EL PADRE NUESTRO DE CADA DÍA

EL PADRE NUESTRO DE CADA DÍA

Por Israel Tolentino

Padre, se oye y se dice: es el que engendra, firma, cría… Convenimos agregar, es el que elegimos por afinidad y en algún instante la voz desde el corazón diciendo es como mi padre. 

La noche que cayó uno de los tantos huaycos en San Rafael, despertaron a papá José y le pidieron fuera a limpiar el derrumbe, papá era el único en el pueblo que podía manejar ese cargador frontal que era un monstruo metálico embarrado hasta la coronilla de lodo, cuando regresó del cachuelo era madrugada y encendiendo el mechero sacó de sus bolsillos muchas monedas grandes y blancas de 100 soles, contamos treinta y tres, recuerdo haciendo pequeñas torres con ellas. La vivencia más espléndida de vivir en un campamento selvático y en las alturas nubladas de un pueblito huanuqueño, es también hechura de papá. 

Papá José desayunando en el Queirolo de Lima.

Papá tuvo formación militar. Miraba de niño las pocas fotografías donde posaba con el uniforme de las fuerzas aerotransportadas, “parachutes” saltando; mucho de ese imaginario se alimentó en las frecuentes visitas al cinema, el ecran era gigantesco y las proyecciones de las batallas de la segunda guerra mundial parecían reales. Eran los 80s. Papá José estaba en lo mejor de sus condiciones físicas, recuerdo que en su frente se avizoraba un rulo que me recordaba a Tarzán de Johnny Weissmüller y al físico de Charles Atlas, quien en siete días te animaba a tener su cuerpo. Papá era un personaje mítico: nadador, pescador de río y carpintero en alusión a su nombre. Hoy dista del que colmó mi infancia, sin embargo uno se mira en él con otros ojos. Papá nos edifica y mientras realiza ello, uno compone al papá que llevara en su afecto siempre.

Mi abuelo materno, una noche en la tranquilidad y soledad de su casa, tocaba el piano para mí; momento límpido que regresa entre mis ojos cada cierto tiempo, seguro que no logro dar con su sonrisa exacta, pero cada vez que estoy frente a una cámara, el gesto de reír me recuerda a papá Miguel, a la última vez llenando el crucigrama y preguntando como se escribía Ugo de Censi. 

Tío Germán y papá Miguel Cotrina, mi abuelo materno.

Tío Romeo, hermano de mi abuelo, de quien aprendí el valor de tomar esta profesión, escuchar boleros clásicos, aprender astrología y cultivar plantas de caiguas y pallares en la azotea, una proeza en pleno corazón residencial de San Isidro.

Mi abuelo Incacho (Encarnación), papá de papá, quien tenía su vida resumida en dos fotografías y el resto en preguntas, establecí de él una misteriosa imagen capaz de hacerme conjeturar de como a la edad que tengo hoy, ya había tenido una vida entera. El abuelo inmaterial y de vena musical, como en un cuento vuelto a escribir en cada recuerdo.

Padre Ugo de Censi, sacerdote santo y sabio, aparecí en sus caminos de los 3400 m.s.n.m. yendo a Punchao y Chacas, oírlo una vez sin saber que su voz redundaría entre mis orejas y que los andes eran más que subidas y bajadas. Los caminos de la vida, es cierto, no son los que uno esperaba, la realidad supera la ficción y a la canción.

Padres: Daniele Badiali y Ugo de Censi fundador de la obra Operación Mato Grosso

Mientras pienso en ellos, viajo hacia Pozuzo, la combi lleva en el último asiento a Luisito, el hijo del conductor, juega incansablemente con un celular hasta quedarse dormido, su papá le da un beso y acomoda. Esa escena me recordaba a Luis, quien antes de mudarse de país, estuvo varios meses añadiendo a su papel de papá el de mamá. Hay buenos amigos papás en el arte: Haroldo, Uwe, Martín, Paco, Antonio, Raúl, Giorgio, Juan, Freddy… quienes deben sortear las responsabilidades del trabajo con la paternidad, como todos los que creímos en el amor a primera vista. 

Ser padre, a pesar de las denominaciones: papá, progenitor, ascendiente, procreador, autor, generador, productor, apoderado… Es una responsabilidad que va más allá de cualquier papel, sobre todo en estos tiempos de hogares de dos bandos donde ser una sola carne, como los abuelos en su época se juraban para toda la vida, cada vez suena a mito. El James Webb recorre en la oscuridad del universo, donde más allá de los trapitos sucios locales, muestra un cosmos sin medida (Prusia, junio 2023).

Con Lucho Torres en la hermosa individual de Venuca.