La noticia sobre la elección del nuevo Sumo Pontífice, León XIV, ha generado una ola de expectación y alegría, especialmente en su Chiclayo natal. El impacto de este nombramiento resuena con fuerza entre quienes lo conocieron de cerca, como el sacerdote Jorge Millán Cotrina, quien compartió ocho años de trabajo junto al entonces obispo Robert Prevost. La designación papal no solo representa un cambio en el liderazgo de la Iglesia Católica, sino también un momento de reflexión sobre la trayectoria y el legado que el nuevo Papa aportará al pontificado, marcado históricamente por figuras como Juan Pablo II, conocido por su carisma y cercanía, y Benedicto XVI, reconocido por su erudición teológica.
Según la investigación publicada por elcomercio.pe, la elección de León XIV ha provocado reacciones emotivas entre sus allegados, quienes destacan su cercanía y compromiso pastoral.
El padre Millán Cotrina relata que su primer encuentro con el ahora Papa se produjo tras su nombramiento como obispo de Chiclayo el 3 de noviembre de 2014, día de San Martín de Porres. Recuerda que Prevost lo convocó en junio para ser párroco de la catedral, un nombramiento que tomó por sorpresa a la diócesis. Desde ese momento, Millán Cotrina vivió de cerca la labor del obispo, destacando la confianza que depositaba en sus sacerdotes y su disposición para colaborar. Contrario a la imagen de un obispo distante, Prevost se mostraba accesible y dispuesto a escuchar a quien lo necesitara.
Una característica que resalta el sacerdote es la libertad que el obispo concedía en el trabajo pastoral. No imponía directrices rígidas, sino que ofrecía sugerencias y permitía a sus colaboradores desarrollar sus iniciativas. Millán Cotrina recuerda que Prevost le propuso incorporar la liturgia de las horas, una práctica poco común en la catedral, fomentando así la participación de los fieles en la oración. Esta apertura y confianza permitieron un ambiente de colaboración y compromiso en la diócesis. El padre Millán llegó a preguntarle si estaba haciendo bien su trabajo y Prevost le respondió “Si alguna vez estás mal en algo, yo te aviso”.
La vocación de servicio del ahora Papa se manifestó también en momentos críticos, como durante la pandemia. Millán Cotrina recuerda que Prevost, ya como administrador apostólico del Callao, se trasladó solo en su automóvil para evitar contagios, demostrando su compromiso con la salud de la comunidad. Además, organizó campañas para adquirir equipos médicos y apoyar comedores populares, mostrando su preocupación por los más vulnerables. Un año después de iniciada la pandemia, le pidió a Jorge Millán que reabriera el comedor parroquial de la catedral, lo cual demuestra la preocupación constante del ahora Sumo Pontífice por las necesidades de su comunidad.
A lo largo de los ocho años que compartieron en la casa diocesana, Millán Cotrina forjó una profunda amistad con Prevost, valorando su sencillez, su capacidad de escucha y su compromiso con la Iglesia. Recuerda con cariño los momentos compartidos durante las comidas, donde el obispo se integraba al grupo de sacerdotes, y su dedicación a la oración. Subraya que el mayor legado que le dejó fue la enseñanza de amar a la Iglesia y servirla con entrega, un valor que el propio Prevost demostró al aceptar su nombramiento en Roma, obedeciendo el llamado del Papa Francisco, a pesar de su arraigo en Chiclayo.
Ante las críticas sobre una supuesta actitud permisiva ante los casos de abuso en el Sodalicio, Millán Cotrina defiende la actuación de Prevost, señalando que siempre actuó con diligencia, respetando los procedimientos establecidos por la Iglesia. Subraya que la confusión surge por desconocimiento de los procesos canónicos y la necesidad de garantizar el debido proceso en toda investigación. Finalmente, el sacerdote chiclayano se muestra optimista ante el pontificado de León XIV, confiando en su capacidad para unir a la Iglesia y continuar el legado de Cristo, especialmente en la defensa de los más desfavorecidos y la búsqueda de la paz.




