Por Arlindo Luciano Guillermo

EL CRÍTICO LITERARIO MANUEL BAQUERIZO

Por Arlindo Luciano Guillermo

Es un privilegio haber sido amigo e interlocutor de un sabio en literatura. Leo con pasión y obsesión a dos grandes escritores vivos cuyas muertes, algún día, me dolerán profundamente: Mario Vargas Llosa y Samuel Cárdich. Lo conocí en Huancayo, me recibió hospitalariamente en su casa, me mostró su impresionante biblioteca en el segundo piso, charlamos y me preguntaba por la literatura que se escribía en Huánuco. Le hablé de “los tres en raya”: Samuel Cárdich, Andrés Cloud y Mario Malpartida. Poco después, en la revista Expresión Regional, que dirigía Rubén Valdez Alvarado, publicó artículos sobre Samuel Cárdich y Andrés Cloud. 

Presentamos Expresión Regional con el apoyo del periodista Ricardo Bullón Matos y la concurrencia de intelectuales y escritores huancaínos. Años después le hice, en presencia de Rubén Valdez y Samuel Cárdich, en el café Ortiz, una memorable entrevista. Allí dijo que Huánuco es uno de los “focos literarios” más activos del Perú. Por él conocí a Tulio Mora, Nicolás Matayoshi, Sergio Castillo y Sandro Bossio Suárez. Con ellos tomamos café; la literatura y la amistad eran los ejes de la conversación. Es el crítico literario, erudito y amable superlativo: Manuel Jesús Baquerizo Baldeón (1929-2002). No dejó un libro orgánico publicado; de él leímos artículos, estudios y ensayos literarios que aparecían en diarios y revistas. En Expresión Regional publicó tres artículos: dos sobre Cárdich y uno sobre Cloud. ¿Por qué no escribió sobre Mario Malpartida?  Lo  escuché decir que él era un “escritor limeño, no andino”.     

Hace ocho años (en 2015) se publicó el libro Desdoblando el paisaje. Proceso de la literatura desde el mundo andino peruano (Edit. Arteidea. Págs. 345). Es la recopilación de los textos críticos de Manuel Baquerizo Baldeón, hecha por Jesús Cabel. Consta de 39 artículos y ensayos literarios que aparecieron en revistas de prestigio de Lima, Huancayo y Huánuco entre 1954 y 2001. El artículo “La nueva narración peruana” (Págs. 35-39), que se refiere a la narrativa de Carlos Eduardo Zavaleta, fue publicada en Letras Peruanas. Revista de Humanidades (1954) que dirigía Jorge Pucinelli; los ensayos “Serafín del Mar, precursor de la literatura social en el Perú” (Págs. 54-71) y “Las Scherezadas. Cuentistas peruanas contemporáneas” (Págs. 162-199), en Proceso (1977) y Ciudad Letrada (2001) respectivamente. La temática del libro no es coherente con el título que hace referencia al “mundo andino”. Mezcla a Cárdich, Serafín del Mar, Laura Riesco, Óscar Colchado y Julián Huanay con Emilio Choy, Manuel González Prada, Javier Sologuren, Rocío Silva Santiesteban y Javier Heraud. Es un libro disímil, sin criterio taxonómico riguroso; se ha juntado de todo para admirar el talento y el enjuiciamiento del texto literario desde la perspectiva de un crítico sabueso y zahorí, lector sereno y prudente con la opinión. En el prólogo el compilador dice: “…Manuel J. Baquerizo era consciente del rol que desempeñaba como crítico literario, primero desde El Comercio y luego desde las diferentes revistas que dirigió o animó a fundarse” (Pág. 12).  

Manuel Baquerizo fue un atento y minucioso lector de la literatura escrita por “los tres en raya”. Publicó en la revista Expresión Regional tres artículos literarios. Precisamente en el libro que comentamos se publican dos de Samuel Cárdich: “Samuel Cárdich y la nueva narrativa andina” (Pág. 88-94) y “La poesía de Samuel Cárdich” (Pág. 319-323) ¿Por qué no se publicó el artículo sobre Andrés Cloud que se refería a Usted comadre debe acordarse? Supongo que Jesús Cabel no consiguió ni tuvo acceso a la revista Expresión Regional. El primer artículo versa sobre el primer libro de cuentos de Samuel Cárdich: Malos tiempos (1986). Dice Baquerizo: “Cárdich incorpora en sus cuentos la subjetividad del hombre contemporáneo y se mueve en la pura subconsciencia de los personajes”. (…) …los conflictos en los relatos de Cárdich son más sicológicos que sociales. Esto lo acerca -sin que lo copie, imite o siquiera lo advierta- a Faulkner, Onetti y Rulfo, más que a Guy de Maupassant o López Albújar” (Pág. 88-89).  En el segundo artículo aborda la poesía de Cárdich desde Hora de silencio y De claro a oscuro, en los que incide más, hasta Último tramo y Blanco de hospital. Dice Baquerizo: “Creo que, por primera vez, tenemos en la región central a un poeta que hace de la palabra el objeto privilegiado de su creación. En su escritura lírica y narrativa hay siempre una voluntad de expresión y belleza que va más allá de la comunicación en sí. Lejos estamos del mero cronista o del versificador ampuloso y sensiblero. Cárdich es un artista de la palabra que tiene conciencia plena de su oficio, que él asume con una vocación abrazadora, como si fuera un rito” (Pág. 319). 

Efectivamente, lo escuché decir, en las tertulias en Huancayo y en el café Ortiz, que Samuel Cárdich, a quien le tenía mucha estima y aprecio, es magnífico y poderoso poeta. ¿Por qué omitió leer y comentar sobre la literatura anterior a “los tres en raya”? No estuvo en su agenda Amarilis, Adalberto Varallanos, Graciela Briceño, Esteban Pavletich, Virgilio López Calderón o Miguel de la Mata. En 1968 se publicó la obra literaria escrita de Adalberto Varallanos, con el título de Permanencia, con un extraordinario prólogo (que releo sin fatiga) de Esteban Pavleltich. ¿Conoció este libro de Manuel Baquerizo? ¿Qué actitud lo mantuvo distante e indiferente de la literatura huanuqueña?  

Manuel Baquerizo fue un notable crítico literario, atento lector de la literatura de provincias y difusor de libros de escritores noveles y aquellos que mostraban talento y trascendencia en su escritura. Cuando le expuse mis crisis existenciales y las razones para tomar radicales decisiones, me miró y dijo: “Usted no es Arguedas. Dedíquese a leer más y verá que la vida tiene un propósito”. Le entregué unos poemas escritos en mi heroica Olivetti. A finales de los 90 escribía y leía como un desahuciado, un loco compulsivo, que solo vivía para leer y escribir. Manuel Baquerizo fue un animador literario, ejercía el periodismo cultural, supo desempeñar con sensatez, objetividad, justicia, sabiduría y erudición la crítica literaria. No incurría en la lisonja ni en el falso ni interesado encumbramiento de un libro o escritor. Su crítica literaria es de cobertura integral que comprende la estética, el proceso literario, el marco histórico-social, el lenguaje y la estilística. ¿Cuántos años más hay que esperar para que nazca o aparezca en el Perú un crítico literario de la estatura de Manuel Baquerizo? 

Cuando supe que había fallecido, hace 20 años, preferí ignorarlo y mantenerlo en mi memoria como si estuviera eternamente vivo. Él me salvó de morir de una bronconeumonía fulminante en Huancayo, adonde había viajado para recibir un premio de poesía que compartí con la poeta y dramaturga María Teresa Zúñiga.