Ronald Mondragón Linares
En las crónicas policiales es un tema casi ignorado por su cotidianidad, por su carácter de noticia habitual y corriente. Una madre de familia, en Arequipa, dio de beber veneno para ratas a sus dos hijos y luego intentó suicidarse…Encuentran bebé recién nacido en medio de la basura… Hace poco más de dos años, en Lima, un hombrecillo de apariencia inofensiva (en realidad, sus vecinos lo consideraban una persona “muy tranquila”) prendió fuego, dentro de un bus, a una muchacha que no correspondía a sus instancias amorosas: estamos ante la incomprensible y atroz conducta de seres que, como nosotros, caminaban por el mundo sin ningún atisbo notorio de anormalidad o de perturbación psicopatológica.
Robert Louis Stevenson publicó “El extraño caso del Dr. Jekyll y Mr. Hyde”, su más famosa obra, en 1886. Según se llegó a filtrar desde sus círculos más íntimos, la idea-fuerza del libro lo perseguía hasta en sus sueños, tanto así que en una ocasión bajó raudamente las escaleras, desde su dormitorio, para poner por escrito la historia que ya vislumbraba en imágenes oníricas. Según sus familiares más cercanos, por lo menos cuatro obsesivas imágenes de sus ensueños están presentes en la historia de la célebre novela.
Así, de manera intuitiva y guiado por fuerzas invisibles pero poderosas -como lo hicieron muchos genios respecto a sus logros y descubrimientos-, Stevenson se adelantó por lo menos dos décadas a los hallazgos de Sigmund Freud en el novísimo campo de la Psicología y especialmente en los resultados del psicoanálisis: la dualidad del bien y del mal, de la vida y de la muerte, del eros y del tánatos instalados psíquicamente en el Yo -asociado, por debilidad, al Súper Yo- y el Ello.
Según Freud, a grandes rasgos, la conducta humana se encuentra guiada por una fuerza silenciosa, indetenible y las más de las veces devastadora: la oscura fuerza del inconsciente que constituye, en realidad, el motor de nuestras acciones, lo que hace que muchas veces nos movamos en direcciones que no llegamos a comprender del todo y que la fría razón niega debido a su absurdidad. Aquí se condensa la fuerza del odio, del amor, de los fracasos y las frustraciones, de las traumáticas experiencias infantiles, de los vacíos del afecto y de la sexualidad.
En “El origen de la tragedia”, Nietzsche nos revela la dualidad del pensamiento de los griegos, escondida tras los dioses olímpicos: Apolo frente a Dionisio, en otros términos, lo apolíneo ante lo dionisíaco, la luz (del saber, del conocimiento, de las virtudes morales) frente a la oscuridad (de la irracionalidad, del desenfreno y la obscenidad). Según el filósofo alemán, el entramado de las historias de las divinidades del Olimpo giran en torno a dicha dualidad connatural y propia de los seres humanos: el actuar de la clara razón contra el impulso obstinado y desmedido de la bestia que duerme en el inconsciente.
Mr. Hyde es el personaje física y psicológicamente contrahecho. Psicópata, se deleita con el dolor ajeno y sin pizca de remordimiento. Misántropo, se refugia en su turbia guarida nocturna donde anida los pensamientos y deseos más escabrosos y abominables. El Dr. Jekyll es el “mismo” Hyde, pero con el rostro decente y edulcorado por la educación y los buenos modales, por su reputación como profesional a carta cabal y sin mácula. Es decir, como muchas veces nos presentamos en sociedad al mostrar nuestro rostro más amable, el más amable del que podamos disponer. La turbulencia y el desorden moral se agita -así lo descubrió Freud- en lo más profundo de nuestras aguas psíquicas.
Ernesto Sábato utilizó en “Sobre héroes y tumbas” la metáfora del mundo o submundo de los ciegos (su “Informe sobre ciegos” es una de las piezas más notables de la literatura contemporánea), es decir, el mundo de la oscuridad, de la maldad y lo irracional. En “El túnel”, tanto María como el ciego, su esposo, son la representación del sadomasoquismo, el cinismo, el engaño y la apariencia insincera.
Pero no solo la Literatura le debe mucho a Stevenson. Ni el psicoanálisis freudiano. Tampoco el irracionalismo filosófico. También el avance de la psicología contemporánea que ha encontrado ya graves perturbaciones mentales, como el desorden bipolar o la personalidad múltiple, que tienen como centro y origen la dualidad de la cual hablamos al inicio: esas oscuras fuerzas avasalladoras que nacen del inconsciente humano y que, si no controlamos a tiempo, son capaces de destruirnos o destruir a nuestros semejantes.



