El fútbol y el arte

Por Israel Tolentino

Tuve la dicha de conocer a toda esa gente que hace cincuenta años llevó a un equipo huanuqueño al fútbol de primera, nos dice Edmundo Panay Lazo (amigo de mi abuelo Miguel Cotrina) para quien, con estima van estas líneas. Seguramente, deberíamos preguntarnos, ¿quién no ha sufrido con el seleccionado patrio? Soy de la generación que aprendió los apellidos de Cubillas, La Rosa, Velásquez, Chumpitaz, Cueto…luego, vino una larguísima sequedad que junto a los avatares políticos llevó a considerarnos la generación perdida, contra esta impiedad el arte y el fútbol fueron refugios, no siempre dieron la talla pero si algo debemos aceptar, el fútbol como el arte son reflejos proporcionalmente comprendidos entre la frustración y la esperanza.

Del lado de mi abuelo, sus primos hermanos todos son músicos eximios, sobre todo peloteros innatos, gen que nadie heredó, ni la afición de ir al estadio o ver los partidos con puntualidad británica. Recuerdo al tío Jorge Cabanillas, uno de nuestros insignes futbolistas huanuqueños. Una vez, jugando a los gallos me dijo: ”Sobrino, nunca llegué a Tacna, siempre íbamos con avión de frente a Chile”. Él jugó para Alianza Lima y Universitario de Deportes.

Hace poco se celebró con modestia, las bodas de oro de la primera vez en que el club León de Huánuco llegó a la profesional, entre los integrantes de dicho equipo, se pueden contar varios jugadores ambinos y huacarinos, ambos pueblos parte de los recuerdos imborrables que guardo de mi primera infancia. Vicente Tiburcio, mi suegro y su hermano Leoncio jugaron para León.  En Huánuco, en su discreta participación nacional, si se tuviera que contar la historia de sus muchos pueblos, seguramente el fútbol guarda en su memoria el discurrir de este siglo. Cuántos partidos perdidos, cuántas generaciones con proyección esfumados en la esquizofrénica manera de tratar a los deportistas y los artistas.  Sin embargo, las alegrías más indelebles han sido marcadas por estas vocaciones.

Un caso concreto, palpable de cómo la patria trata a sus hijos como madrastra, es Gianluca Lapadula, su madre dejó su patria, que no le ofrecía esperanza ni fe en el futuro, cruzó medio mundo y encontró el amor en la vieja Italia, entre los sueños, le nació el futuro 9 de la selección nacional, en su corazón de “ragazzo” comenzó a latir “forza Perú”, la sangre y el entrenador lo trajeron a la patria de su madre, a contar con otras palabras la historia que para ella no merecía recordarse, ¿cuántos Lapadula estarán en otros rincones del orbe?

En este mes, en este año, se puede contar que, aunque el Estado y sus gobernantes y otros adjetivos, nunca se han preocupado por la voz de su pueblo, el fútbol y el arte han tenido la sensibilidad de hablar por ella, reflejando y escondiendo buenos y peores momentos, seguro esto último, más de las veces. Entre los artistas, los escritores han tenido mejor técnica para acercarse al fútbol están Antonio Cisneros, el poeta elegante, contaba que siempre abría los libros de atrás hacia adelante, se debía a su afición de leer los diarios siempre comenzando por las noticias deportivas, él confesaba su vocación por el club Ciclistas Lima y posteriormente al Sporting Cristal; había crecido en el Rímac. El pintor que mejor narra en su obra las emociones futboleras es Piero Quijano, quien con esos vibrantes colores y un magistral dibujo puede darle vida y volver escritura a memorables momentos del balompié nacional. No sé si Piero sepa que es el artista que mejor plasma esa voz popular y esa dramática elección, como Lapadula, Yotún, Cueva, Gallese… ser peruano, vivir al borde, en esa parte que el Vaticano decía era el limbo.

Las regiones aspiran a un poco más de atención hacia el deporte y el arte, seguro que lo comercial, dado los tiempos y el sistema que nos agobia, es un mal del que no se puede escapar por ahora, pero se reclama dignidad, permitirles a miles de jóvenes en potencia, decidir sus vidas y su futuro en el deporte y el arte. La celebración es hoy y el arte le acompaña en los muros y su íntima inspiración. Esta posibilidad de viajar por segunda vez consecutiva a una lid mundialista, sirva para encontrar otros medios de hacer patria, de mejorar la educación, de pedir a la región que no tenga un tremendo complejo deportivo cual elefante blanco. El pueblo reclama alegrías desde las venas, duraderas, que le ayuden a forjar autoestima, está cansado de romerías carnavalescas en cada temporada de elecciones, de discursos sosos y mentirosos, pide y grita, como en un coliseo romano: ¡Gooool!, !viva el Perú, carajo!