. Vargas Llosa es un periodista sin pelos en la lengua, aunque controvertido. Estuvo en Nicaragua, Cuba, Irak, Israel y la Franja de Gaza para escribir crónicas y reportajes. “Del millón trescientos mil palestinos que habitan en los trescientos sesenta y cinco kilómetros cuadrados de Gaza -el lugar de mayor densidad de Oriente Próximo-, más de dos tercios se apiñan en las ratoneras humanas que son los campos de refugiados, producto de la llamada “guerra de independencia” de Israel, en 1948, cuando unos ochocientos mil palestinos fueron desarraigados de sus aldeas y aventados al exilio (…) Visité tres campos de refugiados, dos en Gaza, el enorme de Yabalia y el más pequeño de Al-Shatti, y el de Amari, en Ramala”. (“Ratoneras humanas”). En esos escenarios trágicos, hay “hacinamiento, suciedad, altos de basura en las calles, ratas, falta de luz, de agua corriente, desagüe, proliferación de criaturas descalzas…”. En “El Estado palestino” se lee: “… Arafat cometió la insensatez de negarse a aceptar una propuesta en la que Israel reconocía el noventa y cinco por ciento de los territorios de la orilla occidental del Jordán y la Franja de Gaza y que los palestinos participaran en la administración y gobierno de Jerusalén oriental…”.
César Vallejo y Mario Vargas Llosa fueron periodistas de argumentos e ideología firmes y coherentes; estuvieron atentos a la realidad política, social, cultural y mundial. Rusia en 1931. Reflexiones al pie del Kremlin y Rusia ante el segundo plan quinquenal son crónicas y reportajes de César Vallejo sobre la Unión Soviética; Contra el secreto profesional y El arte y la revolución, ensayos periodísticos. Vallejo escribía periodismo desde el marxismo y el compromiso político militante; Vargas Llosa, desde el liberalismo democrático. Jamás callaron lo que tuvieron que decir. Vallejo y Vargas Llosa reportearon desde los hechos y la acción.




