En la coreografía democrática, la diversidad de opiniones y la crítica constructiva son esenciales para el avance y la salud de nuestra sociedad. Sin embargo, se observa una tendencia preocupante entre algunas de nuestras autoridades: la soberbia. Este comportamiento no solo contradice los principios de humildad y servicio inherentes a sus cargos, sino que también menoscaba la confianza y el respeto entre los ciudadanos y sus líderes.
Los cargos públicos son, por naturaleza, temporales, pero el impacto de las acciones y el legado de integridad o su falta, perduran. Es preocupante que algunos en posiciones de poder opten por el aislamiento y el orgullo, ignorando el valor de un saludo, un reconocimiento a la labor ajena o, más importante aún, la crítica constructiva. La amistad y el respeto mutuo son tesoros humanos que se cultivan a través de la cordialidad y el reconocimiento de nuestra igualdad fundamental, independientemente del rango o la posición.
En particular, la relación entre autoridades y periodistas es simbiótica y debe basarse en el respeto mutuo. Los medios de comunicación son un pilar de la democracia, y atentar contra ellos es atentar contra la sociedad misma. La soberbia no solo ensombrece el carácter, sino que lleva a la soledad y al olvido, dejando tras de sí un rastro de oportunidades perdidas para el crecimiento personal y comunitario.
Para rectificar este curso, proponemos una solución clara y alcanzable: la adopción de programas de formación ética y liderazgo servicial para todas las autoridades públicas. Estos programas deberían enfocarse en el desarrollo de la humildad, el respeto por la diversidad de opiniones, y la gestión efectiva de críticas. Además, es crucial establecer mecanismos de rendición de cuentas que promuevan la transparencia y el diálogo abierto.
¿Cómo podemos esperar que nuestras comunidades florezcan si quienes las lideran se rigen por la soberbia y el desdén? Es hora de fomentar una cultura de liderazgo que valore la humildad y la colaboración, no solo como la esencia de un servicio público efectivo, sino como el camino hacia una sociedad más comprensiva y unida. ¿Estaremos dispuestos a hacer el cambio?




