La elección de Robert Francis Prevost como nuevo Papa, ahora León XIV, ha resonado globalmente, marcando un hito en la historia de la Iglesia Católica y generando particular interés en Perú, país con el cual mantiene un fuerte vínculo. Esta designación implica una nueva era para el Vaticano, con un líder que conoce de cerca la realidad latinoamericana y que ha demostrado un compromiso palpable con las comunidades más necesitadas. La noticia de su elección ha sorprendido a muchos, pero también ha generado esperanza en una Iglesia más cercana y comprometida con los desafíos del siglo XXI. La influencia de León XIV en el futuro de la Iglesia será un tema de debate y análisis en los próximos años.
Según la investigación publicada por El Comercio, el recién elegido pontífice posee Documento Nacional de Identidad (DNI) peruano vigente, con residencia en Chiclayo, información confirmada por la Reniec. Este dato, inusual para un líder de la Iglesia Católica, subraya la profunda conexión de Prevost con el país andino.
Robert Francis Prevost Martínez, originario de Chicago, Illinois, Estados Unidos, inició su trayectoria religiosa en 1977 al unirse a la Orden de San Agustín. Cuatro años más tarde, en 1981, realizó sus votos solemnes, consolidando su compromiso con la vida religiosa. Su formación académica lo llevó a la Catholic Theological Union de Chicago, y posteriormente a Roma, donde se especializó en Derecho Canónico en la prestigiosa Universidad Pontificia de Santo Tomás de Aquino.
Su camino hacia el liderazgo religioso lo llevó a ser ordenado sacerdote en 1982. Tres años después, fue enviado a Chulucanas, en la región de Piura, dando inicio a su labor misionera en el Perú. En 1988, se trasladó a Trujillo, donde asumió la dirección del proyecto de formación para aspirantes agustinos provenientes de los vicariatos de Chulucanas, Iquitos y Apurímac. Esta experiencia le permitió conocer de cerca la realidad de diversas comunidades y fortalecer su vocación de servicio.
Prevost desempeñó diversos roles en Trujillo hasta 1999, año en que fue elegido Prior Provincial de la Provincia Madre del Buen Consejo en Chicago. Su dedicación y liderazgo lo llevaron de regreso a su ciudad natal, donde continuó su labor dentro de la Orden de San Agustín. En el año 2001, la Orden de San Agustín lo eligió como Prior General, un cargo de gran responsabilidad que desempeñó durante dos períodos, hasta el año 2013.
En 2014, el entonces Papa Francisco lo nombró administrador apostólico de la Diócesis de Chiclayo. Fue durante este periodo cuando anunció su decisión de nacionalizarse peruano, un gesto que evidenciaba su compromiso con la comunidad local. En 2015, cumplió su promesa y obtuvo su DNI peruano, consolidando su vínculo con el país. Ese mismo año, fue consagrado como obispo de Chiclayo, un momento significativo en su trayectoria religiosa.
Su influencia en la Iglesia peruana continuó creciendo, y en marzo de 2018 fue elegido vicepresidente segundo de la Conferencia Episcopal Peruana. Un año después, el Papa Francisco lo designó miembro de la Congregación para el Clero. En el año 2020, asumió el cargo de Administrador Apostólico de la Diócesis del Callao, demostrando su capacidad para asumir responsabilidades en diferentes regiones del país. Durante su primera bendición pública como León XIV, dirigió unas palabras a su “querida diócesis en Chiclayo, en el Perú”, confirmando su especial afecto por la ciudad.




