Jacobo Ramírez
Me siento en una de las bancas de la Plaza Mayor, y desde ahí veo pasar a uno que otro amigo. Entonces alguien me llama por mi nombre, doy la vuelta, y es mi amigo el doctor. No es cuchicapador, por si acaso, sino un médico a quien conocí cuando fui a tratarme uno de mis incontables (tanto por lo innumerables como por lo inenarrables) males.
Lo invito a sentarse a mi lado y comenzamos a conversar de una y otra cosa; entonces, aprovechando sus conocimientos médicos, quiero consultarle algunas cosas que podrían ayudarme con mi salud, que en estos últimos meses anda de capa caída. Espero el momento, y lanzo mi primera pregunta: Doctor, ¿es verdad que cuando hago ejercicios cardiovasculares prolongaré mi vida? Se ríe, saca cigarros de su chaqueta, me ofrece uno, los prendemos con un encendedor, y me dice: «Tu corazón, el mío y el de todas estas personas que pasan y repasan por acá han sido hechos para latir una cantidad de veces, y listo; no desperdicies esos latidos en ejercicios, recuérdate que todo se gasta, hacer ejercicios es acelerar tu corazón y no te hará vivir más; al contrario, se gastará más rápido, y en el momento menos pensado se parará. Si quieres vivir más, duerme, no desgastes tu corazón, y listo. Entonces a dormir se ha dicho. Claro, pues, profesor, esos que van al gimnasio para tener mejor vida y cuidar su cuerpo están acelerando su corazón más de lo normal, y, te acordarás de lo que te digo, van a morir antes que tú y yo.
Doctor, aprovechando la oportunidad, estoy hasta el perno con el estómago. El médico que visité me ha dicho que debo dejar de comer carne roja y comer más vegetales, más frutas. Ja, ja, ja, profe, si mi colega te ha dicho eso, entonces hazle caso; pero de forma práctica. Le hago una pregunta: ¿qué come la vaca? Pasto, alfalfa, le respondo. ¿Qué son esas cosas? Vegetales, le aclaro. Entonces, pues, profesor, un buen churrasco o un asado no es más que un mecanismo eficaz para colorar vegetales en nuestro sistema; de forma indirecta está ingresando eso a tu cuerpo, y si quieres comer semillas, come pollo, y listo, asunto acabado.
¿Y el chocolate, doctor? Me han dicho que es malo para mi gastritis. Estás loco, profe. ¡Cacao! Es vegetal y una comida muy agradable para quedar contento; por favor, profesor. Ya un poco temeroso, le pregunté por las frituras y si estas son perjudiciales para la salud, y me dijo: «Profe, hoy en día la comida se fríe con aceite vegetal y, literalmente hablando, las comidas quedan impregnadas de aceite vegetal; entonces le pregunto: ¿puede algo vegetal ser perjudicial para la salud?». Pucha, doctor, tiene usted razón.
Entonces, me lancé con la pregunta de fondo. ¿Y debo reducir el consumo de alcohol? De ninguna manera, profe. El vino está hecho de uva; el tequila, de cabuya; el whisky, de resinas de árboles; el vodka, de papa; la cerveza, de cebada; así que emborráchese tranquilo, profe, que todo es natural y saludable.
Profe, recuerde que si caminar fuera saludable, el cartero o este loquito que está dando vueltas la plaza serían inmortales; si nadar o comer pescado sería saludable, la ballena tendría un cuerpo encantador; el conejo, profe, come vegetales, corre rápido, salta duro y solo vive quince años; creo, profe, que hay que ser como la tortuga, no hace nada y vive más de cien años. Y recuérdate, profe, que la vida es un viaje a la muerte; la intención no debe ser llegar allá sano y salvo, con un cuerpo atractivo y bien preservado, sino creo que es mejor excederse, cerveza en una mano, comida en la otra, mucho sexo y un cuerpo totalmente gastado, completamente usado y gritando: ¡Valió la pena vivir, carajo!
Después de eso se levantó, me extendió la mano, se despidió con un fuerte abrazo, y se marchó dejándome pensando sobre su filosofía de vida.



