El desdén de las autoridades en Huánuco

Huánuco ha sido testigo, por años, de la mala gestión de sus autoridades, quienes una vez elegidos parecen olvidar las promesas de campaña y se ven envueltos en actitudes soberbias, abusivas y alejadas de la realidad que enfrenta la población. En esta ocasión, el foco recae en el alcalde de Amarilis, Roger Hidalgo Panduro, quien ha protagonizado un lamentable episodio de irresponsabilidad y falta de criterio.

En un hecho que indigna a los ciudadanos, el alcalde decidió celebrar su cumpleaños en el salón de actos de la municipalidad, acompañado de cerveza, música y funcionarios municipales. Más allá del evidente abuso de poder, la pregunta que surge es: ¿acaso no hay locales adecuados en Amarilis para realizar eventos privados? El descaro llega a tal punto que la celebración tuvo que ser interrumpida por la intervención de la fiscalía y la policía. Este acto no solo demuestra una total falta de respeto hacia la institución que representa, sino también un profundo desprecio hacia la confianza depositada por el pueblo.

Sin embargo, este no es un caso aislado. La mala gestión se extiende a diferentes niveles del gobierno local y regional. En Huánuco, el hospital de la Solidaridad, inaugurado con grandes anuncios y acompañado por el alcalde de Lima, presenta un ingreso en pésimas condiciones, lleno de huecos. Lo más grave es que este hospital es utilizado para la rehabilitación de personas con problemas de movilidad, quienes encuentran enormes dificultades para desplazarse debido al estado deplorable del acceso. ¿De qué sirve inaugurar un hospital si ni siquiera se garantiza un acceso adecuado?

Por otro lado, el gobernador regional también ha mostrado una alarmante negligencia. A pesar de las advertencias del Senamhi sobre las lluvias torrenciales, no se tomó la previsión de limpiar la quebrada en las alturas de Licua, en San Luis, lo que provocó un huaico que arrastró materiales de construcción y escombros. Como consecuencia de esta omisión, una niña perdió la vida al ser arrastrada por el lodo y las piedras. La falta de planificación y la irresponsabilidad son evidentes, y la tragedia pudo haber sido aún mayor.

Lo más alarmante es que, a pesar de estas muestras de negligencia y falta de compromiso, muchos de estos funcionarios ya están en campaña para una reelección. Sin embargo, la ciudadanía debe reflexionar: ¿seguiremos permitiendo que las mismas personas que nos han fallado vuelvan al poder?