El mes de la candela

Los primeros habitantes del valle de Huallaga utilizaban la leña como un combustible para preparar sus alimentos y madera para otros usos. Obviamente, había abundancia de bosques, es más, gran parte de la zona lo constituían los bosques vírgenes. Inclusive cuando llegaron los españoles, se dieron con la sorpresa de encontrar un paraíso en este valle. Con la necesidad de terrenos para viviendas, locales comunales y tierras para cultivo, los colonos implantaron la quema de pastizales y bosques. Así, más y más hectáreas de árboles también se fueron talando y quemando. En su afán expansivo e invasivo, los españoles incluso ingresaron hacia la selva del Pachitea, Leoncio Prado, y de ahí a Ucayali.

Los colonos iniciaban las quemas en agosto para abrir nuevas áreas de cultivo y preparar las tierras para la siembra. Lógicamente, que estas acciones se hacían muy controladas y con conocimiento, para evitar la propagación del fuego; y no como ha sucedido y está sucediendo en diversas partes del departamento de Huánuco, el Perú, Bolivia y Brasil.

Muchos agricultores y campesinos continúan realizando esta práctica de la “candela”, como saben llamarle al fuego en el campo. Penosamente, continúan creyendo que esta acción realmente beneficia la tierra y la fertiliza; sin embargo, está demostrado que solo la degrada, debilita y, a la larga, la esteriliza.

Por otro lado, esta mala práctica también se hace en las ciudades por inescrupulosos. Mafias de terrenos queman las laderas de los cerros eriazos, con la finalidad de invadirlos, y obviamente, después, negociarlos.

Actualmente, este hecho de prender fuego está penado por ley, porque daña tremendamente el medio ambiente y atenta también contra la propiedad privada; ejemplo, lo que sucedió el lunes por la noche cerca del aeropuerto de Huánuco. Al parecer, algunos vecinos prendieron fuego a algunos arbustos, y el fuerte viento de la zona se encargó de propagarlo a los alrededores. Afortunadamente, el trabajo oportuno de los bomberos logró apagarlo a tiempo y no llegó a generar ningún daño a las instalaciones de Corpac.

La época de las candelas de los cerros debe de desaparecer ya. Necesitamos nuevas medidas de protección tanto para nuestra biodiversidad, como también castigos más drásticos paras las personas que decidan ignorar las normas.