El desafío de los bonos a largo plazo para el regreso de la cartera 6040

La cartera 60/40, un pilar en la planificación de jubilación durante décadas, se enfrenta a nuevos desafíos ante la reciente volatilidad en el mercado de bonos estadounidenses. Esta estrategia, que asigna el 60% de la inversión a acciones y el 40% a bonos, busca equilibrar el riesgo con la estabilidad, pero las fluctuaciones recientes en el mercado de bonos a largo plazo ponen a prueba su viabilidad. Factores como el aumento del déficit fiscal y la incertidumbre económica están influyendo en el comportamiento de los inversores, generando un escenario complejo para esta estrategia tradicional. Recordemos que el rendimiento de los bonos del Tesoro a 10 años históricamente ha sido un indicador clave de la salud económica de EEUU, y sus fluctuaciones impactan directamente en la confianza de los inversores.

Según la investigación publicada por Gestión, la caída en el valor de los bonos estadounidenses a largo plazo está generando dudas sobre el regreso de la estrategia de inversión 60/40. Aunque a mediados de mayo el índice estadounidense que mide este modelo había obtenido una rentabilidad de 1.6%, superando al S&P 500 con menor volatilidad, un evento reciente ha empañado este resurgimiento.

El aumento en los rendimientos de los bonos del Tesoro a 30 años, superando el 5%, su nivel más alto en casi dos décadas, ha provocado cautela entre los inversores. El creciente déficit fiscal de Estados Unidos, exacerbado por posibles recortes de impuestos, ha contribuido a esta incertidumbre. De hecho, la agencia Moody’s Ratings rebajó la calificación crediticia máxima de Estados Unidos, señalando preocupaciones fiscales similares. Este movimiento provocó una venta masiva de activos estadounidenses, recordando episodios anteriores de volatilidad en los mercados globales, como el generado por las políticas comerciales de la administración Trump.

La correlación inversa tradicional entre acciones y bonos, que había comenzado a restablecerse este año, parece estar nuevamente en riesgo. Esta relación, donde los bonos tienden a subir cuando las acciones bajan, es fundamental para el funcionamiento de la cartera 60/40, ya que proporciona un colchón en tiempos de incertidumbre económica. Sin embargo, la reciente caída simultánea de acciones y bonos estadounidenses sugiere que estos últimos se están comportando más como activos de riesgo que como refugios seguros.

A pesar de la turbulencia, algunos expertos como Andrzej Skiba de BlueBay (RBC Global Asset Management) creen que la estrategia 60/40 no está “rota”, sino que necesita ajustes. Su recomendación es centrarse en bonos de corto plazo, ya que estos se verían beneficiados por posibles recortes de tasas de interés por parte de la Reserva Federal en caso de una desaceleración económica. Esta estrategia, conocida como “empinamiento de la curva”, se ha vuelto popular entre los inversores en bonos que buscan capitalizar un escenario de menor crecimiento, inflación y aumento del déficit.

Los datos respaldan esta visión, mostrando que los bonos a corto plazo han superado el desempeño de los de largo plazo en lo que va del año. Mientras que los rendimientos a 30 años han aumentado, los de dos y cinco años han disminuido, lo que indica una preferencia de los inversores por la deuda de corto plazo y una aversión a la de largo plazo. El secretario del Tesoro, Scott Bessent, minimizó las preocupaciones sobre el aumento de los rendimientos a largo plazo, afirmando que las cuentas extranjeras han intensificado sus compras en las recientes subastas de deuda del Tesoro. No obstante, la percepción de riesgo sobre los bonos del Tesoro a largo plazo sigue siendo un desafío para la estructura 60/40, aunque su lógica general todavía se considera válida para muchos inversores.