Deshidratación, vómitos y hasta 4 días hospitalizado: un influencer español sufrió las graves consecuencias de beber agua contaminada en Bali. Cada año, 1.7 mil millones de personas se ven afectadas por la diarrea del viajero, una amenaza silenciosa que requiere precaución extrema.
El creador de contenido Alejandro Cereceda vivió una pesadilla en la paradisíaca Bali al ser hospitalizado por 4 días debido a una severa infección gastrointestinal tras consumir agua embotellada de dudosa procedencia. Su caso, replicado por millones en redes, es un crudo recordatorio de la “diarrea del viajero”, una afección que impacta al menos al 40% de quienes visitan destinos exóticos cada año.
Según la investigación publicada por 20minutos.es, la historia de Cereceda subraya la vulnerabilidad ante una de las molestias más comunes en destinos tropicales, donde la calidad del agua y los alimentos no siempre cumple con los estándares de potabilidad, afectando a cientos de miles de turistas anualmente y generando gastos sanitarios que superan los 500 millones de dólares en tratamientos y pérdidas laborales.
El 40% de los viajeros a zonas de riesgo sufrirá diarrea grave
El caso de Alejandro, quien enfrentó una infección severa por una botella de agua mal sellada, no es un incidente aislado, sino un ejemplo extremo de un problema global que afecta a una parte significativa de los turistas. Xavier Vallès, investigador de la Fundación Lucha contra las Infecciones, enfatiza que “el acceso al agua potable es la acción de salud pública más eficaz en términos de coste-beneficio, solo comparable con las vacunas”. Sin embargo, en amplias zonas del mundo, más de 2 mil millones de personas aún carecen de este derecho fundamental, enfrentándose a riesgos diarios. Los sistemas de potabilización deficientes y las filtraciones entre aguas residuales y de consumo son vectores de enfermedades que van desde molestias leves hasta la necesidad de hospitalización, como ocurrió con Alejandro, quien pasó casi 100 horas internado.
¿Qué bichos acechan en el agua y la comida que consumimos?
La diarrea del viajero es un término paraguas para diversas infecciones, mayoritariamente bacterianas (responsables de hasta el 70% de los casos), pero también virales (hasta un 20%) y parasitarias (hasta un 10%). Gema Fernández Rivas, portavoz de la Sociedad Española de Enfermedades Infecciosas y Microbiología Clínica (SEIMC), detalla que los virus más comunes son el norovirus, que provoca gastroenteritis con vómitos, diarreas intensas y febrícula que puede alcanzar los 38 grados. Entre las bacterias, las cepas de Escherichia coli son las más frecuentes, generando diarreas por toxinas, o la Shigella, capaz de producir disentería con sangre y moco en las heces. En cuanto a parásitos, la Giardia y la Entamoeba histolytica pueden causar úlceras en la mucosa intestinal, generando malestares que pueden durar semanas.
Más allá del vaso: Las vías ocultas de contagio que pasamos por alto
El riesgo no se limita a beber directamente de un grifo. Expertos advierten sobre múltiples vías de contagio subestimadas. Desde frutas lavadas con agua no tratada hasta zumos, helados y cubitos de hielo que no sabemos cómo se hicieron, cada elección es crucial. Incluso el acto cotidiano de lavarse los dientes puede ser riesgoso: mojar el cepillo o enjuagarse la boca con agua del grifo puede desencadenar una infección. Por ello, la regla de oro en medicina tropical es clara: “peel it, boil it or forget it” (o lo pelas, o lo cueces, o lo olvidas), una máxima que aplica especialmente a ensaladas y alimentos crudos.
¿Cómo nos protegemos antes y durante el viaje?
La prevención es la clave, y existen varias estrategias para reducir el riesgo. Antes de cualquier viaje a zonas de riesgo, es fundamental visitar una Unidad de Salud Internacional y Consejo al Viajero, idealmente 4 a 6 semanas antes de la partida. Allí, profesionales ofrecen información vital y recomiendan vacunas específicas. Por ejemplo, la vacuna contra la Hepatitis A ofrece una protección muy efectiva y, en muchos casos, de por vida, mientras que la de la fiebre tifoidea tiene una protección limitada que se desvanece después de 3 años, requiriendo refuerzos. En la zona amazónica del Perú, donde los estándares sanitarios pueden ser variables, estas precauciones son aún más pertinentes. Un estudio de la OMS reveló que la vacunación masiva podría prevenir hasta 500,000 muertes por enfermedades transmitidas por el agua anualmente.
El agua segura: una inversión de salud pública que salva millones de vidas
El impacto del agua potable va más allá de evitar la diarrea del viajero; es una columna vertebral de la salud pública global. Xavier Vallès recuerda que hace 200 años en España, enfermedades como el cólera eran una realidad diaria, erradicadas gracias a la mejora en las infraestructuras hídricas. Hoy, a nivel mundial, se calcula que 2 mil millones de personas carecen de acceso regular a agua potable, contribuyendo a una carga de enfermedad inmensa. Solo las enfermedades diarreicas causan 1.7 mil millones de casos en niños menores de cinco años anualmente y son responsables de 1 de cada 9 muertes infantiles, siendo el 88% de ellas atribuibles a agua, saneamiento e higiene inadecuados. La inversión en sistemas de potabilización, aunque costosa inicialmente, representa un beneficio socioeconómico a largo plazo que supera los 10 dólares por cada dólar invertido.
¿Cuándo es el momento de buscar ayuda médica?
A pesar de todas las precauciones, un porcentaje considerable de viajeros (alrededor del 40%) experimenta algún episodio diarreico. Los síntomas suelen incluir dolores abdominales, náuseas, vómitos y diarrea, y en la mayoría de los casos leves, son autolimitados. La recomendación principal es la rehidratación, preferiblemente con suero oral, disuelto en agua embotellada, para compensar la pérdida de líquidos y electrolitos. Se debe evitar el uso de medicamentos astringentes como el Fortasec, ya que la diarrea es un mecanismo natural de defensa del cuerpo. Sin embargo, existen señales de alarma: si la diarrea persiste por más de 3 días, si hay presencia de sangre o moco en las heces, fiebre superior a los 38.5 grados Celsius, dolor abdominal intenso, o signos de deshidratación severa (como boca seca, poca orina, mareos), es imprescindible buscar atención médica inmediatamente. La automedicación nunca es aconsejable.
Las zonas de riesgo y el futuro de un derecho fundamental
Si bien destinos como España disfrutan de un suministro de agua grifo completamente seguro, el panorama global es muy diferente. Las áreas de mayor riesgo incluyen el sudeste asiático (especialmente India, Bangladesh y Pakistán), África y Sudamérica, donde la densidad de población y las infraestructuras sanitarias limitadas aumentan drásticamente la probabilidad de contagio. Más allá de los consejos para viajeros, el caso de Cereceda nos recuerda que el acceso universal a agua potable es una cuestión de salud pública de primer orden, un derecho humano fundamental y un pilar para el desarrollo. La inversión en saneamiento y agua segura podría transformar la vida de millones de personas, reduciendo la mortalidad infantil en un 30% y disminuyendo la incidencia de enfermedades tropicales. Este desafío global es una agenda pendiente para gobiernos y organismos internacionales, una promesa de un futuro más sano para las próximas generaciones, incluyendo a los 33 millones de peruanos que merecen acceder a este recurso vital.
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