EL PERFIL DEL LAGARTO

 Escrito por: Arlindo Luciano Guillermo

Hoy se cumplen 29 años del autogolpe perpetrado por Fujimori y Montesinos. La Constitución del 79, rubricada por Víctor Raúl Haya de la Torre, que juró públicamente respetar, fue tirada al tacho e instauró un gobierno autoritario, de latrocinio, liquidación de los partidos políticos e intervención de las instituciones estratégicas del Estado. La amnesia colectiva e histórica es una terrible enfermedad social que puede provocar una tragedia peor que la anterior. El pueblo aplaudió el cierre del congreso y la dictadura, los cómicos ambulantes y Laura Bozzo se encargaron de ponerle analgésicos a la gente, mientras el Perú se fragmentaba y expoliaba impunemente. Se vendieron las empresas públicas a precio de ganga para la “caja chica” del régimen de facto. Alberto, anciano e indultado por PPK, Vladimiro aún preso; ambos fueron siameses de un poder abyecto. La hija primogénita del japonés aspira ser presidenta del Perú.    

 Primero lo leí en digital (PDF), luego el libro impreso. El perfil del lagarto. Radiografía de un político con sangre fría (Edit. Planeta, 2021. Págs. 242), en realidad, se trata de un trabajo muy minucioso, documentado y con acertadas deducciones sobre la personalidad, la actuación controvertida y venal de Martín Vizcarra Cornejo como presidente regional de Moquegua, ministro de transportes y presidente de la república, así como las habilidades perversas para mentir, practicar la traición, culto a sí mismo, mostrarse cínico ante las evidencias, pruebas, testimonios y bravuconadas ante fiscales, acusadores y periodistas independientes. En Agradecimientos dice, con abierto sarcasmo, Carlos Paredes: “Este libro ha sido posible gracias al ingeniero Martín Vizcarra Cornejo. Por acumular mentiras, imprecisiones, doble rasero y mucha opacidad a su alrededor cuando fue presidente”. Hoy Vizcarra, junto a Salaverry, recorre el Perú pidiendo votos de los ciudadanos, mientras que los fiscales siguen atando cabos sueltos. Los carteles a Vizcarra son muchos: agazapado, egocéntrico, calculador, frío en las decisiones como un reptil, desleal, felón, apodos (Pitas, Lagarto), enigmático, “exitoso político provinciano”, evasivo, mitómano, “miente tanto”, indescifrable, inescrutable. Iván Manchego (que al final renunció) “quizá sea el único asesor moqueguano que se atrevía a contradecir con argumentos al presiente” (Pág. 206), mientras que la Muralla Moqueguana lo protegía como una guardia pretoriana y lisonjeaba sin descanso.     

 El libro, escrito con lenguaje estrictamente periodístico, relata la actuación de Martín Vizcarra, hijo de un veterano militante aprista (alcalde, prefecto, constituyente de 1979) desde que fuera designado director de obras y luego director ejecutivo del Proyecto Pasto Grande, primer intento a la presidencia regional de Moquegua con el APRA sin ser militante ni invitado, más tarde, con un “partido comprado”, sería presidente del gobierno regional de Moquegua (2011-2014). Ya tenía planeado incursionar en las ligas mayores de la política nacional. En ese cuatrienio tuvo un logro admirable y emblemático: primer puesto en la Evaluación Censal de Estudiantes (ECE) en comunicación y razonamiento lógico-matemático. Con Lomas de Ilo y el Hospital de Moquegua alcanzaría celebridad por las coimas que habría recibido de las empresas constructoras. A eso se suman los escándalos de Richard Swing, los Cuellos Blancos y, como la cereza en el pastel, se vacunó contra el Covid-19 aprovechándose de su condición de presidente del Perú. Lo que viene después decidirá el Ministerio Público, el Poder Judicial y el pueblo en las urnas el 11 de abril.  

 Carlos Paredes, experimentado periodista de investigación, ha escrito también La caída del héroe. La verdadera historia del general Ketín (2006) y La hora final. La verdad sobre la captura de Abimael Guzmán (2017). Conoce cabalmente el periodismo de investigación, arma con certeza el rompecabezas de los casos basado, sin especulación ni apresuramiento, en documentos oficiales, testimonios creíbles, actas de sesiones públicas, archivos, entrevistas, análisis de expedientes técnicos, carpetas fiscales, fichas registrales, confesiones anticipadas de testigos y testaferros, etc. (Referencias, Págs. 227-239). En 242 páginas, Carlos Paredes desnuda la personalidad indecente y la actuación corrupta del Martín Vizcarra en el poder, con dos consejeros claves (Maximiliano Aguiar, marketing político; Hayimy Aleman Herrera, guía espiritual), el que gobernó el Perú solo 32 meses, vacado por 105 congresistas por insuficiencia moral permanente, el “que lejos de ser un estadista, presentaba signos inequívocos de un político populista de tendencia ideológica indescifrable. Le interesaba mucho más la encuesta del mes que la historia”, (Pág. 175).    

 El perfil del lagarto tiene lecciones y aprendizajes para ciudadanos y funcionarios públicos: lo que se debe y no hacer, actuación correcta con principio de legalidad y decencia; la coherencia entre lo que se siente, piensa y ofrece se debe reflejar en los resultados concretos de la gestión. En política (tal como la vemos hoy), la habilidad y la viveza sacan ventaja, al ingenuo se lo comen con zapato y todo y al éticamente decente lo relegan en la nevera del refrigerador porque es una amenaza. En política, no hay cadáveres, sino reciclaje y cambios de piel; la lealtad es una ficción, En elecciones, el discurso político es una macana empuñada por neandertales dispuestos a masacrar al contrincante por instinto de sobrevivencia. Ciudadanos con pensamiento crítico, el argumento antes que la imposición, la autonomía antes que la manipulación, con los ojos abiertos y vigilantes ante el poder, el periodismo independiente y de investigación, que no tiene miedo a revelar la verdad ni pechar al poder político, son garantía de un ejercicio transparente del poder político, respeto por la voluntad popular y el destino correcto de los recursos del Estado. El perfil del lagarto es una advertencia, un anuncio, una lección. Leerlo es una obligación ciudadana si no queremos que la historia se repita con mayor virulencia, más devastadora, quizá más trágica. Una nación se erige firme sobre la base de transparencia, institucionalidad y la fijación de un horizonte definido de bienestar y desarrollo.