Yeferson Carhuamaca
Entre la vida y la muerte existe un umbral intermedio que fluctúa entre ambos territorios espirituales. Éramos tres incipientes jovenzuelos Arturo, Alex y yo, los tres habíamos crecido desde muy chicos en nuestra parroquia, juntos como hermanos presenciamos muchas experiencias religiosas, y dichosos de nuestra fe, seguíamos el camino de aquel barbón, flaco y pelucón llamado Jesús de Nazareth. El lugar donde nos conocimos y “vivimos” era la parroquia de San Pedro, una comunidad religiosa con mucha historia, aquella que se encuentra hasta ahora en el barrio del mismo nombre. En la parroquia conocimos sobre la congregación de los Misioneros Combonianos, la congregación que realmente trabaja en una Iglesia Católica tan desgastada de ciertas virtudes como la humildad.
Entre tantas vicisitudes y sobre aventuras de jóvenes católicos, la más temida por todos era de encontrarse con ciertas almas(fantasmas) que desfallecieron en el intento de ser perdonados de sus pecados o no arrepentirse a tiempo y por eso nunca encontraron el camino al cielo ni al infierno, por ese motivo vagan entre el mundo de los muertos y los vivos. Nosotros nos convertimos en fieles catequistas, nuestra misión era preparar a jóvenes para sus diferentes sacramentos, nosotros conocíamos de muchas leyendas de espectros y de espíritus que vagaban por los diferentes ambientes de la parroquia, leyendas como de las voces y movimientos de sillas que se daban en la noche en ciertos ambientes, además de que el pequeño piano se tocaba solo a media noche, así también como de los muertos enterrados y que en el sótano había una puerta secreta para bajar a las catacumbas.
Por aquellos días éramos jóvenes muy animados y llenos de vigor, el Espíritu Santo nos poseía y nosotros actuábamos por su intermedio, Alex aparentaba ser serio, pero lo que era en verdad es que tendía a ser muy renegón, además de ser perfeccionista y conquistador de nuevas hermanitas para la obra del Señor, Arturo era el consejero pastoral, un calmado muchacho que tocaba la guitarra y que todos querían conversar con él y yo era un joven alocado y desenfrenado, pero de buen corazón. Siempre andábamos juntos, como catequistas estuvimos en muchos retiros de catequesis; los retiros eran un tiempo de tres días alejados del mundo y de sus obsesiones materiales, en donde debíamos alejarnos de casa y durante tres días en un claustro y de esa manera poder dar a conocer el amor de Dios y si alguna hermanita se enamorara de nosotros sería una bendición por nuestra enorme labor. Nuestra parroquia siempre contó con su propia casa de retiro, un lugar muy lindo que recuerdo con nostalgia eterna, un espacio con una infraestructura que contaba con habitaciones amobladas con camas y colchones para más de 150 personas, además de un comedor muy grande, baños bien equipados, contaba con un espacio para realizar pequeños conciertos y juegos, una capilla muy bonita y un salón de pastoral.
Aquella vez era un retiro más donde participábamos juntos otra vez, como buenos feligreses obedientes de nuestro coordinador espiritual, llegamos muy puntuales un viernes por la tarde, alistábamos el ambiente, todo con un fervor y alegría resumida en la paz que solo viene de hacer lo bueno por alguien más. Todo iba de maravilla, las actividades de recibimiento a los jóvenes catecúmenos (estudiantes del catecismo) era un éxito, inscritos y con sus maletas había un total de 120, además de varios catequistas más. Hicimos las primeras dinámicas y juegos, luego a las nueve de la noche tuvimos la primera cena. Durante la cena, las mesas se colmaban de grandes conversaciones entre los jóvenes, los catequistas nos reuníamos en una sola mesa, y solíamos conversar, hacer bromas, y contar ciertas anécdotas, hasta que el coordinador el Gordito Marco como lo llamábamos con cariño, empezó a relatar que antes de que nuestra casa de retiro fuese lo que es, un día en el pasado fue un convento y que muchos años atrás lo habían cerrado porque una monjita se había vuelto loca, ya que sus padres le habían obligado a estar en ese lugar, a pesar de que ella amaba a un chico, se dice que ella había desaparecido y que sus restos nunca se habían podido encontrar hasta el día de hoy, nos narró además que muchos cuentan que su alma sigue vagando, y que el momento de su desaparición concordaba con el día del retiro… yo solo pensaba que este no iba a ser un retiro más, de pronto el aire tumbó un crucifico… continuará…




