EL “DESCONTROL” DE PRECIOS

Escrito Por: Edu Acosta Sobrado

El jueves 12 de agosto, la congresista por Perú libre, Francis Jhasmina Paredes Castro, presentó un proyecto de ley ,que busca modificar los artículos 62, 65 y 66 de la constitución política del Perú. Según lo expuesto en el propio proyecto, el objetivo de la iniciativa es “recuperar los recursos naturales explotados y sus derivados producidos en el país o región, para destinarlos a la atención prioritaria de la demanda nacional y regional de servicios públicos”.

Este proyecto de ley ha sido ampliamente criticado, ya que a través de la modificación de tres artículos de la constitución pretende dotar de mecanismos legales al estado para controlar el precio de los bienes y  productos bajo ciertas condiciones. Según lo señalado en el proyecto de ley, esta medida sería aplicable en estados de excepción o por desabastecimiento en el mercado. En esos casos, “el Estado peruano podría intervenir para regular el abastecimiento y los precios de los bienes y servicios producidos por las empresas públicas y privadas para garantizar el bienestar de la población”

Los tres artículos que deberían ser modificados para viabilizar este proyecto son los siguientes: “artículo 62.- Libertad de contratar”, “artículo 65.- Protección al consumidor” y “artículo 66.- Recursos naturales”. En el primero de ellos (artículo 62), se pretende establecer que los términos contractuales puedan ser sujetos a modificación si afectan el abastecimiento de productos y servicios necesarios para la atención de la demanda nacional y a la balanza comercial, en el segundo (artículo 65), se desea permitir que el estado puede intervenir directamente en la fijación de precios durante un estado de excepción o a raíz del desabastecimiento del mercado nacional, mientras que en el tercero (artículo 66), se pretende adicionar un componente de regulación de precios a los productos derivados de la explotación de nuestros recursos naturales, según su lugar de origen.

Sin embargo, ¿Sería realmente beneficioso establecer mecanismos de regulación de precios? ¿Qué tan exitosa ha sido la experiencia de otros países que han establecido medidas similares? Y de no ser tan buena idea, ¿Qué otras opciones tenemos para evitar el alza de precios en tiempos de crisis o desabastecimiento?

La mejor forma de dar respuesta a la primera pregunta es abordando primero la segunda. Si analizamos las experiencias vividas alrededor de la historia, lamentablemente todos los ensayos para establecer mecanismos de control de precios han terminado terriblemente mal. Algunos ejemplos cercanos son los casos de Venezuela y Argentina en los últimos años y México y Perú a finales del siglo pasado. Sin embargo, quizá el mejor ejemplo del fracaso de las políticas de control de precios lo encontremos en la Alemania de postguerra (2da guerra mundial), que con un tejido productivo prácticamente desaparecido no se daba abasto para cubrir la demanda de productos de primera necesidad, y que, lamentablemente, tuvo que sufrir 3 años de penuria (1945-1948) para entender que las medidas de fijación de precios máximos que se habían establecido no eran sino un problema adicional.

Por lo tanto, la respuesta a la primera pregunta es un rotundo no, pero no solo como negativa a la posibilidad de que sea beneficioso, sino como una afirmación convencida de que una medida de ese tipo podría ser enormemente perjudicial.

Finalmente, en respuesta a la última pregunta me gustaría volver a revisar el caso de la Alemania postguerra (2da guerra mundial), que en respuesta a la enorme crisis ocasionada por el conflicto bélico y las desastrosas políticas de precios máximos establecida por las autoridades militares, en 1948 eliminó la mayor parte de las restricciones sobre los precios, a la vez que promulgó una reforma monetaria dirigida a recuperar la confianza en su divisa. El efecto fue casi inmediato, ya que la inmensa oportunidad de negocio que suponía participar en el abastecimiento de una enorme población desabastecida a través de precios en alza disparó la producción de bienes de primera necesidad, provocando que los precios se redujeran enormemente. Es decir, la mejor forma que ellos tuvieron de “controlar sus precios» fue permitiendo que estos estuvieran fuera del control gubernamental.

A todos nos gustaría pensar que conforme pasan los años, mejoramos; que conforme vamos ganando experiencia y observando la experiencia vivida por los demás, aprendemos qué funciona y qué no; que conforme reflexionamos sobre lo vivido, descubrimos qué debemos aplaudir y qué debemos censurar. Sin embargo, mucho me temo que este razonamiento no parece calzar demasiado bien con la realidad, mucho me temo que nuestros políticos no parecen haber aprendido lo catastrófico que puede ser para una economía establecer mecanismos de control de precios.

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