Realmente es un abuso no sólo para los transportistas sino también para todas las familias peruanas, el costo de la gasolina y el gas. El día de ayer nuestro departamento y como otros departamentos del país, vivieron de un paro de transportistas.
La paralización fue anunciada por los dirigentes, debido a que las autoridades del Ejecutivo no los consideraron, solamente tomaron en cuenta a un grupo de Lima del sector de carga pesada. Ante este desplante, los representantes de las provincias convocaron al paro para hacerse escuchar y hacer valer sus derechos.
No es la primera vez que los ministerios consideran que Lima es el Perú, y que los 23 millones de provincianos, no interesan. Ante el desplante del ministerio de transportes, los transportistas han convocado un paro temporal supuestamente pacífico.
De acuerdo a algunos dirigentes, la convocatoria del paro tuvo una acogida del 80% de transportistas, vale recalcar que algunos transportistas que no participaron del paro y que prefirieron trabajar, recibieron ciertas represalias. Tal es el caso de algunos trimóviles que fueron atacados por vándalos, e incluso fueron volcados. También se evidenció que motos lineales, vehículos particulares y ómnibus interprovinciales, fueron afectados con el desinflado de llantas y objetos punzocortantes por turbas de manifestantes.
Entendemos el malestar, a nadie le sobra la plata en estos momentos, todos estamos trabajando duro por sobrevivir esta crisis, pero no se trata de hacer daño o de irse contra el sustento de las familias simplemente porque uno no apoye las medidas de protesta.
Los sueldos no han incrementado, muchas empresas sufren para pagar a sus trabajadores, si bien es cierto hay un grupo empresarial que cada vez se hace millonario, la brecha se hace cada vez más extensa, y la clase media continúa en extinción.
Hay que entender que la inestabilidad política nos está pasando factura a todos, mientras continúen las malas decisiones en el Ejecutivo y el Legislativo, el pueblo seguirá pagando los platos rotos.
Para variar, la incapacidad y corrupción de nuestras autoridades hacen que se incrementen ciertos gastos. Un ejemplo de ello es que se consume mucho más combustible o gas desplazándose por rutas alternas cuando se tiene un puente culminado hace meses, que no se puede utilizar porque no les da la gana de poner en funcionamiento.
A la autoridad regional, no solo no basta con que se haya tomado más de dos años la culminación de un puente de 70 m lineales, ni tampoco que haya sido descaradamente sobrevalorado, sino que también no les dé la gana de abrirlo. Esperemos que al menos esté bien construido y que no termine desplomándose.




