El incierto futuro de USAID: ¿Qué significa para América Latina y el mundo?

La Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés) ha sido, desde su fundación en 1961, una de las principales herramientas de cooperación de Washington a nivel global. Creada bajo la administración de John F. Kennedy, su propósito ha sido brindar apoyo económico, social y humanitario a más de 100 países en áreas como salud, educación, derechos humanos y cambio climático. Según María Alejandra Gonzales para Infobae.

A pesar de su papel histórico, en los últimos años ha sido objeto de críticas y cuestionamientos, especialmente bajo la administración de Donald Trump, quien ha impulsado propuestas para reducir su presupuesto e incluso desmantelar la agencia. Esta decisión genera incertidumbre sobre el futuro de los programas de cooperación financiados por Estados Unidos y sus efectos en diversas regiones del mundo.

El papel de USAID en el desarrollo global

A lo largo de su existencia, USAID ha desempeñado un rol crucial en la ejecución de proyectos de desarrollo en distintas regiones. Sus áreas de acción incluyen:

  • Salud global: Programas de vacunación, control de enfermedades infecciosas como el VIH/SIDA y atención a emergencias sanitarias.
  • Educación: Fortalecimiento de sistemas educativos, capacitación docente y acceso a la educación en zonas vulnerables.
  • Cambio climático y seguridad alimentaria: Apoyo a comunidades afectadas por el cambio climático y programas agrícolas para combatir la inseguridad alimentaria.
  • Respuesta a desastres y conflictos: Asistencia humanitaria en crisis como terremotos, huracanes y conflictos armados.
  • Democracia y derechos humanos: Apoyo a procesos democráticos y fortalecimiento del Estado de derecho en países en desarrollo.

En América Latina, USAID ha sido clave en proyectos de desarrollo agrícola, combate al narcotráfico, fortalecimiento del sistema judicial y construcción de infraestructura. En Colombia, por ejemplo, ha respaldado iniciativas de erradicación de cultivos ilícitos y desarrollo rural, mientras que en Centroamérica ha impulsado programas para reducir la migración forzada mediante el fortalecimiento de oportunidades económicas.

Críticas y controversias sobre su independencia

A pesar de su impacto positivo, USAID ha sido blanco de críticas por su aparente falta de independencia y su papel en la política exterior de Estados Unidos. Diversos analistas han señalado que, en ciertos casos, la ayuda internacional ha sido utilizada como un instrumento de influencia política.

Un ejemplo de esto ocurrió durante la Guerra Fría, cuando USAID financió proyectos para frenar la expansión del comunismo en América Latina y otras regiones. También ha estado involucrada en programas de cooperación ligados a estrategias de seguridad de Estados Unidos, como en el caso de la lucha contra el narcotráfico en Colombia y Perú, donde su desarrollo comunitario ha estado vinculado a operativos militares y de contrainsurgencia.

Otro caso polémico fue el proyecto “ZunZuneo” en Cuba, una red social encubierta financiada por USAID en 2014, que tenía como objetivo influir en la población cubana con contenido contrario al régimen de la isla. Este tipo de iniciativas han llevado a cuestionamientos sobre si la agencia mantiene una agenda humanitaria o responde a intereses geopolíticos.

El futuro incierto de USAID bajo la administración Trump

Desde su llegada a la Casa Blanca, Donald Trump ha criticado fuertemente el papel de USAID, argumentando que sus fondos deberían priorizar intereses nacionales en lugar de destinarse a programas internacionales. En 2023, su gobierno propuso una reestructuración de la agencia, que incluye fusionarla con el Departamento de Estado o reducir drásticamente su presupuesto.

En línea con su política de “América Primero”, Trump ordenó la congelación de fondos destinados a asistencia exterior, afectando proyectos en distintos países. Esta medida ha generado resistencia en el Congreso y entre empleados de la agencia, quienes advierten sobre las consecuencias negativas de reducir la cooperación internacional.

Un grupo de trabajadores de USAID denunció recientemente que cientos de empleados fueron bloqueados del sistema informático de la agencia y que se emitieron órdenes de cierre de oficinas, lo que ha sido interpretado como un paso más hacia su desmantelamiento.

Impacto global y consecuencias de su posible cierre

El posible cierre o reducción del presupuesto de USAID podría tener graves repercusiones a nivel global. Actualmente, Estados Unidos destina 72 mil millones de dólares anuales a asistencia humanitaria, gran parte de los cuales son canalizados a través de esta agencia.

En América Latina, la reducción de estos fondos podría afectar programas esenciales de derechos humanos, salud, educación y crisis humanitarias. Expertos advierten que, si USAID desaparece, el vacío en la cooperación internacional podría exacerbar la pobreza, aumentar la desigualdad y fomentar la migración masiva.

Además, la incertidumbre sobre el destino de estos recursos genera dudas sobre si otras agencias gubernamentales podrían asumir el rol de USAID con la misma eficiencia y alcance. Organismos multilaterales y gobiernos aliados han expresado preocupación, señalando que la reducción de la ayuda humanitaria por parte de EE.UU. podría afectar la estabilidad en regiones vulnerables.

Un dilema entre la cooperación y la política exterior

El debate sobre el futuro de USAID refleja una tensión más amplia en la política exterior de Estados Unidos: ¿Debe la cooperación internacional estar supeditada a intereses estratégicos? O, por el contrario, ¿debe mantenerse como una herramienta independiente para el desarrollo global?

Si bien la administración Trump aboga por redireccionar los fondos hacia prioridades nacionales, críticos argumentan que la cooperación internacional no solo beneficia a los países receptores, sino que también fortalece la imagen y el liderazgo global de EE.UU..

En medio de estas discusiones, el destino de USAID sigue siendo incierto. Su posible desmantelamiento marcaría un cambio profundo en la estrategia de cooperación de Estados Unidos y abriría la puerta a nuevas dinámicas en la asistencia internacional.